Noches de Discotecas Ye Ye y Go Go de los años Sesenta

Por Édgard Hozzman 

A mediados de 1965 se inauguró la primera discoteca en Bogotá, “La Gioconda”, ubicada en la esquina de la calle 63 con carrera 13, en el centro de la actividad comercial del tradicional, emblemático y romántico barrio de Chapinero.

En este escenario se comenzaron a proyectar “Los Speakers”, quinteto conformado por Luis y Edgard Dueñas, Oswaldo Hernández, Rodrigo García (español) y Humberto Monroy. Ellos fueron quienes inauguraron “La Gioconda”, centro nocturno que fue la gran novedad de mediados de los dorados años sesenta.

Edgard Dueñas era la gran atracción y novedad como baterista. Era un espectáculo. Su personalidad como músico fue definitivo para comenzar a crear el mito en torno de esta agrupación, de la que salió por abusar de los redobles, los que molestaban a Rodrigo, quien llamó a Fernando La Torre como percusionista.

Los habituales asistentes disfrutábamos del sonido y repertorio de “Los Speakers” y del encanto de las “sardinas” –como llamábamos a las adolescentes– que comenzaban a usar minifaldas no tan atrevidas, las que eran acordes con sus peinados, blusas y tímidos tacones.

El invitar a una niña a una discoteca era bastante oneroso para nuestros presupuestos, ya que en esta había que incluir un chaperón impuesto por sus padres como condición para el permiso, que incluía, hora límite de llegada: 11 pm.

Antes de recoger a la sardina, el retoque final era con colonia Yardley para impresionar a hija y madre, quien a media voz nos hacía mil recordaciones –con bendición incluída–, antes del visto bueno del adusto padre quien sentenciaba hora de llegada y normas para la chaperona.

El éxito y novedad de “La Gioconda” obligó a sus propietarios a trasladarla a un local más amplio: al pasaje Libertadores, calle 64 carreras 13 y 14, donde se comenzaron a programar sábados y domingos vespertinos, los que eran más exequibles para el presupuesto de adolescentes con afanes de ser los protagonistas y héroes de sus historias.

En la nueva etapa de la Discoteca se dieron a conocer “Los Flippers”, Carlos Martínez, Arturo Astudillo, Orlando Betancourt y Ómar Rodríguez. La juventud e informalidad de esta agrupación tuvieron eco de inmediato, supliendo con creces la ausencia de “Los Speakers”.

Ómar fue reemplazado por Edgard Dueñas, el baterista show admirado y querido por los privilegiados con poder adquisitivo, que noche a noche, disfrutaban la fiesta rockera, a la que también asistían ejecutivos con sus amiguitas y secretarias.

El éxito de este centro nocturno le restó importancia a los Grilles Europa, As de Copas, Chez Dedy y a los salones Monserrate y Rojo del Hotel Tequendama.

El auge del rock y el Go Go, no pasó desapercibido para la trilogía compuesta por Carlos Pinzón, Gloria Valencia de Castaño y Fernando Gómez Agudelo, quienes aprovecharon la apertura de la Feria Internacional de Bogotá, para lanzar en sus dependencias “La Bomba”, discoteca inaugurada por la agrupación mexicana “Los Cuatro Crikets”.

Carlos Pinzón, Gloria Valencia de Castaño y Fernando Gómez Agudelo, gestores la discoteca “La Bomba”.

El éxito fue inmediato. Esta fue la mejor disculpa para industriales, políticos y la bohemia para rumbear a rabiar en una Bogotá ortodoxa y convencida de ser La Atenas Suramericana.

Una vez finalizado el evento internacional, “La Bomba” se trasladó a un amplio galpón en Chapinero: en la calle 60 No. 9-71. Al fondo de un parqueadero estaba la inmensa puerta de metal, la que daba acceso a La Discoteca por una pequeña entrada controlada por el administrador, Isaías Cuervo, quien era el hombre de confianza de Carlos Pinzón desde su paso como director de Emisora Nueva Granada, de donde lo llevó luego como director artístico de Emisoras Mil XX.

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Facsímil de un volante promocional de la discoteca

Cuervo era un hombre de una recia y firme personalidad. Se hacía respetar con mano fuerte, lo que le significó la animadversión de los niños ricos del norte y los infaltables parásitos.

