Por Édgard Hozzman

Hubo un tiempo en el cual la gente se despertaba cuando comenzaba a escuchar los cánticos de los gallos.
Los clásicos despertadores con su interminable tic tac el que se acentuaba a medida que la noche avanzaba, con sus números fosforescentes el redondo reloj coronado con dos campanas las que sujetaban el asa en forma de puente, eran utensilios obligados en las mesas de noche.

Resultado de imagen para despertador

Para detener el sonido, es necesario apretar un botón o manivela. Algunos se detienen automáticamente después de algunos minutos. Foto Seiko.

Estos trastos tenían dos cuerdas: una para el mecanismo del reloj y el otro para activar la alarma. A mediados del siglo veinte los despertadores eran indispensables para cualquier hogar, rural u urbano en Colombia y en el mundo. Sus interminables tintineos anunciaban la llegada de un nuevo día con sus angustias y compromisos.
Levi Hutchins, un relojero de Concord New Hampshire tenía como lema “el que madruga Dios le ayuda”. A sus 26 años se caracterizó por su responsabilidad con sus obligaciones laborales, por lo que se había propuesto levantarse a las 4 de la mañana no importando la estación del año, sin embargo, sufría cuando se le pegaban las cobijas y llegaba tarde a su trabajo. Le ocurría más a menudo en el otoño y el invierno, lapso de largas y frías noches. En la primavera y el verano el sol lo despertaban como a la mayoría de quienes habitaron esta dimensión hasta 1787 cuando el responsable mecánico ideó un mecanismo para que un reloj lo despertara a la hora deseada.
Agregó ingeniosamente un piñón a su horario deseado. Al llegar a las 4 am, por ejemplo, lo liberara y de inmediato una barrita gestionaba una alarma de campanas que sonaban estruendosamente y, claro, lo despertaban porque la duración del ruido era de varios segundos. Desde entonces la puntualidad de los madrugadores y la producción se beneficiaron. Hoy las alarmas están en teléfonos, relojes, mecánicos y electrónicos, computadores y tabletas.
Hutchins, no se preocupó por patentar el despertador el que se comenzó a fabricar en todo el mundo, murió a los 94 años sin haber recibido un centavo por su invento.