MIS INOLVIDABLES AÑOS CON FANIA ALL STAR 1975-1978

Por Édgard Hozzman

Cuando Alfonso Escolar me encomendó el manejo A&R (Artistas & Repertorio) Latino de Discos Philips en 1975, me recomendó especialmente el catálogo de PolyGram y Alhambra, elenco con el que estaba ligeramente familiarizado por mis nexos con Radio Tequendama, la frecuencia líder en audiencia y por mi amistad con Gonzalo Ayala.

La preocupación del gerente de la División de música de Industrias Philips, eran mis pocos conocimientos salseros. Género que era ajeno a mis gustos musicales. Había escuchado de Richie Ray & Bobby Cruz, a Los Blanco de Venezuela, pero de la Fania All Star no tenía ni la más remota idea. Yo venía de producir y dirigir a “Malanga”, la agrupación rockera más importante de los setenta. Lo mío era Led Zepelín, Jimmy Page, Eric Clapton, Jeff Beck y la constelación de estrellas que dominaron el acto de la escena del Pop y Rock en el decenio de los setenta.

Además, la salsa en aquella época era un ritmo nuevo, novedoso y comenzaba a escucharse en las discotecas con furor.

Cuando Escolar me entregó el material de Fania que había llegado de New York, el álbum que más me gusto fue el de Johnny Pacheco titulado “El Maestro”, sonido que asociaba con el de “La Sonora Matancera”, por lo que no dudé en programarlo. Cuando hice el pedido a Intergráficas de carátulas para los long play  –y que debía ser aprobado por Escolar–, con su acento barranquillero me comentó: “aja mijo, ¿ya te diste una vuelta por la bodega? Si no lo has hecho, ve y mira cuántos discos del malo de Willy Colon hay allí. De paso mira a ver qué puedes hacer con ese hueso. A tu regreso discutimos esta solicitud a Intergráficas”.

Lo que encontré en el depósito de discos fueron estanterías llenas con el álbum de Willy Colón y Héctor Lavoe titulado: “El bueno  el malo y el feo”.  “The Good, the bad, The Ugly”.  Al indagar con el jefe de almacén, su comentario fue demoledor: “Ese disco es una panela, nadie lo quiere ni regalada”.

Busqué el consejo de Miguel Granados Arjona, a quien había conocido en Todelar y a quien consideraba una autoridad en el sonido afrocaribe. Por haberlo escuchado siempre hablando de este género  música en sus programas, “Rincón  costeño”,  “Una Hora con la Sonora” y “Salsa y Picante”, “El viejo Mike”, como se le conocía en el mundo salsero, me invitó a su programa en La Voz de Bogotá, “Salsa y picante”. Allí se daban cita todos los disjokeys de las discotecas de salsa y los dependientes de las casetas de la Calle 19, donde se conseguían las novedades calienticas del elenco Fania, bien pirateadas.

Esta cofradía llegaba con sus discos LP y sencillos, para programar los treinta minutos del espacio de Miguel Granados Arjona, quien con su acento caribeño y pausado era el norte de los amantes de la salsa en Bogotá y el centro de Colombia. Miguel Granados fue el gran promotor de este género a comienzos del decenio de los setenta.

Comencé mi curso salsero noche a noche en “La Montaña del Oso” Calle 51 con 13, en “El Faisán” carrera 13 con calle 45 – “La Jirafa Roja”, “El Sol de medianoche”, entre otras más. La hermandad de los niches con “Chamico” a la cabeza, aceleraron mi devoción y amor por la salsa.

El primer disco que programé fue “El Maestro” de Johnny Pacheco y fue un éxito.  Después lancé “La Voz” de Héctor Lavoe. Tremendo acierto. De este álbum salieron “Mi Gente”, un himno salsero, “El Todopoderoso”, “Un amor de la calle” y “Rompe Saraguey” ” Periodico de ayer “.

