Por Guillermo Romero Salamanca

Hace frío y  Orlando Castiblanco escasamente ha dormido. A unos 20 metros una lata del techo es golpeada en forma insistente por el agua. Ha llovido desde las seis de la tarde. Se incorpora de la cama y busca el celular, le indica la hora: 3 y 13.

Niños reciben clases en la Institucion Hector Abad Hiniestroza

Está a orillas del río Atrato, una de las zonas más húmedas de Colombia. Por fortuna le han dejado un termo con café. De dos sorbos acaba con el contenido de la taza. Camina un rato por su cuarto y no hay otro camino: volver a la cama. Piensa en el avance del proyecto en el cual se ha comprometido: llevar agua potable a la Institución Educativa Héctor Abad Hinestroza en el Chocó, gracias al apoyo de la Embajada de Japón y que le dará agua potable a una comunidad de 850 niños.

Durante varios años Orlando viene trabajando en el proyecto de la Fundación para el Desarrollo Humano en Colombia, Fundesarh, con un grupo de profesionales en diferentes áreas para llevar agua potable a las escuelas del departamento.

Institución Educativa Hector Abad Hinestroza. Choco

Ha sido un camino largo, buscando los recursos para iniciar, pero encontraron en la embajada del Japón el respaldo suficiente. Ellos aprobaron lo que sería la planta piloto que permitirá mostrar  a otros organismos internacionales el proyecto de llevar agua potable y de esta manera conseguir los recursos para extenderlo a más de 125 mil niños, en etapa escolar, en el Chocó.

Les dolía la situación. En el Chocó es donde más llueve, sin embargo, el agua no es potable y en muchas partes no se hace el debido tratamiento para el consumo humano. En su trabajo de campo evidenciaron que las personas almacenan el agua lluvia en recipientes sin tratamiento sanitario, ni manejo especial. Encontraron también que las cuencas hídricas de esta región están contaminadas con mercurio y que por esta razón se tienen casos en población infantil que han fallecido por esta causa.

Preparación de la plata de tratamiento de la Institución Educativa Hector Abad Hinestroza

En esta madrugada, mientras aparece el sol, Orlando vuelve a leer la carta que le envió María Isabel Palomeque Palacios, coordinadora de Formación de El Sena, donde les asigna a dos instructores para el acompañamiento de charlas educativas en salud y en medio ambiente.

Además de construir el sistema de purificación compuesto por filtros de arena, carbón activado, mecanismos de micro filtración, rayos UV y dosificador, con la capacidad de procesar y almacenar agua apta para el consumo humano, es necesario dar charlas, socializar la tarea, hablar con los niños, buscar otros recursos como pintar los salones.

Muchas instituciones y empresas  privadas se han unido al proyecto, la fábrica de pinturas PINTULAND, Clean Energy Resources SAS, Cerex Energy Group SAS, Corporación Montañas ORG, el SENA, la Secretaría de Educación Departamental, la propia alcaldía del Atrato, entidades internacionales como la Acnur, OCHA, Corporación Infancia y Desarrollo, entre otras.

Amanece y Orlando comienza a escuchar y ver exóticas aves como el Martín pescador verde, churrinches, suiriríes, azulejos y guacos.

El primer café de la mañana lo toma con los trabajadores de la obra que han estado puntuales para iniciar labores.

Orlando, en sus tertulias obligadas bajo las carpas aprende miles de historias de este territorio fascinante. Ha tomado centenares de fotos donde se vislumbran los amaneceres grises, los atardeceres de miles de colores, aves en el cielo, la exuberante vegetación y las sonrisas de los niños en la institución.

Le fascina escucharles cantar sus abozaos, currulaos, jotas, contradanzas y makerule.

La lluvia hoy no es tan fuerte como la de ayer y así se puede continuar: pronto tendrá su sueño y beberá el primer sorbo de agua potable.