La estructura de hierro que soportaba las tejas Eternit de este galpón fue decorada con telas de llamativos y vivos colores creando un falso techo que disimulaba lo rústico del lugar. El mobiliario fue comprado en la plaza del 7 de Agosto. Eran mesas de cuatro puestos con sillas artesanales.

Al fondo, un amplio escenario rectangular dentro del que estaba un redondel giratorio, iluminando con proyectores y algunos tubos fluorescentes de luces ultravioletas, efectos que para la época eran alucinantes. A cada lado del escenario había un cubo blanco en el que bailaban la rubia Mireya y Olga Lucía.

El escenario giraba 180 grados, dando paso a la otra agrupación. Estas permanecían en escena 30 minutos.

Los que impulsábamos el escenario giratorio era quienes estábamos en el camerino ayudando al disjokey “Paco Peco”, a quien muy pocos conocieron su verdadero nombre. Era el grabador estrella de Sigacol, Sociedad interamericana de grabación y audio colombiana. Base de lo que sería luego RTI.

“La Bomba” fue la gran Discoteca de mediados de los años sesenta. En ella actuaron todas las agrupaciones del génesis del rock colombiano. Fue inaugurado con una mano a mano entre “Crikets” y “Speakers”. El mejor Grupo que actuó en La Bomba fueron “Los Moonligts” de México, una súper banda con una sección de metales, nunca antes vista ni escuchada en Colombia, su sonido era el de Wilson Pickett, Ritman & Blues.  

Los Moonligts reciben el disco de oro en Bogotá, de manos de don Carlos Pinzón.

La agrupación que más actuó en La Bomba y “El Diábolo”, fueron “Los Ampex”, conformada por Óscar Lsprilla, Yamel Uribe, Óscar Ceballos y Jaime Rodríguez qepd. Los músicos de mayor número de presentaciones en el escenario giratorio fueron Yamel Uribe y Óscar Lasprilla como integrantes de “Los Ampex”, “Time Machine” y de los quintetos que acompañaban a Óscar Golden y a Harold en sus shows de media noche.

La última agrupación de rock que actuó en La Bomba fue “Glass Onion” Miguel Galindo, Ernesto Matiz, Roberto Caicedo, Guillermo Guzmán “Marciano” y Miguel Durier. 

Patricia Martínez, Magda Egas, Swanhild Musikka, fue la trilogía más bella de las discotecas. Los galanes fueron Oscar Golden, Yamel Uribe y Julio César Luna.

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Carátula de una producción de The Speakers.

“El Diábolo” era de Pedro Chambol, ejecutivo de Nestlé, quien llegó al negocio cuando gerenció la Gira de Milo a GO GO, desarrollada entre 1965-66.

Esta era una discoteca más íntima, con un toque de caché y estaba en la carrera 13 con calle 52. Allí se lanzaron “Los Beatniks” de César Hernández, Mario Cuesta, Orlando Barriga y Carlos “el ratón” Navarro; “Los Streakes”; “The Young Beats” y “The Wall Flower Complextion”.

Los músicos más queridos, admirados y populares fueron Óscar Lasprilla guitarrista y pianista; Yamel Uribe, guitarrista y bajista; Édgard Dueñas, baterista y Rodrigo García, pianista y guitarrista.

“La Caverna”, rumbeadero ubicado en el segundo piso del Teatro Imperio, en el que se capaba colegio y los rectores de los colegios de Chapinero, a la mitad de los dobles vespertinos, interrumpían las proyecciones para ubicar a sus alumnos.

“La Caverna”, era una discoteca para quienes estábamos en el negocio de la música manejada por Gerardo Di Ángelo, “Potocho” para sus camaradas, “Tavo” Romano, Alfi y Ricardo Waldman.

En este playlist están las agrupaciones originales y las nacionales que interpretan sus temas en versiones al español en las inolvidables, tardes y noches de bohemia primaverales, de rock and roll, minifaldas, en los que nacieron nuestras primeras fidelidades e infidelidades de gente bella y fantasías de ilusiones hoy añoradas y amadas.

No cuento mi tiempo es mi tiempo el que lo cuenta.

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