Por Édgar Hozzman

La cita era en lobby del Hotel Tequendama a las siete de la mañana. Allí la encontré muy puntual, sentadita como una colegiala esperando al novio. Este fue mi primer encuentro con la diva, quien me sorprendió con su belleza, amabilidad y sencillez.

Comenzamos a recorrer Colombia en junio de 1979 con un excelente elenco, El mariachi Vargas de Tecaticlán, Leo Dan y Amparito. En Medellín en una presentación en un estadero, me abordaron cuatro personajes:

–¿Cuánto cobra por una serenata con Amparo y el Mariachi?

–Ella no es serenatera, les contesté.

–¿Le estamos preguntando cuánto vale? Al patrón no le importa si es serenatera o no.

En ese momento intervino el experimentado empresario de Leo Dan, Carlos Bustelo, un argentino negociante, que les dijo para salir del enojoso momento: “Sí, la serenata vale 4000 dólares”.

Y para asombro de los dos, sacaron los dólares y pagaron.

Total: a dar la serenata que se convirtió en una presentación.

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En 1980, Amparo Grisales participó en la película “De Mujer a Mujer”. Foto YouTube

Amparito, sin ser la mejor cantante, trabajaba con propiedad y personalidad en el escenario. Se defendía, sus dotes histriónicos le daban autonomía ante el público y además el acompañamiento del Mariachi Vargas la proyectaba y respaldaba muy bien.

A nuestra llegada a Anserma, el hotel era de media estrella. La habitación se aseguraba por dentó con un palo cruzado, el baño era comunitario, incluyendo alberca, la suite fue para la estrella de la caravana artística, Leo Dan. Una habitación con lavamanos incluido. Amparito aceptó el cuarto de posada paisa sin ningún problema. Al otro día hizo el turno para acceder a la ducha de agua fría sin protestar por las incomodidades.

La presentación se realizó en una “Discoteca” que era fiel copia de los cafés bogotanos, los camerinos fueron improvisados en una bodega, no hubo protestas, ni malas actitudes de parte del elenco por las dificultades e improvisación. Amparito, siempre dispuesta a colaborar, con una sonrisa amable y natural.

Cuando la invité a dar una vuelta por Anserma accedió, paseo al que se nos unió Carlos Bustelo. Nos sentamos en la que cafetería más elegante en el marco de la plaza principal. Bustelo, nos comentó: “vamos a degustar el mejor café suave” y pidió tres tintos. Para nuestra sorpresa nos trajeron agua caliente y un frasco de café instantáneo a lo que argumentó el argentino: “esto es para Ripley, en la tierra del café y nos ofrecen café enlatado”. Amparo, comentó: “esto no pasa sino en mi bella tierra, pero tranquilos que esto se compone, cuándo no lo sé, pero se compone”.

A nuestra llegada a Manizales había una gran expectativa por la presentación de Amparo como cantante. Ella asumió su rol con personalidad y responsabilidad.

Su reto era cumplir con el contrato y terminar la gira. Lo logró y para desilusión de sus detractores, los comentarios de prensa fueron buenos, destacaron su profesionalismo, su actitud en escena y fue la estrella del tour.

Gracias a esta gira tuve la oportunidad de conocer a su familia, tener una buena amistad con su madre doña Delia, de sus hermanos Fernando y Patricia, a quien conocí como estudiante del liceo Palermo. Ella nos acompañó en parte de la gira y era la gran preocupación de Amparo, la cuidaba como si fuera su hija.

Esta gira me dio la oportunidad de conocer a una gran mujer, sencilla luchadora, encantadora preocupada por su familia, una profesional osada que se le media a lo que fuera, sin ninguna dificultad aceptó la responsabilidad de cubrir un reinado internacional como enviada de Cromos y lo hizo bien sin problemas.

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Portada de Cromos con Amparo Grisales en 1980 . Foto Cromos.

Con Amparo se cumple el axioma de Oscar Wilde: “Hablen bien y mal, pero hablen”. Ella no pasa desapercibida, sencillamente porque es una diva. Es la única que ha tenido Colombia. Amparito, bella, sexi y como persona siempre la recordaré como una artista sin ínfulas de estrella y libre de prejuicios.