El Leonardo Favio que yo conocí

Por Edgard Hozzman

En 1967, Yamel Uribe bajista  pionero del Rock nacional, músico comprometido con el sonido vanguardista del Rock inglés y la música brasileña, me sorprendió con un álbum que le había regalado su novia: “Fuiste Mía un verano”.

A través de este LP, comencé a tener contacto con la obra de quien años más tarde sería mi amigo a quien acompañé en giras y como miembro del equipo de promoción y publicidad de Discos CBS, difundí y publicité su extensa obra musical.

A comienzos de los años setenta visitó por primera vez a Colombia contratado por el empresario Fabio Prieto. En Villavicencio sufrió accidente que le afectó su salud y estado de ánimo, lo que le obligó a suspender su agenda de actuaciones.

En los años 80 lo acompañé en las giras que realizó por Colombia y coordiné sus presentaciones en Televisión para El Show de las Estrellas, Espectaculares JES y el Show de Jimmy. Además de llevarlo a las entrevistas para los diferentes medios, escritos, hablados y audiovisuales.

Leonardo Favio  fue un artista, que con el paso del tiempo acrecentó su éxito y popularidad solidificando su imagen como cantautor y director de cine.

Como persona trascendental, leal, noble, talentosa y sensible.

Tuve la oportunidad de hablar con el de diferentes tópicos. Al indagarle por su devoción por Perón, me comentó: “es un líder que se debe a su pueblo, noble y leal a su causa un león”, a lo que le repliqué, un león es violento carnívoro. Sin dudarlo me respondió: “Perón es un león herbívoro”.

Leonardo era ágil y ordenado mentalmente.

La historia de cómo nacieron sus grandes éxitos era maravillosa, digna de una mente  de gran sensibilidad e imaginación como buen cineasta.

Al indagar por su inspiración me respondió, “mi origen sirio libanés es el manantial, estos son pueblos de poetas de gente de una extraordinaria sensibilidad artística”.

Lo custodié en parte del peregrinar por los escenarios y públicos más heterogéneos a los a que cautivaba con su lírica, sencilla pletórica en sensibilidad y ternura, tres generaciones de hispanoamericanos tienen como punto de convergencia la obra musical del cantautor mendocino.

Lo que muchos de sus admiradores no conocieron fue su faceta cinematográfica en la que prevaleció la estética  y la riqueza argumental, factores que contribuyeron a darle un toque muy personal y universal.

El 19 abril de 1987 estuvimos en el homenaje que le ofrecieron en el IV Festival de Cine de Bogotá, en el que exhibieron dos de sus grandes películas, “Juan Moreira” y “Nazareno Cruz y Lobo”.

Me sorprendía su humildad y generosidad con sus colegas, nunca le escuché una crítica adversa a otro cantante. Por lo contrario, hacía énfasis en sus virtudes, deteniéndose en anécdotas amables.

La última vez que nos vimos coincidimos en un aeropuerto internacional, siempre cálido, amable y generoso como amigo.

La última escala su exilio político lo vivió en Pereira y se sentía orgulloso que sus hijos tuvieran acento paisa y no argentino.

Lo anterior son pinceladas del recuerdo de un gran artista, que plasmó en su obra, sentimiento y la cotidianidad de su paso por esta dimensión, canciones que le dieron identidad y una relación inigualable con su público, el que encontró respuestas a sus necesidades, melódicas y poéticas en la obra de Leonardo Fabio.

ehozzman@yahoo.com

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