EL DÍA QUE LA MADRE TERESA DE CALCUTA MANDÓ A TODOS A SUS CASAS

Por Guillermo Romero Salamanca

El 17 de octubre de 1979 le informaron a la Madre Teresa de Calcuta que recibiría el Premio Nobel de la Paz, por su ayuda a los pobres del mundo a quienes señalaba como encarnación de Jesús.

Agnes Gonxha Bojaxhiu nació el 26 de agosto de 1910, en Skopie, Macedonia, en una familia acomodada económicamente y a los 18 años ingresó a un convento y cambió su nombre por el de Teresa, en homenaje a santa Teresa de Lisieux. En 1950 la Santa Sede le dio permiso para fundar la Congregación de las Misioneras de la Caridad para dedicarse al cuidado de los pobres, los enfermos, los abandonados por sus familias y los moribundos.

Hoy la congregación cuenta con unas 4.500 religiosas, vestidas de Sari blanco y azul y tiene presencia en 153 países. Ayuda a refugiados, mujeres en situación de prostitución, enfermos mentales, infantes abandonados, leprosos, tuberculosos, víctimas del sida, adultos mayores y convalecientes.

Miles de anécdotas se han escrito sobre la vida de esta religiosa que dio ejemplo de caridad en el mundo.

David Van Biema, autor del libro “La Madre Teresa: La Vida y las Obras de una Santa Moderna”, dice que cuando era niña, “escribía poesía y tocaba la mandolina. Su familia recibía huérfanos y ella acompañaba a su madre cuando iba a atender a los necesitados”.

Emigró a la India para convertirse en monja a los 18 años, pero trabajó como maestra por 17 años antes de experimentar varias visiones y locuciones –comunicaciones verbales– de parte de Jesús. La experiencia, escribió su confesor en ese tiempo, fue “continua, profunda y violenta”.

Teresa, dice su biógrafo, redefinió el concepto de “trabajar con los pobres” en la época moderna. Ella sustituyó la palabra pobres con la frase: “los más pobres de los pobres”, una nueva categoría con su correspondiente imperativo moral.

Pero para la Madre Teresa de Calcuta no fue fácil sostener su fe en Dios.

En 2007 publicaron unas cartas privadas donde mostraron un sorprendente nuevo lado de Teresa: tuvo un periodo de 39 años que coincidía casi exactamente con su carrera de misionera en el que parecía que Jesús estaba ausente para ella, en sus oraciones, incluso, en la Eucaristía.

“El silencio y el vacío es tan grande”, escribió ella, “que busco y no encuentro, la lengua se mueve –en oración– pero no habla”.

A pesar de su deteriorado estado de salud, la Madre Teresa trabajó hasta el día de su muerte, el 5 de septiembre de 1997. En octubre de 2003, frente a más de 300.000 personas, fue beatificada por el Papa Juan Pablo II. En la Plaza de san Pedro, en el Vaticano, en la mañana del 4 de septiembre de 2016, el Papa Francisco la canonizó.

El 11 de diciembre de 1979, cuando recibió el Premio Nobel de la Paz, no sin antes excusarse de ir al banquete que ofrecían los organizadores y pedirles que el dinero del premio fuera destinado a los pobres de Calcuta pronunció un discurso que hizo llorar a más de un espectador.

Dijo, entre otras cosas sobre la situación de los pobres: “Jesús se vuelve el hambriento, el desnudo, el sin hogar, el enfermo, el prisionero, el solitario, el no querido, y dice: Ustedes me lo hicieron. Hambriento de nuestro amor, y este es el hambre de nuestra gente pobre. Este es el hambre que tú y yo debemos encontrar, puede estar en nuestro propio hogar”

Sobre los adultos mayores también tuvo sus palabras: “Yo nunca olvido una oportunidad que tuve visitando un hogar donde tenían a todos estos viejos padres y madres de hijos e hijas que sólo los habían puesto en una institución y tal vez olvidado. Y fui ahí, y vi que en ese hogar tenían todo, cosas hermosas, pero todos miraban hacia la puerta. Y yo no vi una sola sonrisa en sus rostros. Y volteé hacia la hermana y le pregunté ¿cómo puede ser?, ¿cómo puede ser que las personas que tienen todo aquí, miran hacia la puerta?, ¿por qué no sonríen? Estoy tan acostumbrada a ver una sonrisa en nuestra gente, incluso la sonrisa moribunda, y ella dijo: Esto es casi todos los días, ellos están esperando, están esperando que un hijo o hija venga a visitarlos”.

