Por Esteban Jaramillo Osorio

Junior mete miedo a sus rivales, por sus ambiciosos planes respaldados con sus movimientos en el mercado futbolero.

Ha relevado un alto porcentaje de sus fichas, con la renaciente ilusión de ganar un torneo internacional, que por años le ha sido esquivo.

Se ve invencible en el medio y alienta el optimismo emocionado de sus seguidores.

La llegada de Miguel Borja, ha disparado conjeturas y pronósticos respecto a los alcances del club en la competencia.

Se ven provocadoras sus inversiones ampliando la brecha entre clubes grandes y chicos.

Se excluyen América, el campeón, y Nacional, con sus bombazos publicitarios sobre incorporaciones.

Tolima es un ejemplo de sensatez en la inversión, con los pies sobre la tierra, con respeto a la relación costo-rendimiento.

Los mismo Once Caldas, Medellín y Cali. Envigado nunca traiciona su filosofía de formador y vendedor y conoce sus alcances.

Borja, para el medio, es mega-estrella. su asociación con Teo es a la vez atractiva y peligrosa.

Como complemento, serán letales en ataque.
Pero la búsqueda de títulos no solo es trabajo de estrellas solitarias, por influyentes que sean. Es labor de equipo.

Difícil siempre es gestionar un vestuario conde confluyen héroes y egos. La fama es un equívoco que sobrevalora, pero también atenaza y estrangula.

Los restantes equipos navegan entre limitaciones de mercado, ambiciones reducidas con la expectativa de que pueden, de alguna manera, lograr protagonismo. En ocasiones, salta la liebre.

No olvidemos que nadie gana sin jugar y que, al comienzo, todos son campeones.

Foto portada: Instagram oficial Alejandro Char

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