Sin dudarlo lancé los álbumes da Fania All Star, “Live at Yankee Stadium” Vol. I – Vol. II de los que salieron grandes éxitos, “Mi Gente” de Lavoe en vivo y “Bemba colora”.

No vacilé en editar el material que me enviaba Víctor Gallo desde New York, que no eran todos los lanzamientos. Trabajar con Fania era labor bien complicada. A ellos no les interesaba sino los adelantos del contrato y regalías. La anarquía era absoluta, concedían licencias sin preocupase de los contratos, por lo que algunas veces tuve  inconvenientes con Discomoda, que tenía la representación de Tico y Alegre, sellos de catálogo que había absorbido FANIA.

Los másteres que no me llegaban de New York, los lograba de discos que me traían de alla, azafatas y auxiliares de vuelo. Los copiaba en Ingeson con el ingeniero de sonido David Ocampo, para luego pasarlos al acetato y más tarde, a estampadores. Por lo anterior, el sonido no era el más óptimo. Esta era la misma técnica que utilizaban los piratas discográficos.

De no haber utilizado este procedimiento, jamás hubiera logrado hacer el catálogo que hice de FANIA en Colombia. Como dato adicional estas cintas más tarde fueron utilizadas por Discos Fuentes como originales.

Mis artistas objetivos eran Héctor Lavoe, de quien además de los reseñados antes lancé “Comedia” y “Recordando a Felipe Pirela”; Celia Cruz, “Celia con Pacheco”- “Celia, Johnny, Justo y Papo”- Celia y Johnny “Tremendo Cache” Ismael Miranda, el niño bonito de Puerto Rico, Richie Ray y Bobby Cruz, Cheo Feliciano y Rubén Blades.

Al final de 1976 me enviaron las cintas de tres álbumes: “Metiendo Mano” Rubén Blades y Willy Colon -, Fania All Stars Tributo a Tito Rodríguez –  “The Singer Cheo Feliciano”.

Estos tres discos me dieron grandes satisfacciones. Rubén Blades sonó y vendió lo que no teníamos presupuestado. Los otros dos álbumes vendieron sin llegar a ser discos de Diamante pero superaron las expectativas.

Sería dispendioso detenerme en cada lanzamiento. Ante la recepción que estaban teniendo los sellos Vaya Fania y Cotique, programé tres refritos , “Ojo a la Salsa”,  “A toda Salsa” y “Salsa Mona”, el primero para el litoral atlántico, el segundo para Cali y los niches de Buenaventura, el tercero para Bogotá y el interior del país. Estos discos variados tuvieron una recepción inmediata. El repertorio lo seleccionaba teniendo en cuenta las ventas,  difusión en discotecas y con el concepto de algunos piratas como “Mambo Loco”.

Mi devoción por la salsa me convirtió en disjokey salsero, hacía programas a nivel nacional en RCN con Juan Carlos  Izquierdo y Juancho Pilas en “La Salsa es la Salsa”; en Caracol con Hammer Londoño; En Emisoras Mil XX con Jorge Gómez Maldonado y en Radio Sutatenza  conducía un espacio de  una hora todos los sábados.

Mi interés en estos programas era conocer el gusto de las diferentes regiones y comprometer a los corresponsales de cada ciudad, a quienes les enviaba previamente material por lo que los programas eran musicalizados y comentados con el elenco de mis tres sellos  Fania, Vaya y Cotique .

Otra estrategia que me dio excelentes resultados fue entregarles muestras gratis a las discotecas y estar en contacto con sus propietarios y disjokeys.

Consciente de la importancia que tenían los periodistas deportivos por la audiencia que convocaban, también les comencé a obsequiar muestras. En ellos encontré promotores incondicionales como Marco Antonio Bustos, Juan Carlos Izquierdo, Oscar Restrepo Pérez, Gustavo Torres Rueda, Hammer y Arley Londoño y, desde luego, Jaime Ortiz Alvear, quien definitivamente se comprometió con la Salsa con su programa, Salsa con estilo, el que me encomendó realizar en 1980, cuando viajó a cubrir los Olímpicos de Moscú.

