Del tororoi o flautista rojizo, nombre en español que se le da a esta carismática ave habitante de los bosques de niebla y páramo –Grallaria rufula- y ampliamente distribuida en la cordillera de los Andes, desde Venezuela hasta Bolivia, existe no una sino 12 especies.

Entre las seis de estas especies que conforman el complejo de aves montanas y que están en Colombia, una de ellas es nueva para la ciencia.

Se trata de Grallaria alvarezi –nombre científico-, bautizada con el nombre común de “Chamí” como un homenaje a la comunidad indígena Embera-Chamí, que ocupa diferentes rincones de la Cordillera Occidental, de donde esta ave es exclusiva.

La chamí es un ave con registros desde el Parque Nacional Natural (PNN) Paramillo en Antioquia, pasando por Caldas, Risaralda, Valle del Cauca hasta el PNN Munchique en el Cauca. El espécimen usado para su descripción fue obtenido en el PNN Tatamá, en el occidente de Risaralda.

Otra de las especies resultantes del nuevo estudio es la propia Grallaria rufula, renombrada como “Muisca” porque su área de distribución está restringida a la Cordillera Oriental, en gran parte del territorio habitado por el pueblo indígena muisca, antes de la llegada de los españoles. Esta especie puede verse en los Cerros Orientales de Bogotá.

Los estudios que dieron lugar a la descripción de las nuevas especies  fueron realizados por un equipo de investigadores de múltiples instituciones, entre ellas el Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), la Universidad de los Andes, el Instituto Smithsonian, las universidades de Kansas y estatal de Luisiana (EE.UU.), y el Museo de Historia Natural de Dinamarca.

Los análisis, que incluyeron un amplio estudio de diversidad genética, de cantos y plumaje, fueron publicados este martes 21 de julio, de manera simultánea por las revistas indexadas Zootaxa y The Auk de la Asociación Ornitólogica American.

Al hacer estudios de genética molecular y seguir el rastro de relaciones evolutivas, los investigadores confirmaron lo que ya habían percibido al comparar los cantos de estas aves: que múltiples poblaciones son diferentes entre sí a nivel de especie y que llevan millones de años de separación, pese a presentar un plumaje muy parecido.

Atractivo para el ecoturismo

Esta nueva caracterización aumenta la riqueza de aves de Colombia, lo que la hace aún más atractiva para los turistas internacionales que vienen al país a hacer avistamiento de aves.

Igualmente, según la explica el profesor Andrés Cuervo, del ICN, el estudio alerta en torno a que aún aquellas especies que se cree que son comunes y que no enfrentan problemas de conservación, no lo sean tanto, y deben ser también objeto de alto estudio, ya que pueden guardar áún secretos evolutivos por revelar.

Para el docente del ICN es realmente asombrosa la cantidad de especies que lograron determinar para esclarecer la real diversidad de este grupo de aves. Además de la “Chamí” y la “Muisca”, otra de las especies reveladas tiene un área de distribución pequeña, siendo exclusiva de la Sierra Nevada de Santa Marta, lo cual afianza la singularidad de este lugar en biodiversidad.

En la Serranía del Perijá, entre La Guajira y el Cesar y en la Cordillera Central, desde el PNN Los Nevados hasta Nariño y el norte de Perú, se encuentran otras de las especies separadas.

El estudio de estas aves se remonta a investigaciones realizadas por el Instituto Smithsonian y la Universidad Estatal de Luisiana, en las décadas de los 80 y 90, en un intento por estudiar el complejo de variación que se veía en colecciones.

La investigación se quedó ahí hasta que dos biólogos retomaron los estudios genéticos y de cantos e invitaron a participar con información de aves andinas a un grupo más amplio de investigadores, entre los que se encuentra el profesor Cuervo, quien destaca que en Perú también hay mucha complejidad y especies nuevas.

Chamí. Foto: Eddie Williams

El estudio llevó a que distintos equipos de colecciones biológicas, museos de historia natural, y expedicionarios fueran a muchas regiones, a veces con difícil acceso, para buscar información nueva y descifrar el acertijo que representaba este complejo de especies.

El profesor Cuervo recuerda, además, que hace 11 años, en una serie de expediciones a la Serranía de Perijá, junto al entonces estudiante del profesor del ICN Gary Stiles, Juan Pablo López, y colegas de la Universidad de Los Andes desarrollaron un proyecto con Corpocesar, que le abrió la puerta para completar datos de la Grallaria del Perijá, y así “a encontrar la última pieza del rompecabezas”.

Agencia de Noticias UN – Unimedios– Foto portada: Foto: Robert Lockett

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