Por Édgard Hozzman

Hubo una época en la cual mascar chicle tenía su misterio. Durante varios años era un objeto sensual con el cual se mandaban diversos mensajes entre los pretendientes.

Había maestros del saboreo que eran capaces de mantener en la punta de los labios un chicle y otros lo tenían en la boca y fumaban al mismo tiempo. Cuando hacían bocanadas que lanzaban al aire en forma de aros, empujaban por esos huecos de humo, los mascados cauchos.

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“La goma de mascar, comúnmente conocida como chicle, es una goma masticable con sabor dulce. Si bien la mayoría de las actuales utilizan una base de plástico neutro, también conocido como el acetato de polivinilo, o también la goma de xantano, hasta hace relativamente poco tiempo se utilizaba sin embargo la savia de un árbol tropical: el chiclero, al cual debe su nombre más popular”: Wikipedia.

Por su parte, había muchachas que tenían la aptitud de hacer bombas e incluso organizar dos: una dentro del otra.

Se hacían apuestas para quien hiciera el globo más grande y otras para organizar diversas figuras. Cuando reventaba, a veces, se desplegaba por todo el rostro.

También se utilizó para pegarlos debajo de los pupitres, o en las suelas de los zapatos para enviar mensajes de copialina en los colegios o, simplemente, se dejaban en el pelo de sus contrincantes.

Desde 1979 en Coyoacán, México, en la calle Cuahutemor, cerca del kiosco de Coyoacán hay un árbol donde los mascadores que pasan por allí sacan de sus bocas las pegajosas golosinas y las estampan en el tallo de la planta. Todo tipo de colores tiene el ejercicio.

La maña ha intentado copiarse en otros lugares.

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Marlon fue un famoso actor que protagonizó películas como El padrino, El último tango en París (1972) y Apocalypse Now (1979). Su breve papel en Superman (1978) fue muy comentado por los 4 millones de dólares que cobró por diez minutos de aparición en pantalla. Foto: BY COLUMBIA PICTURES [PUBLIC DOMAIN], VIA WIKIMEDIA COMMONS

La goma de mascar se popularizó y le dio estatus la generación de los cincuenta con el magistral actor Marlon Brando y con James Dean. Estas figuras del cine tenían una manera muy peculiar de mascar rotando con los dientes la goma, modalidad que fue imitada por los rebeldes sin causa de finales del decenio del cincuenta y los coca-colos – hoy serían gomelos o pitillos– en Colombia a comienzos de los inolvidables y dorados años sesenta.

Las niñas, con sus medias tobilleras , zapatos blancos y azules, sus faldas a mitad de la rodilla y sus coquetas colas de cabello mascaban y hacían bombas con los chicles, mientras sus pretendientes, luciendo blue jeans Levi’s, mocasines, corte de pelo militar y chaquetas de cuero o chamarras, imitaban mascando chicles Adams a Marlon Brando el de la película, The Wild One y a James Dean el de Rebelde sin causa, quienes también degustaron la misma marca por ser la original y la más popular en La Unión Americana.

La meta, por lo tanto, entre las parejas era besarse sin dejar caer el chicle.

En 1973 llegó a Colombia, vía contrabando de Venezuela, el famoso bom bom bum. Era una deliciosa bola roja con un chicle adentro. No apta para diabéticos pero que causó un furor inusitado en la ciudad.

Cuando el incendio del edificio de Avianca, en la carrera séptima con calle 17 en Bogotá, miles de personas compraban a los vendedores ambulantes las famosas colombinas mientras observaban las peripecias del helicóptero sacando personas de la azotea del rascacielos de 42 pisos. Hasta el mismo presidente de la república Indalecio Liévano Aguirre en la Plaza de Bolívar preguntó qué mascaba la gente con tanto entusiasmo.

Thomas Adams, fotógrafo de Staten Island New York en 1870 tomó un trozo de goma mexicana para intentar crear un sustituto del caucho, empresa que lo mantuvo ocupado dos años sin lograr su objetivo. Un día de 1872 sin proponérselo comenzó a machacar un pedazo de goma lo que le causó una agradable sensación, por lo que perfeccionó su descubrimiento y trató de vender la idea, pero fue rechazada por los potenciales clientes. Adams, entonces, comenzó a fabricar y distribuir la goma de mascar.

La gente de finales del siglo XIX se entusiasmó con el chicle de Adams, un próspero y exitoso empresario, quien para 1890 era dueño de una planta de seis pisos con 250 operarios y una fortuna asegurada para sus herederos.

La moda chiclosa se extendió por Estados Unidos y el mundo.

Sin embargo, muchos siglos antes de que Adams, comercializara este mucilago, los aborígenes mexicanos ya molían una goma para que sus glándulas salivales mantuvieran húmedas sus bocas.

Fue tan emblemático el chicle para la juventud que habitó el decenio de los sesenta que el poeta nadaista Pablus Gallinazus escribió Boca de Chicle, tema que se constituyó en el primer éxito de la nueva ola colombiana en la voz del inolvidable Óscar Golden.

Que sea mi cuerpo alegre carrilera/ por la que corran tus manitas frías/
que pasen palmo a palmo/ por mi tierra hasta que/ se confundan con las mías.
Con tu dúo de manos disonantes/ tus manitas aéreas de buitre/ tus manitas de chica de los ángeles/ con tu cuerpo sembrado de trigales/
las pequeñas mentiras que tú dices/ con tu boca de chicle/ con tu boca de chicle.
Que sea mi cuerpo alegre carrilera/ por la que corran tus manitas frías/
que pasen palmo a palmo/ por mi tierra hasta que/ se confundan con las mías.
Con tu dúo de manos disonantes/ tus manitas aéreas de buitre/ tus manitas de chica de los ángeles/ con tu cuerpo sembrado de trigales
las pequeñas mentiras que tú dices/ con tu boca de chicle/ con tu boca de chicle/ Con tu boca de chicle.

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