Por Édgard Hozzman y Guillermo Romero Salamanca

 

Hay un nuevo Festival vallenato Valledupar. Hasta las turbinas de los aviones que aterrizan en el aeropuerto Alfonso López parecieran tener esos ritmos. Por las calles de la capital del Cesar, no se oye otra cosa que los nuevos sonidos de los competidores, se hacen apuestas y se habla del tema.

Durante muchos años fue el epicentro de las empresas discográficas. Era una contienda por acaparar a los mejores cantantes, compositores y hasta acordeoneros. También mostraba una ocasión para dialogar con programadores, directores y periodistas del Caribe que llegaban a la ciudad. Los hoteles Vajamar y Sicarare recibían a las estrellas del momento y en la plaza Alfonso López se escuchaban a los competidores. El sitio obligado para almorzar era donde “La bella”, donde se saboreaban los platos autóctonos de la región.

Cada vez que se viaja a la ciudad del buen queso costeño, de las grosellas, el agua de coco y el mango exquisito, se escuchaba el tema “Valledupar”, compuesto por el maestro Andrés Salcedo.

La compuse en Bogotá en 1963. Acababa de venirme de Valledupar, donde pasé un año inolvidable y quería retribuir con una canción tanto cariño que recibí en esa ciudad, que entonces era un pequeño pueblo del departamento del Magdalena. La primera grabación de ese tema la hizo la orquesta de Lucho Bermúdez y luego la hizo El Súper Combo los Tropicales, después lo grabaron Los Hermanos Martelo con Juan Piña, Doris Salas y Poncho Zuleta, entre otros”, rememoraba después el maestro Andrés.

“Valledupar edénico lugar, que brilla bajo el cielo de la tierra mía, el corazón no puede soportar, el tremendo dolor que da tu lejanía. Valledupar el corazón confía, a tus paisajes volver algún día, Valledupar coqueta y vanidosa, yo volveré para cortar tus rosas”, escribió magistralmente Andrés Salcedo, el más grande narrador y comentarista deportivo que ha tenido Colombia.

Es un gran melómano. “Mi gran ídolo se llama Benny Moré. No ha habido ni creo que habrá ningún cantante que se le aproxime siquiera como expresión del sentimiento musical latinoamericano”, comenta el maestro Andrés.

“Como consumidor de música soy ecléctico. Hay momentos en que la mente, el espíritu y hasta el cuerpo me piden música clásica. Fui un amante del rock, sobre todo del que se hizo en Inglaterra en los setenta. Me encanta el afrocubano, la salsa, el porro –que es el jazz de Colombia–, el vallenato, el tango, el bolero, el flamenco, el jazz y la música de Brasil. Bueno, también depende de con qué persona esté”, agrega.

Cuando el maestro Andrés Salcedo vivió en Valledupar era el municipio más tranquilo de la costa Atlántica y no existía siquiera el Festival Vallenato, certamen que fue creado por el primer gobernador del César, Alfonso López Michelsen con un grupo de personalidades de la ciudad.

Andrés Salcedo llegó a Valledupar para trabajar en Radio Guatapurí y después, como buen gitano que ha sido, comenzó un periplo que lo ha llevado a estar al frente de los micrófonos de cadenas nacionales e internacionales.

En los años setenta y ochenta, antes de comenzar las películas en los cines, presentaban unos cortos noticieros de Telemach. Los goles eran narrados de una manera magistral y los asistentes de esas salas soltábamos al unísono a las novias para aplaudir cada anotación.

Eran narraciones magistrales. Era diferente a las que estábamos acostumbrados a escuchar, lejos de la gritería, de trilladas y malogradas frases como “mucho toque toque y de aquello nada” o de “hoy no me esperen en la casa”.

Andrés Salcedo infundía respeto, hacía pausas, leía el libreto como si fuera una partitura deportiva, lanzaba apuntes enriquecedores y expresaba con literatura los pases, las gambetas y las anotaciones. Nunca “infló” la red ni “paró” el tiempo en los 45.

Apasionado por el deporte. Sintonizado en el deporte. Investigador. Pausado al hablar. Níveo en sus juzgamientos. Excelso en sus entrevistas. Recursivo en sus producciones y amante de la buena música.

Admirador de Cruiff, “porque su fútbol fue la simbiosis perfecta del fútbol europeo y el latino. O, dicho de otro modo, él ha sido el más latino de los futbolistas europeos”.

Gratos recuerdos tiene el maestro Andrés de su paso por Valledupar, ciudad que volvió a visitar en el 2016 y que encontró un cambio total. Le hicieron un recibimiento con placas, condecoraciones y con expresiones de cariño que le hicieron humedecer las mejillas a este trotamundos de la comunicación.

Cada lugar lo ha vivido con extrema delicadeza y con pasión. Su paso por Alemania, por ejemplo, fue lo mejor en su vida profesional. “Esa experiencia le dio otra dimensión a mi oficio, le aportó rigor y profundidad. Y me dejó grandes enseñanzas. Allí aprendí a dominar el trabajo delante y detrás de cámaras, perfeccioné mi escritura, me convertí en traductor y alcancé altos índices de popularidad en todos los países de América Latina. ¿Qué más se puede pedir?”.

Aunque fueron 23 años en Alemania, el cubrimiento de 8 mundiales de Fútbol, tres juegos Olímpicos, vueltas ciclísticas, numerosas estaciones de radio, anécdotas con los grandes deportistas, su paso como gerente de TeleCaribe, sus libros, sus charlas, Andrés, en época de Festival Vallenato recuerda su paso por allí y vuelve a cantar: “Valledupar edénico lugar, que brilla bajo el cielo de la tierra mía, el corazón no puede soportar, el tremendo dolor que da tu lejanía. Valledupar el corazón confía, a tus paisajes volver algún día, Valledupar coqueta y vanidosa, yo volveré para cortar tus rosas”.