Contraplano. Cuando ‘argos’ ingresó a la Academia

Por Orlando Cadavid  Correa (ocadavidcorrea@gmail.com)

Hace casi cuatro décadas, cuando formábamos parte del equipo fundador de la agencia Colprensa, tuvimos el privilegio de entrevistar al eximio crítico gramatical Roberto Cadavid Misas, “Argos”, a propósito del buen suceso de su ingreso a la Academia Colombiana de la Lengua, ocurrido el 21 de noviembre de 1983.

Su hijo homónimo –ingeniero civil como él– nos acaba de sorprender gratamente con el recorte de prensa de aquel episodio, que hoy compartimos con los lectores del Contraplano.

BOGOTÁ (Colprensa). Para Roberto Cadavid Misas, “Argos”, su ingreso a la Academia Colombiana de la Lengua, como miembro correspondiente, “no supone ser un viejito sentado en una mullida silla”, sino la adquisición de un compromiso para ayudar a trabajar en briosas cruzadas en defensa del idioma.

El pertinaz cazador de gazapos, que abandonó hace seis años la ingeniería civil (la ejerció durante más de ocho lustros) y se constituyó en uno de los columnistas más leídos de la prensa colombiana, protocolizó este lunes, en Bogotá, su vinculación a la benemérita institución.

“Argos” puso en manos de sus compañeros de corporación un original trabajo, titulado “El lenguaje de las exageraciones paisas”, que tiene unas sesenta páginas y una alta dosis del humor que caracteriza a las gentes de Antioquia, Caldas, Risaralda, Quindío y una amplia zona del norte del Valle del Cauca.
Según Cadavid Misas, “ningún otro conglomerado colombiano tiene esa propiedad de exagerar en la forma como lo hacemos los paisas”.

Y expresa a renglón seguido: “Me parece mucha gracia que me hayan nombrado para eso (la Academia), porque yo no tengo méritos”.

Después hace una afirmación a la que nadie puede dar credibilidad: “Yo soy un aficionado al idioma”.

Colprensa le pregunta qué se propone hacer en la Academia de la Lengua,  y responde sin vacilaciones: “Procuraré ayudar a trabajar, a no ser un viejito sentado en una silla”.
“Continuaré con la labor que vengo haciendo en la prensa (en El Colombiano, de Medellín, y en “El Espectador”, de Bogotá) y en lo que pueda ayudarles en las tareas que me impongan en la Academia”, advierte el ameno columnista, autor de una divertida versión paisa de la Sagrada Biblia.
Para demostrar que no puede sustraerse a la manía paisa de exagerarlo todo, asegura que “nací hace más de 80 años en Andes, Antioquia”.

“Argos” pasó la infancia en Jericó y la adolescencia en Medellín. Se doctoró en ingeniería civil en la Escuela de Minas de la capital de la Montaña.  Ejerció esa profesión durante 41 años, y lleva 6 años trabajando en la prensa. “Pero (advierte) yo no soy periodista”. Su despegue ocurrió en el diario “Occidente” de Cali, asociado a Colprensa. Por iniciativa de Rodrigo Pareja Montoya, que en 1977 era jefe de redacción de la oficina de “El Espectador” en Medellín, se vinculó al diario de la familia Cano Isaza, y después a “El Mundo”, de la Bella Villa, para quedarse, finalmente, en el diario fundado por don Fidel Cano.

El autor de “Gazapera” y de “El Sanalejo” reparte la semana entre Bogotá y Medellín, y pasa más días en el valle del Aburrá que en el altiplano. En las dos plazas dio gran entidad a la función de corrector de estilo de los periódicos, que muchos años se miró con injustificable indiferencia en todas las redacciones periodísticas.

La apostilla: Al gocetas “Argos”, a la fuerza, hubo que convencerlo entre sus hermanas y sus hijos para que aceptara, después de la ceremonia en la Academia de la Lengua, un cariñoso homenaje en familia, en Bogotá. Él hizo personalmente las invitaciones a unos pocos amigos “a “tomarnos una aguadepanela”.

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