Los pitos envenenados.

Por Esteban Jaramillo Osorio.

Ganar, sobre todo. Se acentúan las quejas lacrimosas, por los disparates arbitrales en el futbol colombiano.  Cartas protesta se arruman en los archivos, ante la complacencia e ineptitud de quienes tienen “el pito a su mando”.

Común es que “te den hoy y te quiten mañana”, frase repetida con rutina, como si con ella se disfrazara el desastre. Difícil establecer si los silbatos fallan por inexperiencia, falta de capacitación, presión ambiental u ordenes superiores; por  mala intención, cobardía, ausencia de escrúpulos, escasez de autoridad, o desconocimiento. O por la frenética tendencia de las apuestas.

Para agravar la crisis, el presidente de Nacional, Juan David Pérez, hombre sereno y del futbol, perdiendo las formas y en procura de la satisfacción de los parciales energúmenos, fue a increpar al árbitro, video en mano, por un inexistente penal sancionado, minutos después de concluido el partido contra Tolima. Cuantas veces a su equipo, como a otros, le han regalado. No eran ni el momento ni el escenario, para el reclamo cuando hierve la sangre de los protagonistas. Entre tanto, el presidente de Dimayor anuncia profusamente la inminente contratación de jueces extranjeros, si en sus manos, cuando era el jefe del comité, el arbitraje no prosperó. En un mundo de sospechas, el juzgamiento futbolero corre la misma suerte que las cortes colombianas y sus miembros, donde se denuncian la corruptela, la complacencia al delito y la deliberada protección, contra la ley, a los amigos del poder.¿Acaso no son magistrados o ex magistrados, los componentes de los tribunales de Dimayor, el de arbitraje incluido?– 

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