Por Guillermo Romero Salamanca

–¿Dónde queda Garagoa?, preguntó el acordeonista Jorge Hernández y fundador de Los Tigres del Norte.

–En Boyacá, es un municipio de buen clima, hermosos paisajes y preparan una gallina con guiso del otro mundo, le respondió el empresario artístico Raúl Campos.

Su trabajo para ese fin de semana del 2014 comprendía cantar el viernes 10 de octubre en Duitama, luego, al día siguiente, en Yopal y después, el 12, en Garagoa.

En el papel era fácil cumplir con esos compromisos, hasta vieron y midieron las distancias en mapas de internet.

En 1988 fueron acreedores al Premio Grammy, por su disco Gracias, América sin fronteras. Algunas de sus canciones más destacadas son «El niño y la boda», «La banda del carro rojo», «La mesa del rincón», «Golpes en el corazón» o «El jefe de jefes». Foto Los Tigres del Norte.

Si algo han hecho Los Tigres del Norte es trabajar. Son 50 años conociendo pueblos, veredas, municipios, ciudades y escenarios de todos los tamaños. Desde los desconocidos hasta los del Madison Square Garden o el estadio de México. Han actuado frente a mil personas y otras veces hasta 100 mil y más. El grupo es el más famoso intérprete de música norteña o tradicional mexicana y ha cruzado las fronteras hacia arriba hasta llegar al Canadá y al Sur hasta Chile y Argentina. Colombia les ha aceptado con alegría y en la última década por lo menos hacen unas seis grandes presentaciones por año. Han estado, de esta forma, en Bogotá, Soacha, Villavicencio, Girardot, Duitama, Yopal, Garagoa y para este año llevarán sus temas y su empresa a Villanueva, Casanare el viernes 2 de noviembre, al día siguiente estarán en Pitalito, Huila y el 4 en Pacho, Cundinamarca.

Hace 60 años, Jorge, el mayor de los Hernández convenció a sus hermanos Raúl y Hernán y a su primo Óscar para conformar una agrupación musical, cantar en tabernas, parques y restaurantes y así contribuir con las necesidades económicas de su familia. Se bautizaron como “Los Norteños de Chihuahua” y así trabajaron por más de 7 años hasta cuando fueron contratados para llevar sus canciones a San José en California. Un policía de frontera, al verlos tan jóvenes, les llamó como “pequeños tigrillos” y entonces se les iluminó un nuevo nombre: “Los Tigres del Norte” y comenzaron a rugir con sus canciones que cuentan historias de frontera, de amor, despecho, ilusiones y sueños.

Promoción de Los Tigres del Norte para su presentación en Garagoa, Boyacá. Foto YouTube.

En esa gira del 2014, en Garagoa el público estaba emocionado porque tendrían a la más grande agrupación norteña de todos los tiempos en la cancha de fútbol que se adecuó para este concierto. Durante meses escucharon las promociones invitándoles a asistir. Los locutores de la emisora hablaban todo el día de cómo sería ese concierto. Fueron necesarios seis camiones para llevar el sonido y la tarima, otros tres para las vallas, dos más la publicidad y una docena, para cargar la cerveza, porque este programa había que celebrarlo como merecía la presencia de Los jefes de Jefes.

“Soy el jefe de jefes señores/ me respetan a todos niveles/ y mi nombre y mi fotografía/ nunca van a mirar en papeles porque a mí el periodista me quiere /y si no mi amistad se la pierde…” se oía en Garagoa en tiendas y en pequeñas camionetas que promocionaban el evento.

Para muchos municipios de Colombia contar con la presencia de Los Tigres del Norte es el evento más importante en años, es la agrupación musical rítmica mexicana más solicitada y ha vendido más de 300 millones de copias de sus discos. Se calcula que han grabado unas 700 canciones, se han llevado varios Grammys y han roto récords de asistencia en diferentes espectáculos en México y Estados Unidos.

