Está a un calendario  la celebración de los 40 años de un episodio memorable que sacó a la calles de Bogotá a más de tres millones de personas atraídas por el polifacético comediante mejicano Roberto Gómez Bolaños, el popular “Chespirito”.

El caricato azteca –que traía en su equipaje los disfraces de “El Chavo” y  “El  Chapulín”– se vino para la llamada Atenas Suramericana con todo su elenco de estrellas, integrado por su segunda esposa, Florinda Meza;  Rubén Aguirre, el “Profesor Jirafales” o el “Maestro Longaniza”; Ramón  Valdés,  “Don Ramón”; Edgar Vivar, el “Señor Barriga” o  “Ñoño”; Carlos Villagrán, “Quico”;  María Antonieta de las Nieves, ”La Chilindrina”; Angelines Fernández, “Doña Clotilde” o  la “Bruja del 71”; Raúl “El Chato” Padilla,  más conocido como “Jaimito, el cartero”, y  Horacio Gómez, ”Godínez”, hermano de la figura principal del grupo.

Sucedió el 30 de agosto de 1981, en la Caminata de la solidaridad, convocada por doña Nidya Quintero, por entonces esposa del presidente de turno Julio César Turbay Ayala

Después de la apoteosis bogotana vivida entre la Plaza de Bolívar y el estadio El Campín y, tras el descanso reparador, los personajes emprendieron viaje de regreso a su México lindo y querido.

En la capital de su país, don Roberto y doña Florinda  escribieron a cuatro manos las memorias de su viaje a la capital colombiana:

“Histórico.  Por las calles de Bogotá se agolpa una multitud compuesta por  un número de personas que, según cálculos oficiales del gobierno colombiano, sobrepasa los tres millones. Inevitablemente, hay empujones, apretujones, desmayos, ataques de histeria. Todo como consecuencia del incontrolable afán de  contemplar  de  cerca  al ídolo,  de tocarlo, si  fuera posible.

Imagen de Colprensa tomada de Caracol Radio

Pero, ¿quién es el relevante personaje que provoca todo esto? ¿Un héroe nacional? ¿El campeón mundial de una disciplina deportiva? ¿El Santo  Padre?

No. En esta ocasión no es más que un niño pobre. ¡Mentira! Es un adulto disfrazado de niño pobre. De cualquier modo, se trata de El Chavo del  Ocho”.

Multitudinaria caminata en Bogotá

Este es, palabras menos, palabras más, el párrafo de entrada que el binomio matrimonial Gómez Meza se inventó para novelar un poco la pobreza infinita en la que vivió, en todos los capítulos,  la vecindad del muchachito que no tuvo infancia,  que era capaz de darlo todo por una torta de jamón.

Siete años después de su fallecimiento, ocurrido  en el país que tanto amó, sigue vigente en la televisión su frondoso repertorio. Lo mismo acontece en la mayoría de países latinoamericanos.

No nos molesta ver la repetición de capítulos y entremeses de ”El Chavo”, “El Chapulín”, “El doctor Chapatín”, “Chaparrón Bonaparte”, los caquitos “Chómpiras” y “El Botija”, así como las parodias de “El Gordo y el Flaco” y del inmortal Charles Chaplin.

Tampoco nos hemos olvidado, del inmenso repertorio de Gómez Bolaños, de personajes tan divertidos como “La Chimoltrufia”, “Lucas Tañeda”, “El Tangamandapiano”, y “Doña Florinda”, la de los despiadados sopapos propinados al sufrido padre de la perversa ”Chilindrina”.

La apostilla: Este segmento es tomado del libro “El diario del Chavo del Ocho”, de Roberto Gómez Bolaños, “Chespirito”:

“Si  alguna vez me sacara yo la lotería, lo primero que haría sería invitarme a comer.  Porque en esta vida lo más importante es comer, porque si no comes, te mueres. Y si te mueres, ¿a qué horas comes? Y si no vas a comer,  ¿para qué te mueres? Por eso es mejor comer que morirse…  La única vez que recibí tres alimentos al día fue cuando estuve hospitalizado… Casi muero de tristeza cuando me dieron de alta”…

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