Juan Darío Lara Contreras: el “chino” que la vida convirtió en periodista

Por Guillermo Romero Salamanca. Tomado del CPB – 

Es el hombre del millón y más historias. De una u otra forma, buena parte de las noticias que se originaron en 50 años del siglo pasado, estuvieron presentes en la vida de Juan Darío Lara Contreras, socio del CPB, el periodista de prensa y radio, el jefe de redacción, el hiperactivo con las preguntas, el hombre inquieto por la información, el conquistador, el bohemio, pero defensor a capa y espada de la profesión de la verdad: el Periodismo.

Tiene una memoria de la más moderna computadora, posee la capacidad de pensar en seis cosas al mismo tiempo, inteligente para resolver problemas, analista de primera mano y apasionado por la noticia.

Nació en La Mesa, Cundinamarca, se crio en Apulo, creció en Facatativá, vive en Bogotá, anduvo por las principales ciudades del mundo, recorrió a Colombia y ahora, descansa en Ricaurte –tierra templada y con la brisa del río Magdalena– del ejercicio de 45 años de vida profesional en diferentes medios de comunicación.

No ha perdido la costumbre por tener la información del momento. Prende el radio a las 5 de la mañana, luego se levanta a caminar, enciende el computador, deambula de un lado a otro, analiza documentos, revisa normas, compara leyes, dialoga con los colegas sobre la situación actual del país, duerme a ratos, vuelve a leer noticias, sube y baja escaleras, va de compras, pregunta acá y allá con porteros, vecinos, amigos por cualquier acontecimiento.

–¿Ha ido a la piscina de su conjunto residencial?

–Nunca. No he tenido tiempo.

EL CHINO DE LOS TABACOS

Estudiaba en el Colegio Camilo Torres de Bogotá y tendría unos 12 años cuando le manifestó un día a don Leopoldo, su padre, su deseo de trabajar para ganarse unos pesitos. Al día siguiente salieron de su casa en el barrio 7 de agosto, muy temprano, a la avenida Jiménez con cuarta donde quedaban tanto la dirección del Partido Liberal como la sede de El Espectador. Don Leopoldo tenía allí muchos amigos, entre ellos, a don Gabriel Cano y a su hijo, don Guillermo Cano, quien los saludó efusivamente.

–Don Gabriel, le dijo don Leopoldo, este joven quiere trabajar.

–Claro, le contestó don Gabriel y de inmediato ordenó que le hicieran un carné como “auxiliar de redacción”.

–¿Sabe cómo devolverse para la casa?, le preguntó don Leopoldo mientras le daba unos 20 centavos para el transporte y para alguna merienda.

—Usted tranquilo, yo pregunto, le contestó el muchacho.

Y comenzó así una vida en un mundo misterioso, lleno de tinta, historias, personajes, pero, sobre todo, noticias de la vida nacional.

Al rato, se le acercó Darío Bautista, el redactor económico y le inquirió con el consabido término cachaco: “chino, ¿usted quiere ser periodista?”.

–Pues deseo aprender.

–Ah bueno, entonces vaya y cómprele los tabacos a don Guillermo. Así hemos comenzado todos.

Y así se convirtió en el “chino” de la redacción. Era un auxiliar de redacción que hacía los mandados, llevaba documentos de una oficina a otra, cuando salía a la calle miraba extasiado el paso de la caravana que encabezaba el general Gustavo Rojas Pinilla, mandatario en ese momento de Colombia, debía llevar las cuartillas a la oficina de censura del gobierno, al lado del Palacio de San Carlos y esperar a que las revisaran, pero sobre todo, escuchaba historias de periodistas como José Salgar, Mike Forero, Germán Pinzón, Luis de Castro, Guillermo García, Álvaro Monroy y a doña Inés de Montaño. A veces iba a la redacción un joven costeño que escribía sus notas y se marchaba.  Casi nunca intercambió palabras con el “chino” ni con sus compañeros de redacción. Años más tarde supo que se trataba de Gabriel García Márquez.

Así pasaba sus días, descubriendo el centro de Bogotá, leyendo periódicos, untándose de tinta cuando bajaba a la rotativa para tomar cafecito con los operarios, observar a los linotipistas, escuchar a la gente de la calle, hacer amigos desde lustrabotas hasta ministros, todos por igual.

Un día, don Guillermo Cano, lo llamó y le dio una orden:

–Oiga chino, ha llegado una delegación de indígenas guambianos que vienen desde el Cauca y piden hablar con el presidente. Vaya y los entrevista, pregúnteles qué quieren, por qué vinieron hasta Bogotá, cuáles son sus problemas y si es verdad que aún los azotan y les quitan las tierras.