Como estrategia para proyectar la  salsa como FANIA le pedí a una publicista que hiciera un arte con la palabra SALSA y dentro de esta incluyera los logos de los tres sellos. Cuando apareció este  estiquer fue un éxito total. Todas las discotecas lo pegaron dentro de sus cabinas de sonido, los almacenes de discos lo colocaron en lugares estratégicos y desde luego la gente de la calle 19 (Calle 19, entre carreras  7 y 10), epicentro de la piratería y contrabando discográfica.

Los dos últimos álbumes que programé de Fania All Stars  “Delicate and Jumpli” y  Rhythm Machine, del que salió el exitazo, “Juan Pachanga” de este se enamoró Jaime Ortiz Alvear a quien le obsequié el original.

Mis boletines tuvieron una buena recepción. Estos eran producto de mi imaginación y especulación ya que La Oficinita de FANIA en  New York era lo más elemental y hasta rústica. De allí no remitían sino cuentas de cobro.

Para mi satisfacción, el momento estelar de FANIA en Colombia lo vivió bajo mi gestión  como director de A&R Artistas y Reportorio. Fui quien mayor número de artistas y álbumes edité, las ventas logradas no han sido superadas por quienes han tenido esta licencia. El sello se valorizó y Discos Fuentes pagó una millonada, para volver a tener la licencia que había desvalorizado a comienzos de los setenta, la que devolvió por no haber logrado el punto de equilibrio.

En el afán de firmar a FANIA Y VAYA, Fuentes no tuvo en cuenta a COTIQUE, sello que le solicité a Alfonso Escolar negociara, en este estaban Santos Colon y Los Hermanos Lebrón. Con ellos logré mi último gran éxito salsero en Discos Philips, “Salsa y control”.

Para mí fue una experiencia inolvidable haber trabajado un elenco de grandes artistas, en los que se conjugaba, talento, la inspiración, musicalidad y el infaltable toque de locura. Ray Barreto percusionista, Yamo Toro, maestro del tres cubano – Roberto Roena, bongosero –Boby Valentín, Maestro de bajo –Los hermanos Larry, Andy  Harlow,  Louis Ramírez, Papo Luca, El Maestro Mongo Santamaría, Sal Cuevas, Ismael Rivera, Héctor Casanova, Pete “el Conde” Rodríguez, Adalberto Santiago, entre otros Grandes.

Conocí a varios artistas del elenco. Dos me impresionaron: Richie Ray, pianista que transpiraba talento por cada poro y Héctor Lavoe, cuando visitó a Colombia por primera vez en 1976. Nunca fue consciente de su talento, grande y desmedido en el placer.

Con el elenco de Fania actuaron dos grandes personalidades del Rock, Steve Winwood, virtuoso teclista quien trabajo con “Traffic”, “Bliand Faith” entre otros grupos. Jorge “Malo” Santana, a mi manera de ver y escuchar más virtuoso y con más oficio y conocimiento del diapasón que su hermano, Carlos Santana, quien especula e improvisa siempre sobre la misma escala, lo que lo hace repetitivo.

La colaboración que encontré en Guarino Caicedo –periodista de EL TIEMPO, quien cubría un área diferente a la música– fue definitiva. Siempre encontró un lugar en el periódico para sus comentarios sobre el material salsero que le entregaba. Guarino fue un místico, un devoto de alma y cuerpo del sonido de la cuenca antillana. Lo que disfrutaba.

Nuestra última conversación, a finales del 2006, giró en torno a un artículo que escribió sobre la vitalidad del sonido de Los Hermanos Lebrón. Un mes más tarde, partía a la dimensión desconocida. Hasta siempre Guarino.

Ahora, con el paso de los años, resulta gratificante haberles entregado buena música a los amantes de la calidad y la excelente sonoridad de un grupo grande e histórico como lo fue la Fania Alla Star.

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