Este genio español fue el inventor del “aire acondicionado” y el traje de buceo, entre otros

Eulogia Merle/FECYT

El navarro Jerónimo de Ayanz, nacido en 1553, puede ser considerado como el Leonardo da Vinci español; se le atribuyen 50 invenciones

La historia de la invención es caprichosa y muchas veces envía al rincón del olvido a personajes que deberían tener reservado un puesto de honor. En la sepultura de la indiferencia se encuentra uno de los mayores ingenieros de nuestra historia, un pionero en innovación que asombró a sus contemporáneos con las más diversas patentes.

El nombre de nuestro protagonista es Jerónimo de Ayanz y Beaumont. Nació en Navarra en 1553 y durante su infancia desempeñó un puesto muy codiciado en la corte, el de paje. No estaba al alcance de cualquiera y lo pudo conseguir gracias a que su padre era montero de Felipe II.

En San Lorenzo de El Escorial –a la sombra del monte Avantos– no tardó en sorprender a propios y extraños por su afilada inteligencia y un espíritu inquieto, destacando muy pronto en disciplinas tan dispares como el latín, la geometría, la aritmética, la astronomía o la música.

Alistado en los Tercios de Flandes

Posteriormente se alistó en el ejército español, sirviendo primero en Túnez y Lombardía, para finalmente recabar en los famosos Tercios de Flandes, en donde se decía que los hombres labraban su fama o cavaban su tumba.

A Jerónimo le pasó lo segundo. Regresó convertido en un verdadero héroe, con una prometedora carrera militar. Pero sus inquietudes eran otras. Gracias a la mediación de su tío –inquisidor en Murcia– se desposó con Blanca Dávalos Pagán, una joven perteneciente a una de las familias murcianas con mayor renombre y fortuna, lo cual le catapultó hacia puestos relevantes dentro de la administración.

No pasó mucho tiempo cuando regresó a la Corte, en esta ocasión como administrador general de minas, un cargo que le permitiría desempolvar su vocación tecnológica. Sabemos que visitó personalmente más de 500 explotaciones mineras, dando soluciones mecánicas a los problemas más variopintos.

«Aire acondicionado» y otros muchos inventos

Durante esta época diseñó una balanza de precisión, de la que se decía que era capaz de «pesar la pata de una mosca», un sifón capaz de drenar minas, una brújula para establecer la declinación magnética, una bomba hidráulica que achicaba agua de los barcos, bombas para el riego, molinos de rodillos metálicos y un horno de enorme eficiencia energética.

A pesar de todo, su gran aportación fue la invención de una máquina con una caldera esférica que se calentaba con un horno de leña y que producía vapor, el cual salía a gran velocidad por un orificio, generando el movimiento continuo de un fluido.

Imagino que más de un lector habrá reconocido que en este invento se esconde la máquina de vapor, «redescubierta» por el ingeniero escocés James Watt más de un siglo después.

La verdad es que Jerónimo no pretendía mover locomotoras con esta máquina, sino renovar el aire viciado de las minas, por lo que, siendo estrictos, lo que inventó realmente fue el primer aire acondicionado de la historia.

El primer equipo de buceo

Sin embargo, el invento que más fama le granjeó fue su equipo de buceo, el primero de la historia. Con él se sumergió en el río Pisuerga a comienzos de agosto del año 1602. Este acontecimiento, como era de esperar, congregó a muchos vallisoletanos, que expectantes contuvieron el aliento durante el tiempo que duró la inmersión.

Parece ser que fue el propio monarca –Felipe II– el que le pidió que regresara a la superficie después de más de una hora de zambullida. Cuando Jerónimo se entrevistó con el soberano le aseguró que habría continuado bajo el agua tanto tiempo como le permitiese «la frialdad de ella y el hambre».

Cuatro años después la Corona le concedió la paternidad de cincuenta invenciones, tras ser sometidas todas ellas a un minucioso examen por un equipo de expertos. Con todos estos logros el título de «Leonardo da Vinci español» está más que merecido.

Por: Pedro Gargantilla M.D.-Elmundoalinstante.com

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