Santa Teresa de Calcuta (1980) / L’Osservatore Romano
“Como ese otro hombre a quien recogimos del desagüe, medio comido por gusanos, y al que llevamos a casa. He vivido como un animal en la calle, pero voy a morir como un ángel, amado y cuidado. Y fue maravilloso ver la grandeza de aquel hombre que podía hablar así, que podía morir así, sin culpar a nadie, sin maldecir a nadie, sin compararse con nadie. Como un ángel, esta es la grandeza de nuestra gente. Y es por eso por lo que creemos lo que Jesús había dicho: Yo tuve hambre, estaba desnudo, estaba en la calle – no fui deseado, no fui amado, nadie se ocupó de mí – y a mí me lo hicisteis”, dijo en su discurso en Oslo. Foto L’Osservatore Romano´.

Al referirse a los drogadictos dijo esa tarde: “Me sorprendió en el Occidente ver a tantos chicos y chicas jóvenes ceder ante las drogas, e intenté descubrir por qué- por qué es así, y la respuesta fue: porque no hay nadie en la familia para recibirlos. El padre y la madre están tan preocupados que no tienen tiempo”.

Fue clara al hablar sobre el aborto: “Estamos hablando de la paz. Estas son cosas que rompen la paz, pero siento que el mayor destructor de la paz hoy es el aborto, porque es una guerra directa, un asesinato directo por la madre misma”.

“Muchas personas están muy preocupadas por los niños en India, por los niños en África, donde muchos mueren, tal vez de desnutrición, de hambre y demás, pero millones están muriendo deliberadamente por la voluntad de la madre. Y ese es el mayor destructor de la paz hoy. Porque si una madre puede matar a su propio hijo- que falta para que yo te mate a ti y tú me mates a mi- no hay nada en el medio”.

“Los pobres –dijo en su discurso de 8 páginas– son gente maravillosa. Una noche salimos y recogimos a cuatro personas de la calle. Y uno de ellos estaba en terribles condiciones, y le dije a las Hermanas: Ustedes cuiden a los otros tres, yo cuidaré a este que se ve peor. Así que hice por ella todo lo que mi amor puede hacer. La puse en la cama, y había una sonrisa tan hermosa en su rostro. Ella tomó mi mano mientras me decía una sola palabra: Gracias –y murió.

“Hay tanto sufrimiento, tanto odio, tanta miseria, y con nuestras oraciones, con nuestro sacrificio comienza en casa. El amor comienza en casa, y no es que tanto hacemos, pero que tanto amor ponemos en las acciones que hacemos. Es a Dios todopoderoso –cuánto hacemos no importa, porque Él es infinito, pero cuanto amor ponemos en esa acción. ¿Cuánto hacemos por Él en la persona a la que estamos sirviendo?”, agregó la santa Teresa de Calcuta.

Cuando la Madre Teresa recibió el premio, se le preguntó: «¿Qué podemos hacer para promover la paz mundial?» y respondió «Vete a casa y ama a tu familia».

Nuestro Señor quiere que sea una monja libre cubierta con la pobreza de la cruz. Hoy aprendí una buena lección. La pobreza de esta gente debe ser algo muy difícil para ellos. Mientras buscaba por un hogar caminé y caminé hasta que mis brazos y piernas me dolieron. Pensé entonces qué tanto debía dolerles a ellos en su cuerpo y alma, buscando por un hogar, por comida y por tener salud. Entonces la comodidad de Loreto [su antigua orden] me sedujo. ‘Solo tienes que decir una palabra y todo será tuyo de nuevo’, me insistía el tentador … Por mi propia elección, mi Dios, y porque te amo, deseo permanecer y hacer lo que sea que tu Santa voluntad me pida. No dejé que una sola lágrima rodara, por su rostro”.


Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Mostrar Botones
Ocultar Botones