Por Guillermo Romero Salamanca

“¿Qué diablos es eso?”, parecen preguntarse tanto Nicolás Maduro, su esposa Cilia Adela Gavidia Flores de Maduro, su equipo de militares y sus escoltas cuando apenas divisan la llegada de un dron, que explota a unos metros de la tarima donde se encontraba el mandatario, dando soluciones a la grave crisis económica, por la que cruza Venezuela y que llegará al millón por ciento de inflación este año.

Minutos después de las dos explosiones, los sabuesos de inteligencia militar descubrieron que se trataba de un ataque con drones, esos vehículos aéreos no tripulados que se han convertido en un verdadero problema para su legislación por sus usos.

Si la idea de volar nació de la leyenda de Ícaro –el hijo del arquitecto Dédalo y de la esclava Náucrate, mujer sin tocaya—lo cierto es que controlar aeronaves sin piloto o tripulación es también antigua.

Por allá en julio de 1849 los austríacos armaron una flota de globos aerostáticos no tripulados con bombas y los aventaron luego contra Venecia, la de la catedral de San Marcos.

En Estados Unidos don Samuel Pierpont Langley, que era un astrónomo, físico, inventor del balómetro y pionero de la aviación creó unos avioncillos a vapor y les puso cámaras para tomar fotos encima del río Potomac, cerca de la capital de los Estados Unidos y así se desarrollaron las primeras fotografías de reconocimiento aéreo.

Pero quizá lo que contribuyó de forma impresionante fue el uso del mando a través del radio control. Gracias a la patente No. 613.809 todo cambió. El inquieto Nikola Tesla presentó en Nueva York un invento en el cual venía laborando desde hacía meses. Armó un estanque nada menos que en el Madison Squere Garden y puso allí un barquito, de esos con los que jugaban los chiquillos de 1898 y desde una esquina, a través de un control con ondas hertzianas logró que se moviera. Fue todo un espectáculo.

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Drones comerciales. Foto www.todrone.com

La Primera Guerra Mundial abrió miles de posibilidades a los drones. Servían para espiar los movimientos del enemigo, en el posterior encuentro universal se emplearon para atacar directamente. Esos drones cargaban hasta bombas de 300 kilos. Luego en la famosa Guerra Fría, se metían en territorios de los contrincantes para tomar fotos o analizar empresas y después se ha empleado en mil usos, hasta para celosos que espían a sus novias.

 

 

En la Segunda Guerra Mundial los pilotos cargaban aviones con mayor peso en las bombas y cuando estaban cerca de su objetivo, simplemente se lanzaban en paracaídas y guiaban a sus aviones a control remoto posteriormente. En teoría era fácil. El Instructor les daba la lección en papelógrafos o en tableros negros con tiza de cal blanca, pero otra cosa era estar subido de un aparato, volando a más de mil pies, saltar y comenzar a manejar el control remoto.

En esos juegos de guerra falleció en 1944 de esta manera Joseph Fitzgeral Kennedy, el hermano mayor del futuro presidente de los Estados Unidos, John y de Robert, el fiscal, cuando piloteaba un “dron” y explotó en Inglaterra.

Esa maldita confrontación mundial militar dejó un saldo de más de 80 mil tripulantes y la caída de más de 40 mil aviones, entones los genios militares comenzaron a trabajar en técnicas para perfeccionarlos y en la famosa Guerra de Vietnam, los drones ejercieron un papel muy importante en el ataque aéreo. Les llamaron como “las luciérnagas” y vigilaron el sudeste de Asia por más de diez años.

En la guerra de Afganistán los drones fueron usados sin medir consecuencias, simplemente se mandaban a operaciones en las montañas donde arrojaban toneladas de bombas. Uno de los drones detectó a Osaba Bin Laden, el cabecilla del grupo terrorista Al Qaeda.

La frontera entre Israel y Palestina es prácticamente vigilada por drones. El ejército israelí los usa para atacar ciertos objetivos con gran precisión.

Pero no todo ha sido militar, los drones se han empleado en el cine, la televisión y la fotografía aérea. En algunos sectores de la agricultura se emplean para sembrar cultivos, vigilar crecientes de ríos, inspeccionar erosiones o de manera deportiva y se consiguen desde los 200 mil pesos en muchos supermercados. No pesan más de diez kilos y no se necesita ser un gran experto en aeronáutica para manipularlos.

Esa tal vez sería la incertidumbre de Nicolás Maduro, su esposa y su séquito cuando vieron extrañados al cielo de Caracas, no sabían si les harían una foto o si le darían un buen susto.  Es posible que en estos días hable de los unmanned aerial vehicle que le enviaron sus enemigos.