Juan Darío, medio asustado, se le midió a su primera entrevista. Los visitantes le contaron cómo vivían y cómo habían sido despojados de sus propiedades. Aprendió a usar la libreta de apuntes y rato después se sentó ante la máquina de escribir, a redactar. Sudaba de la angustia, pero hizo, en forma de crónica los sucesos relatados aquella mañana. Le llevó su escrito a don Guillermo, quien la leyó atentamente y le comentó: “Esto hay que cambiarlo, ponga esto acá y esto allá, suba este párrafo, quite este, añada lo que le dijeron sobre los cultivos, redacte más cosas sobre la visita…” y le devolvió las cuartillas.

El novel comunicador atendió todas las indicaciones y cuando terminó se dirigió a donde don Guillermo, quien pacientemente, leyó el escrito y le dijo: “chino, esto quedó mal, vuelva y hágalo” y le devolvió los papeles.

Cuatro veces hizo la tarea y no quedaba bien. Se entristeció. Se fue para el baño y se puso a llorar. La situación la observaron tanto José Salgar, jefe de redacción y Darío Bautista, el prestigioso periodista de asuntos económicos, quienes lo animaron diciéndole: “chino, a nosotros nos pasó lo mismo, tranquilo. Además, usted tiene al mejor maestro del periodismo que hay en Colombia”.

Se secó las lágrimas y regresó a tomar las teclas. Don Guillermo le recibió el nuevo documento y no le dijo nada. Al día siguiente, apareció la nota titulada: “Guambianos exigen hablar con el presidente de la República” y abajo, el nombre de Juan Darío Lara.

Don Leopoldo lo felicitó y durante el día, Juan Darío Lara les mostró el escrito a todos sus amigos y conocidos. Poco tiempo después le enseñaron a manejar los primeros equipos de radiofoto que llegarían al país. Aún le resuena el pitico que hacían cuando giraba el rodillo. “Ese invento transformó la fotografía. Yo recibí la primera foto a color. Era un paisaje de la selva brasilera”, cuenta ahora.

Luego lo pasaron al departamento de radio, donde con una grabadora Ampex-600 y escribía a máquina las informaciones de los corresponsales de todo el país. “Era el famoso 01 de Telecom y me llamaban de Barranquilla, Medellín, Cali y me daban datos, cifras, mensajes que organizaba antes de pasarlos a la jefatura de redacción”. Fueron sus primeros acercamientos a las grandes noticias regionales del país.

“Yo estaba contento en mi cuartico, cuando un día llegó Mike Forero Nougués q.e.p.d y me dijo: “chino, se va a cubrir La vuelta ciclística de Cundinamarca”.

–¿Y qué tengo que hacer?, le preguntó Juan Darío Lara.

–Usted va, se presenta ante el director de la carrera, le dice que va de El Espectador y envía los datos de quiénes ganaron las metas volantes, la montaña, la etapa y demás hechos que ocurran en la carrera.

Fueron ocho días de reportería cumpliéndole al Periodismo.

–Como me fue bien, entonces ya me mandaban a cubrir partidos de fútbol, conferencias, charlas y mis primeras ruedas de prensa.

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Con Darío Arizmendi y Óscar Domínguez

ATENCIÓN FIRRR

Era tal su amistad con los operarios y periodistas del El Espectador que una vez en cuando iba a libar a las cantinas del centro de Bogotá. Un día se incrementaron las atenciones etílicas y partió para su residencia. Ya era bien de noche. Se subió a un bus y el sueño lo dominó por completo.

Luego de 130 kilómetros de recorrido, despertó confundido. No conocía el lugar y hacía calor. Le preguntó a un soldado sobre dónde estaba. “En Garagoa, Boyacá, le contestó” y de una vez le indagó: “¿cuántos años tiene?” y el pichón de periodista respondió: “Voy a cumplir 18”. Ese día estaban haciendo recogida en los municipios de Boyacá para llevar los jóvenes para prestar el servicio militar. “Entonces se queda joven”, le refunfuñó el militar.

Era la primera vez que visitaba Garagoa y fue también la última. No lo podía creer y mientras le pasaba la resaca lo fueron transportando hasta su nueva residencia en Armenia: el batallón de ingenieros Cisneros.

En la parada en Bogotá llamó a sus compañeros del periódico y les pidieron que avisaran a su mamá, doña María Luisa que lo llevaban para prestar el servicio militar. Con su familia no tuvo contacto sino días después de la rapada de cabeza, beber el quino podio –el purgante que le daban a los reclutas–, usar el uniforme y aprender a marchar.

