Por Guillermo Romero Salamanca

Después de la construcción del Canal de Panamá, Colombia no emprendía un proyecto de infraestructura de esas dimensiones. En Panamá el reto era unir los océanos Pacífico y Atlántico, pero las guerras internas originadas por los grupos políticos, ocasionaron que el istmo se independizara y los Estados Unidos se quedaran administrando la vía.

Hidroituango es la construcción hidroeléctrica más grande de Colombia, aprovechando la corriente del Río Cauca entre Ituango y Puerto Valdivia. Desde 1960 comenzaron las conversaciones y los primeros estudios, pero los trabajos en realidad se comenzaron en el 2010.

Además de ser una rica región en flora y fauna, con un bosque tropical en peligro y por su ubicación estratégica para el desarrollo de la mega obra que de acuerdo con EPM contempla una inversión de 11.4 billones de pesos.

A pesar de un sinnúmero de irregularidades, el proyecto ha seguido adelante. Para los habitantes de los 12 municipios que abarca la obra también es el recuerdo de una región que ha sufrido la persecución y la guerra en los últimos 30 años.

La ONG Ríos Vivos alertó el 18 de febrero del 2014 a través de Caracol Radio que “aunque es un hito histórico para la ingeniería, la economía y el desarrollo del país, la desviación del río Cauca para iniciar la construcción de la presa de la Hidroeléctrica Ituango, tiene un costo sociocultural y ambiental”.

Isabel Cristina Zuleta, vocera de esa ONG en Antioquia, indicó en esa oportunidad que la primera gran pérdida es etnocultural y afecta a las comunidades aledañas, hay un impacto ambiental pues extensas zonas de bosques tropicales que fueron destruidas, muchas especies endémicas de Ituango están condenadas a migrar o desaparecer, muchos peces van a morir y no podrán ser rescatados, y también desaparecerán cientos de reservas de aguas subterráneas.

“A estas afectaciones se suma el hecho de que, para realizar la hidroeléctrica, la empresa deberá generar una inundación de 4.500 hectáreas de bosque seco tropical a lo largo de 70 kilómetros donde las comunidades han denunciado que se encuentras fosas comunes con por lo menos 2 mil cuerpos de personas desaparecidas”, manifestó la ONG Contagio Radio.

Según la ONG Ríos Vivos, en los 12 municipios que abarca la obra, durante el conflicto armado se presentaron 62 masacres que dejaron un total de 372 asesinatos distribuidas de la siguiente manera: Valdivia (6 masacres y 68 víctimas), Ituango (11 masacres y 71 víctimas), Yarumal (6 masacres y 38 víctimas), San Andrés de Cuerquia (5 masacres y 32 víctimas), Santa Fe de Antioquia (5 masacres y 23 víctimas), Briceño (5 masacres y 22 víctimas), Peque (4 masacres y 31 víctimas), Buriticá (5 masacres y 22 víctimas), Sabana Larga (4 masacres y 26 víctimas), Toledo (4 masacres y 23 víctimas) y Liborina (3 masacre y 19 víctimas).

Entre 1980 y 2014 ocurrieron en el país 2.552 masacres que dejaron un registro mínimo de víctimas mortales de 15.611 personas, 756 masacres en Antioquia que dejaron 4.593 personas muertas, según lo establece una base de datos del Observatorio de Restitución y Regulación de Derechos de Propiedad.

De las 756 masacres cometidas en Antioquia 415 fueron cometidas por grupos paramilitares, 137 por grupos no identificados, 127 por grupos guerrilleros, 26 por el Ejército Nacional, 13 por milicias y sicarios, 7 de por bandas criminales, 6 por Policía y 25 de las que restan fueron cometidas por dos o más grupos, según informó  El Colombiano el 22 de octubre del 2015.

De ser así, como ha dicho el Movimiento Ríos Vivos, sería una “Una verdad que podría quedar ahogada y enterrada por la represa Hidroituango. Fueron años de terror, de olvido del Estado, de ausencia de Justicia y ahora de angustia porque las grietas del alma aún no se han curado. Las del muro se pueden remediar”, comentan.