CUANDO CHARLES LINDBERGH ALBOROTÓ A BOGOTÁ

Por Guillermo Romero Salamanca

Hacia las 3 de la tarde del 27 de enero de 1928 los bogotanos miraron hacia el cielo ante el ruido que producía el “Spirit of St. Louis” un pequeño avión que cruzaba el horizonte y que luego de varios sobrevuelos aterrizaría en una improvisada pista en Madrid.

El piloto y único pasajero era el famoso Charles Lindbergh. La población del país ascendía a 7.851.110 habitantes, aún no había llegado la radio y la gente se informaba con los medios impresos y la diversión consistía en ver las obras teatrales y en la exhibición de las primeras películas en blanco y negro y sin sonido.

La llegada de este personaje conmocionaba al país y a la pequeña capital de la República.

Cuenta en su libro “Otro cóndor sobre Los Andes” el escritor Gustavo Arias De Greiff que el ídolo conocido con los apodos de ‘Necio volador’, ‘Lucky Lindy’, ‘Charlie Darling’ o ‘Águila solitaria’, había llegado a Cartagena el 26 de enero de 1928, bordeando la costa desde Colón, Panamá. “Cuando el “Espíritu de San Luis” fue avistado, un cañonazo disparado desde uno de los baluartes de la ciudad anunció la llegada. Al día siguiente, poco después de las 9:00 de la mañana, Lindbergh despegó hacia Bogotá, en vuelo directo”.

“Los telegrafistas de las poblaciones –agrega el escritor– por donde iba volando informaban a los periódicos: “A las 10:20 pasó sobre Sincé y 30 minutos más tarde, sobrevoló Caimito; a la 1:25 cruzó Puerto Berrío, a las 2:10 lo vieron sobre Yacopí y a las 2:40 sobre Zipacón. A las 3:00 ¡por fin en Bogotá!”.

Charles Lindbergh junto a su “Espiritu de San Luis”. Foto You Tube

Pero el “Espíritu de San Luis”, realmente no llegó a Bogotá. Sobrevoló a lo largo de la carrera séptima, antes de aterrizar en el aeródromo de Madrid, Cundinamarca.

El héroe fue objeto de numerosos agasajos, incluyendo un baile en el Jockey Club y el 28, una ceremonia para imponerle la Orden de Boyacá, por parte del presidente Miguel Abadía Méndez.

La gente salía a las calles, los caballeros se quitaban los sombreros cuando lo divisaban y las señoras se engalanaron con sus mejores perchas. Fue todo un evento social.

Al otro día, después de varios canelazos arrancó para Caracas y se llevó las sonrisas de bellas damas de la sociedad bogotana.

El hombre no caminaba, volaba. Era, en esos momentos, el personaje más popular del momento. Era un tipo genial o como dirían las damas “chirriado”.

DE LA FAMA A LA OSCURIDAD

Hijo de una familia de inmigrantes suecos a los Estados Unidos, Charles nació el 4 de febrero de 1902 en Detroit. Su padre era un hombre obsesionado por la política –que se opuso al ingreso de la Unión Americana en la Primera Guerra Mundial y luego fuera congresista– y de una profesora de Química.

Era la época de la industrialización del mundo. Las conversaciones en clubes y bares giraban sobre las máquinas y sus avances. En periódicos y revistas se hablaba cada día de los nuevos avances. Y Charles Augustus armaba y desbarataba motores. Quizá por ello ingresó a estudiar Ingeniería mecánica, pero la verdad le atraían más los aviones.

Charles Lindbergh.
Otro vuelo histórico. “El Espíritu de San Luis” despegó desde el Bolling Field de Washington, D.C., a las 12:25 p.m., hora del este del día 13 de diciembre de 1927 y llegó el día siguiente a los llanos de Balbuena, en la Ciudad de México, el 14 de diciembre, a las 3:40 p.m., haciendo un total de 27 horas y quince minutos; con varias escalas técnicas. Foto You Tube.

El 1 de abril de 1922 hizo su primer vuelo como acompañante y poco tiempo después compró su propio avión. Le puso un nombre femenino y curioso: Jenny, en homenaje a una jovencilla de la época de sus juveniles años.

En 1919, en una comida, el francés Raymond B. Orteig, dueño de un hotel en Nueva York ofreció un premio de 25 mil dólares para el primer piloto que realizara un vuelo entre esa ciudad y París.

Charles Augustus se alistó en 1927 y pidió su todavía estaba en pie la oferta y entonces preparó su avión llamado como “El espíritu de San Luis” y lo acondicionó para la jornada. Atravesar el Atlántico era una proeza. Podría caer y desaparecer en medio de la travesía. El 20 de mayo de 1927 despegó de Ling Islanda y duró 33 horas y 32 minutos cruzando la inmensidad de agua y aterrizó en un aeropuerto cercano a la ciudad Luz.

El regreso lo hizo desde Londres y cuando llegó, debió esconderse en un vehículo y hacerse pasar por mujer. Era la locura.

Y ni qué decir cuando llegó a Nueva York. Sus fans le arrojaron 1.800 toneladas de papel picado, serpentinas, confetis, directorios telefónicos y agendas. Superó incluso a los héroes de la Primera Guerra Mundial.

Era tal la odisea de este nuevo Cristóbal Colón que cuando iba a un restaurante, la gente se peleaba después por las servilletas que había usado y hasta los huesos chupados de los pollos que había consumido, eran perseguidos por los coleccionistas.

Su día triste fue cuando secuestraron a su hijo. La noticia se hizo mundial el 1 de marzo de 1932. La policía mundial estuvo alerta por este hecho y las informaciones de los medios de comunicación del momento alertaban sobre cada hecho. Dos meses después el cadáver del pequeño fue encontrado y el mundo se estremeció.

Luego, tras una visita a Alemania se declaró absoluto seguidor de Hitler, de su política antisemita y de la aplicación generalizada de la eugenesia, lo que hizo que su imagen pública se resquebrajara, sobre todo tras la entrada de Estados Unidos en la guerra.

Quiso ser presidente de Estados Unidos y de haber ganador, el mundo hubiera dado un vuelo catastrófico.

El 26 de agosto de 1974, un linfoma acabó con su vida. En el 2003, luego de conocer un resultado de una prueba genérica se supo que tuvo al menos 3 hijos extramatrimoniales en Alemania.

Poco a poco se conocerán más secretos de este controvertido personaje.

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