El padre del periodista, al enterarse, visitó al ministro de Gobierno de la época, don Alberto Zuleta Ángel, quien escuchó la historia y se comprometió con hablar con el ministro de Guerra del momento. En efecto, a los pocos días llegó la orden al Batallón Cisneros que el soldado Lara Conteras Juan Darío debía presentarse en el Distrito de Reclutamiento número 1 en Bogotá. Pidiendo plata prestada entre sus compañeros y oficiales, viajó de Armenia a Bogotá que le costó 700 pesos y se presentó donde un coronel, quien, después de pegarle el regaño más grande de su vida por traficar influencias de ministros, solicitar intervención del ministro, a regañadientes le entregó el documento de reservista.

A su regreso a El Espectador fue trasladado al departamento de archivo. En el Ejército aprendió dos cosas: caminar presuroso y a responder. Se volvió altanero, perdió la timidez por completo y en el primer alegato que tuvo en el periódico con su jefe de archivo, lo echaron.

Enterado del asunto, don Guillermo, su padre putativo en el Periodismo lo recomendó para que laborara en El Siglo. Allí don Arturo Abello y Álvaro Gómez Hurtado se encargaron de pulir al diamante en ciernes.

“No he conocido a una persona más decente, más inteligente, más capaz, con un don de gentes impresionante como el doctor Álvaro Gómez Hurtado. Él llegaba al periódico y saludaba desde la señora de los tintos, los linotipistas, el portero, el gerente y a cada uno de los periodistas con un apretón de manos. Nos comentaba sobre las noticias del día y se marchaba”, relata ahora Juan Darío mientras toma algo de jugo para aliviar la garganta.

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Juan Darío Lara, Jaime Biana, Amparo Pérez, Yolián Londoño y Fernando Barrero Chávez con Fidel Castro.

RUMBO AL ÉXITO

En las tardecitas las tertulias estaban acompañadas de anécdotas con personajes del periodismo como Alberto Giraldo, Jaime Villamil, Javier Ayala, Guillermo Tribín Piedrahita, Mario Acosta, entre otros, quienes eran las estrellas de El Siglo.

Guillermo Tribín, director de deportes le puso como misión cubrir la Vuelta a Colombia. Le tocó acompañar la primera carrera internacional del ciclismo que partió de san Cristóbal, Venezuela, hallando la colaboración en esa disciplina de expertos como Carlos Arturo Rueda y Alberto Piedrahita Pacheco, los mejores narradores de RCN, empresa que años más tarde laboraría con Alfonso Castellanos y Manuel Prado, en el noticiero Actualidades RCN.

Había quedado atrás el trabajo de el “chino” y ahora era el joven Lara. Gracias a sus fuentes de alta fidelidad, su forma para desenvolverse al preguntar, su presteza para escribir, su rapidez para resolver problemas su nombre se fue inscribiendo entre la reportería nacional.

Por eso lo llamaron con un excelente sueldo de la época a trabajar como Jefe de Redacción en el Noticiero Todelar de Colombia. Era una nómina de primera categoría: Alberto Acosta, Alberto Giraldo, Antonio Pardo García, Gabriel Cuartas Franco, Jorge Enrique Pulido – mi amigazo del alma–, Jaime Zamora Marín, Martha Montoya, Álvaro Rodríguez, Harada de San Martín, Olga Behar, Rafael y Eduardo Eslava, Yolián Londoño y Óscar Domínguez.

Los locutores eran Eduardo Aponte Rodríguez, Manolo Villareal y Andrés Salcedo, entre otros.

“Nos llevábamos siempre el primer lugar de sintonía y nos tocaron los sucesos de las elecciones de 1970 en las cuales ganó Gustavo Rojas Pinilla, pero que el gobierno de Carlos Lleras Restrepo se las dejó a Misael Pastrana Borrero. Fue algo bochornoso”, rememora ahora.

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Con el expresidente Ernesto Samper Pizano

“A las ocho de la noche, Carlos Lleras Restrepo ordenó el toque de queda ante una enardecida población que exigía el triunfo de Rojas Pinilla, pero al día siguiente amanecimos con Misael Pastrana Borrero como presidente y eso originó la creación del M-19, ampliamente recordado en el país, entre otras cosas por las tomas de la Embajada de la República Dominicana y el Palacio de Justicia”, cuenta con tristeza el experimentado periodista.

