Por Guillermo Romero Salamanca

A las tres de la mañana, en Cogua, Cundinamarca, Luis Bolívar prende su camión Dodge, cargado con 1.200 bloques estructurales. Va con una tarea: llevar el material a una nueva construcción en Soacha. Debe, por lo tanto, atravesar toda la ciudad que a esa hora duerme o algunos inician su jornada laboral.

Un tinto y un pan en el sector de la Paz se convierten en su desayuno y luego de una pequeña revisión a la máquina, emprende el camino. Pasa por Cajicá, Chía, llega a Bogotá donde la vía comienza a tener problemas. Demasiados baches en el camino que pueden dañar los bloques. La ciudad aparentemente está en calma. Si es sábado, la operación se debe extremar en cuidados por la cantidad de borrachos que conducen a toda velocidad a esas horas de la mañana.

Cruzar por el “matadero” en el sector de “La Sevillana” es otra de las pesadillas. Los vehículos que transportan la carne se toman los carriles de la vía y originan el primer gran trancón de la mañana. Luego, al llegar al Terminal del Sur vuelve a disminuir la velocidad. Frente al cementerio El Apogeo, simplemente dice en tono burlón al ver el extenso terreno lleno de cruces y flores: “Aquí la gente se muere por venir acá” y suelta una tremenda carcajada.

Luis Bolívar entregando material a una familia de Soacha.

Foto1. Los empresarios Helmuth Klinge de Gredos y Luis Fernando Calle, de Tablegrres.

La tarea de Luis Bolívar se une a la de unos 300 camioneros que salen con material del Parque Minero Industrial de Cogua y unos 150 del sector de La Ruidosa de Nemocón.

“Nos gusta pasar a estas horas porque nos rinde, ahorramos combustible, llegamos temprano a las obras y después descansamos entre las 9 y 10 de la mañana cuando comienza la hora ambiental para camiones que hay en Bogotá”, agrega.

Ahora los cambios de horarios variarán porque en Chía también habrá restricciones a partir de las 8 de la mañana por la Avenida Pradilla.

Bogotá, según Camacol, tiene un millón de metros cuadrados en construcción de viviendas, centros comerciales, edificios y arreglos de parques, que requieren adoquín o ladrillo común. “Nosotros hacemos una labor callada, a veces nos ven tanto a los camiones como a nosotros llenos de polvillo, pero no saben de la cantidad de sueños que cumplimos”, dice Luis.

Y es claro: el sueño de las familias colombianas es tener una vivienda, mejorar las vías, tener parques y andenes en perfectas condiciones y para ello, 16 empresas ladrilleras de Cogua trabajan día a día.

Llevando un sueño a una familia de Yacopí

“Algunas personas, sin conocer, comentan que más ingeniería puede tener un ladrillo, pero se equivocan. Es necesario tener buenas arcillas, preparadas, analizadas químicamente, horneados con estrictas medidas que nos dan tanto el Ministerio de Minas y Energía, como también el Ministerio del Medio Ambiente, la supervisión de la CAR, de la propia alcaldía y de otras entidades. Un ladrillo debe durar muchos años, ser de excelente calidad y que tenga textura y color apropiados”, comenta el ingeniero Helmuth Klinge de Ladrillera Gredos.

“En los últimos años, la industria minera del país ha sido atacada por mal llamados ambientalistas que no analizan el trabajo minero, hay incertidumbre por culpa de las consultas mineras y la angustia de un nuevo gobierno nacional que pueda cambiar las reglas de juego que hemos adelantado. Estamos comprometidos con las normas de una Minería bien hecha y para ello, cada vez nos esforzamos en las normas laborales, legales, tributarias y de responsabilidad social”, manifiesta el empresario Luis Fernando Calle, de Ladrillera Tablegres.

Las empresas del Parque Minero Industrial montaron también la Fundación Ladrilleros de Cogua con la cual adelantan trabajos de Responsabilidad Social, atienden a varias escuelas, les imparten cursos a empleados y a vecinos del sector, en el 2017 sembraron mil árboles en el Páramo de Guerrero, con la supervisión de la Umata y la Alcaldía Municipal, adelantan programas de mejoramiento de vivienda, participan en el Día del Niño, del Profesor, del Campesino y en el Festival del Rodamente.

Edificiaciones hechas con ladrillo de Cogua

Además, construyen la nueva escuela de El Olivo, con una inversión de 1.300 millones de pesos.

De otra parte, las empresas Ovíndoli, Tablegres y Gredos conforman el Grupo Ladrillo Verde para ayudar a familias de escasos recursos en sectores de Ciudad Bolívar, Soacha y otros municipios de Cundinamarca.

“Tratamos de hacer lo mejor, de ayudar a Colombia desde nuestro sector y por ello, entre las tres empresas, hemos donado un millón de ladrillos, con los cuales se han mejorado más de mil viviendas, que han cambiado las tablas, las latas, las lonas por algo de material. Es una solución que ha beneficiado a más de 6 mil personas y eso nos orgullece”, comenta Bernardino Filauri de Ovíndoli.

Por eso dice Luis Bolívar, que “cuando pasa un camión con ladrillos, pasan muchos sueños, muchos esfuerzos y es una de las formas más nobles de llevar desarrollo a este país. Nosotros no llevamos meramente bloques, ayudamos a que haya hogares, alegría, paz, desarrollo, tranquilidad”.