Garagoa es la capital de la provincia de Neira, al suroriente de Boyacá y en mapas está a 136 kilómetros de Bogotá y a unos 80 de Tunja

El 10 de octubre la presentación fue apoteósica en Duitama, de donde salieron para Yopal, vía aérea, sin ningún problema. Allí la gente gozó hasta avanzada la noche. En el mapa se indicaba que saldrían en un recorrido de unas 4 horas y media en un carro a velocidad moderada hacia Garagoa. La caravana comenzó su travesía desde la capital del Casanare. De un momento a otro, un aguacero inundó la carretera y los artistas iniciaron un inolvidable periplo. Pasaron por Aguazul, La Maporita y Llano grande. Trataban de dormir, de ver los paisajes, de estirar los pies, de hablar sobre las temperaturas o sobre cualquier tema, pero la tempestad les impedía descansar.

En Garagoa, desde las 4 de la tarde el locutor invitaba a la gente para que se fuera animando porque según le informaban, los integrantes del grupo más popular de México ya estaban en camino. Habló de Jorge, Hernán, Eduardo, Luis y Óscar, los integrantes del Grupo. Luego dio comienzo al programa con los artistas invitados.

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Garagoa es uno de los municipios más lindos de Boyacá. La palabra Garagoa deriva de la palabra chibcha «garagua», que significa, ga siervo del Cielo, ra allá y gua monte, es decir «siervos del sol detrás del cerro». Foto Wikipedia.org

En el camino, los artistas mexicanos con más visitas en YouTube, los que tienen una fundación para defender la música criolla de su país, que han luchado por los migrantes, que en Expo Guadalupe tocaron 12 horas continuas y que tienen una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, comenzaban a ponerse nerviosos. Un derrumbe taponó la vía y se estancaron. Además, la señal de celular comenzó a fallar y quedaron incomunicados.

¿Qué hacer?, se acercaba la noche y en Garagoa el animador ya no sabía qué decir, había nerviosismo por doquier y Los 50 de Joselito alargaron su espectáculo para tener tranquilas a las 20 mil personas que llenaban el estadio.

En la carretera, un parroquiano les dio una solución: seguir por una vía que los llevaría por la Peña del Infierno y salir así a La Esperanza. Entre todos votaron que siguieran esa ruta. Una hora después se dieron cuenta que no era una carretera, ni siquiera una trocha, era un arrume de piedras regadas unas sobre otras en un camino sin fin.

Una hora de golpes por abajo del carro los mantuvo despiertos, la oscuridad era total en aquellos cerros, de vez en cuando encontraban una casita que les decían que ya estaban cerca. Ya había pasado la media noche y no sabían dónde estaban. Las baterías de los teléfonos totalmente consumidas.

Para tranquilizarse hablaban de algunas de las 18 películas en las cuales han aparecido, de las historias de las canciones como “Cruz de marihuana”.

En Garagoa Raúl Campos no sabía qué hacer. Ya eran las dos de la mañana y no tenía noticias del grupo. Marque una y otra vez. ¿A quién preguntarle?, ¿Dónde estaban metidos? Para agregar la angustia, las autoridades civiles, militares, cívicas y uno que otro borrachito estaban ya más impacientes y la lluvia no amainaba.

Cuando Raúl Campos estaba al borde de un ataque al corazón, el todoterreno que los traía llegó al parque, le sonaban las ruedas, el capó, las persianas…Todo. Pérdida total.

Eran las 3 y 30 de la madrugada.

No importaba, al fin y al cabo, ya estaban allí y ellos, con sueño, cansados del viaje, se metieron al camerino que estaba acondicionado para ellos, tomaron café hirviendo, probaron la famosa gallina guisada algo y en minutos subieron a la tarima. El presentador, ya sin voz, sólo alcanzó a decir: “Acá están Los Tigres del Norte”.

“Hola…señor locutor/ si me hace un favor/ póngame una canción/ que no hable de amor/ quiero que sepa esa mujer/ que su adiós me dolió/ que me dio un gran dolor…” 

Y era un solo coro. Los habitantes de Garagoa, sin importar que lloviera, se gozaron esa presentación, habían olvidado las horas de espera y seguían cantando los éxitos.

Terminaba la larga noche de angustia de Los Tigres, los que cumplen en el 2018, 50 años de vida musical.

Eran las nueva y media de la mañana y Los Tigres del Norte, la leyenda, seguían en tarima.

El regreso fue por otra vía.

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Este año llevarán sus temas y su empresa a Villanueva, Casanare el viernes 2 de noviembre, el 3 estarán en Pitalito, Huila y el 4 en Pacho, Cundinamarca. Foto Los Tigres del Norte.