El jefe de redacción, el chino del pasado, cruzó la frontera de la información deportiva y político, para ingresar a la disciplina del sector económico, con su llegada a La República con el grupo de periodistas de la talla de Abelardo Londoño Marín, Ignacio Becerra, Darío Hoyos, Gabriel Ortiz, Javier Ayala, William Giraldo, Octavio Quintero, Darío Restrepo y Fernando Barrero Chávez, entre otros. Cubría los ministerios respectivos, el Banco de la República, la Junta Monetaria, reuniones de las distintas federaciones y gremios económicos, además de conferencias internacionales del Fondo Monetario, Banco Mundial, Banco Interamericano de Washington y el Congreso Mundial Cafetero de Londres, por citar algunos.

Por las tardes el encuentro de comunicadores era en el café “Automático” donde charlaban con la intelectualidad del país y organizaba las notas para los próximos noticieros.

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De izquierda a derecha:  José María López, “Pepón” ; Orlando Cadavid Correa, Carlos Murcia, el ex presidente Lleras Restrepo, Juan Darío Lara y Gabriel Gutiérrez, entre otros asistentes a un cóctel en la residencia  del ex mandatario liberal.  

Comenzó su periplo por Nueva York, París, Londres, Washington, Miami, Madrid, Centroamérica, la guerra de Nicaragua, el restablecimiento de las relaciones de Colombia con Cuba –entre Alfonso López Michelsen y Fidel Castro– elecciones presidenciales de Chile con Salvador Allende, en Argentina con la caída de Juan Domingo Perón y la transición en España de Francisco Franco a la democracia.

Un día lo llamaron Alberto Giraldo y la familia Pava Camelo para que dirigiera el noticiero de Radio Súper. “Yo estaba asustado porque asumir la dirección de un noticiero no era fácil. Me dieron la autonomía para organizar la nómina a mi gusto. Tenían como lector a Cristóbal Américo Rivera, pero lo dejaron y les acomodé a Eduardo Aponte Rodríguez. Recuerdo con especial cariño a Óscar Domínguez, quien después sería director de Colprensa”, relata mientras refresca su ronca voz.

Meses después, su gran amigo, Yamid Amat, director de Caracol lo invitó a un almuerzo y le dijo: “quiero que te vincules a Caracol y me puso en contacto con don Diego Fernando Londoño, a la sazón gerente de la cadena, él me preguntó: ¿Cuánto quiere de sueldo? Yo, la verdad, no sabía qué pedir y le manifesté tímidamente: ¿Cuánto me ofrecen? Y pensé en el triple de lo devengado en Súper. Cuando le comentó, de inmediato lo aceptó”.

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Foto: Ruben Castañeda. Caracol de la 19 máster central en el programa 6am 9 am con los maestros Yamid Amat, Alfonso Castellanos, Julio Sánchez Cristo,Juan Darío Lara,Jorge Rincón, Fernando Calderón España, Jairo Velasco y Rubén Alfonso Castañeda por allá en el 80s.

Llegó como coordinador general del Sistema Informativo conocido como Cuarto de Hora Caracol que imponía Yamid Amat, director en ese momento del recién lanzado 6 a.m. 9.a.m.

“Mi tiempo en Caracol Radio fue donde pude desarrollar toda mi capacidad periodística. Fueron miles de noticias, informes, entrevistas, crónicas y trabajos de investigación los que pasaron por mis manos, o mejor, por mis oídos. Recuerdo que nos llevaron al Mundial de Fútbol 1982 a España y allí con Yamid originamos un noticiero con informes desde distintas ciudades de Europa. Fue tal el éxito que los directivos de Caracol nos dieron un mes de vacaciones. Con 6 a.m. 9 a.m. y ese equipo conformado por personalidades como Yamid, Alfonso Castellanos, Julio Nieto Bernal, Antonio Pardo García, Juan Gossaín, Javier Ayala y Juan Harvey Caicedo se marcó toda una historia del periodismo nacional”.

“Compartí en el periodismo una maravillosa vida con profesionales extraordinarios como Julio Sánchez Cristo, Alberto Casas, Orlando Cadavid Correa, Daladier Osorio, Guillermo Rodríguez, William Giraldo, José Ramón Núñez, Darío Hoyos, Iader Giraldo, Álvaro Pardo, Arnaldo Valencia, Guillermo Franco Fonseca, Carlos Ruiz, Darío Arizmendi, Olga Behar, Amparo Pérez, Amparo Peláez, Cecilia Orozco, María Isabel Rueda, Margarita Vidal, Gabriel Gutiérrez, Germán Santamaría, Ricardo Peláez Duque, Héctor Mora, Ovidio Piter Charria, Ariel Cabrera, Esperanza Rico, Luis Enrique Rodríguez, Martha Elizabeth Camargo, Yanelda Jaimes, Lilia Plazas, José María Bolaños, Javier Baena, Sammy Jalil, Édgar Artunduaga, Jairo Corredor, Fabio Callejas y otro montón que no caben en esta nota”, comenta.

