EL RODRIGO SILVA QUE YO CONOCÍ

XI -14-45 * Neiva  I-8-018+ Ibagué

Por Édgard Hozzman

Eduardo Cabas y el suscrito fuimos los productores y directores artísticos de Silva & Villalba. Me correspondió dirigir uno de los álbumes emblemáticos del dúo: “Brumas” con el que se conmemoran diez años de actividad profesional  en 1978.

Lo grabamos inaugurando el segundo estudio con una consola de 24 canales en Ingeson. Era el salón más moderno y con la última tecnología. Rodrigo le solicitó al gerente de Discos Philips Alfonso Escolar que ese disco se debería realizar utilizando los últimos adelantos tecnológicos en materia de sonido.  Por lo que Escolar me dio vía libre en tiempo y estudio.

Lograr un estéreo con un dúo es imposible, sin embargo utilicé micrófonos cruzados en voz, tiple y guitarra y se logró el objetivo un excelente sonido en la mezcla final.

Rodrigo era un hombre alegre, dicharachero, frentero y mamagallista. Uno de los mejores ejecutantes del tiple. Era consciente que este aparejo le daba personalidad e identidad a nuestro bello y rico folclore andino. Incansable investigador musical interpretaba varios instrumentos pero el golpe en el tiple era lo suyo. Fue un folclorista de tiempo completo y con su inspiración enriqueció el pentagrama  folclore andino.

En 1978, Silva y Villalba ganó el Festival XIV de Villavicencio con el pasillo “Que más quieres de mí”. La delegación para acompañarlo la integrábamos con Jorge Villamil y Eduardo Cabás.

Una anécdota de esta experiencia con la que Rodrigo me tomaba del pelo. Cuando pasé la cuanta de gastos, incluí unos recibos en los que aclaraba los hechos en la piscina del Hotel Meta. Alfonso Escolar,  gerente de Discos Philips, me llamó para que aclara estos recibos me dijo: “erda mijo te mandé a promocionar a Silva & Villalba no a que los bañaras”.

En 1981 hicimos una gira con “Los Chalchaleros” y Silva y Villalba por varias ciudades del país. Rodrigo era quien le ponía el toque de humor, imitando a Emeterio y tomando del pelo a quien daba papaya, era una persona amable, a la que le encantaba entonar rancheras muy al estilo de Jorge Negrete, cantante que admiraba e imitaba.

Los discos que produje para Silva y Villalba, les pedía que grabaran voces e instrumentos, pero en la mezcla llamaba al bajista español, Pepe García quien ponía el bajo electrónico por línea.

Cuando grabamos en estudio de cuatro canales, el ingeniero era David Ocampo, en el de 24, era José Vergara.

En la gira Rodrigo había comprado algunas mercancías en Cúcuta. Cuando llegamos a la aduana el agente nos decomisó lo poco que traíamos.  Le comenté a Rodrigo, fuimos a la oficina, cuando el funcionario reconoció a Rodrigo, nos ofreció excusas, aclarando que él y sus agentes aduaneros eran fanáticos de Silva & Villalba.

Llegaron a Discos Philips como finalistas de La Orquídea de Plata Philips en 1968 de la mano de Jaime Arturo Guerra Madrigal. En sus primeras grabaciones contaron con la colaboración del maestro, Manuel Jota Bernal, director musical de Discos Philips.

Otro álbum que trabajé con Rodrigo fue el que el hizo con Berenice Chávez en 1977. Este fue una locura de Rodrigo, no me permitió que incluyera el bajo electrónico, trajo un contrabajista huilense que no tenía experiencia en estudios de grabación.

A Rodrigo le encantaba experimentar. En el álbum que hicimos en homenaje a Garzón y Collazos se encaprichó en buscar un sonido similar a las grabaciones originales, además volvió a llamar al contrabajista. Cuando a Rodrigo se le metía algo en la cabeza había que dejarlo y remediar sus caprichos en las mezclas.

Las peleas de Rodrigo y Álvaro eran de antología, pelearon y se separaron más que los hermanos Zuleta. Estas disputas le preocupaban a Alfonso Escolar quien temía que la gallinita de los huevos de oro se le muriera a Discos Philips.

Álvaro era un músico serio y se dejaba sacar la piedra de Rodrigo, quien se lo gozaba. En los estudios de grabación volteaba la cara para que Álvaro no le leyera los labios cuando cantaban, esto sacaba de casillas a Villalba.

Álvaro Villalba era el guitarrista más fino y con mayor gusto para interpretar nuestro folclore. Eran dos grandes intérpretes. Eso fueron, Silva y Villalba.

Fueron, además,  los más grandes vendedores de música folclórica del interior.

Las dos últimas veces que coincidimos con Rodrigo fue en las casas del general Luis Eduardo Gilibert, amigo y  admirador y en la de Jairo Alonso Vargas, quien fue su amigo y contertulio como tomadores de pelo y cuenta chistes.

Partió uno de los grandes cultures de nuestra identidad cultural, con quien no se hizo justicia. Quienes lo conocimos y trabajamos con él, supimos de su talente y vocación. Gracias Rodrigo Silva por el legado musical que nos dejó, por su talento e inspiración.

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