“Agradezco también la oportunidad que me dieron instituciones como la Universidad de La Sabana, Javeriana, Externado, Los Andes, Inpahu, Los Libertadores y la Escuela Superior de Guerra para expresar mis opiniones en clases y conferencias a sus alumnos”, relata emocionado.

Su vida es una novela de la mejor profesión del mundo. Disfrutó como nadie cada uno de los días de su carrera. Tuvo los mejores profesores, envidiables compañeros y es una enciclopedia de un millón de historias y la forma de mostrar un talento y olfato para la información. Eso sí, con letras de molde: Juan Darío Lara tiene una gran virtud: es amigo de sus amigos.

Juan Daría Lara Contreras ha ganado varios premios de Periodismo CPB y Simón Bolívar. Casado con doña Betty Caicedo de Lara, hace 56 años y sus hijos son Darío Lara Caicedo, ingeniero de sistemas que vive en Estados Unidos, Sandra Patricia Lara, odontóloga y María Fernanda Lara, Médica Veterinaria.

JUAN DARÍO EN FRASES

* Hay varias lecciones de vida que aprendí durante el ejercicio de 45 años en los diferentes medios que estuve –más en prensa y radio y algo en televisión – todos dejan enseñanzas. Hay inteligentes, ingenuos, audaces.

* Nací a mediados del siglo pasado y me tocó avanzar lentamente en ese mercado que era pequeño y competido. Casi todos nos conocíamos. Dialogábamos sobre hechos y sobre nuestras vidas. Nos conformábamos con los salarios y luego nos dimos cuenta que, cuanto más se figuraba por conocimientos, el trabajo costaba más y se podía exigir. Algo parecido a lo de hoy. Lo que ocurre es que hoy, ya no se trabaja con y por esa mística, sino por plata, por horas y en varias partes para sostener un rol de vida. Antes había exclusividad de medio y sin horas extras y menos transporte para ir a cubrir la noticia… Hoy si no hay eso, no hay interés.

* Antes se competía por la noticia. El periodista no se contentaba con una declaración o una rueda de prensa, sino que investigaba, era creativo.

* El periodismo es una conducta de vida. Cuestiona todo. No “tragar entero” lo que le dice la fuente, por poderosa que sea, sin mentir, para evitar la difamación. Todo debe ser documentado, porque al cuestionar a quienes ostentan ese poder transitorio, denunciar sus abusos, preguntar siempre el por qué y lo más importante: hacer seguimiento a los hechos que son como fantasmas. Hoy están y mañana desaparecen por otro. Y así va quedando en el olvido y por eso, sus autores abusan, incurren en injusticias, en arbitrariedades que buscan tapar con la efímera autoridad, para que precluyan. Y hay prestigiosos abogados y jueces que defienden personajes o apellidos dilatando audiencias por la laxitud de la justicia.

* Por eso, el periodista no debe ser débil, sino darse licencia y mostrar que también puede denunciar para que se apliquen justicia, que, lamentablemente es laxa.

* Las redes sociales son la realidad entre la verdad y la mentira y pocos pueden discernir. Hay quienes las manejan responsablemente y terminan convirtiéndose en el periodista.

* El periodista debe retirarse a tiempo. Si fue ordenado y organizado sin dejar de hacer una vida social, y participar de esa actividad hasta los 70, después es un estorbo y debe dar paso a la nueva generación.

* El Periodismo de hoy tiene una gran falla: Se limita a mencionar la localidad, pero no el barrio ni la dirección, como si todos conocieran la ciudad.

* Se requiere un círculo de periodistas como real institución gremial, fuerte, que defienda la actividad laboral de los profesionales, huérfanos por su falta de representatividad y reconocimiento ante los empresarios de los medios. Recuperar su prestigio y aglutinar a los periodistas que han surgido en este siglo en prensa, radio, televisión, internet para salir del ostracismo en que se halla el CPB, otrora consultor de gobiernos e instituciones para evitar su desaparición, ya que sólo se le recuerda los 9 de febrero de cada año por unos premios, que con gran esfuerzo se entregan en ceremonia de reconocimiento a una misión informativa, a la que asisten personajes que desconocen la institución, por falta de una gestión y acercamiento más cercano a sus periodistas que son la materia prima.

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