Una pareja que se conoce en la calle, Karen García y Camilo Ruiz*, los une el amor, cuidan un lote en el barrio El Limonar de Soacha, viven en un viejo furgón abandonado, no cuentan con servicios básicos y las necesidades crecen a diario.

En medio de la pandemia, de montañas de basura, plásticos, cartones y deshechos, moscas y enjambres de abejas, nace un bebe. También llegan las angustias y la comida escasea.

En este furgón, en el barrio El Limonar de Soacha, vive esta humilde familia.

Camilo no puede salir a la calle, por la Covid-19, está prohibido el tránsito de personas. La situación se complica, el hambre acosa y todos los días busca empleo, pero regresa con más preocupaciones.

El joven se vino de Cali hace cinco años a buscar suerte en Bogotá, vivía en los cinturones de pobreza de la capital del valle. Trabajó en un taller de ornamentación haciendo oficios varios. Un amigo que tiene un lote en Soacha, le ofreció un viejo furgón abandonado, para vivir y cuidar el predio.

Dos años lleva viviendo allí, sin agua, sin luz, porque no tiene para donde irse. La joven cuidaba niños cuando conoció a Camilo. Fue abandonada por su madre desde los dos años y con mucho esfuerzo estudió para profesora de niños.

La vida en el camión es muy dura, para ver la luz, hay que abrir las compuertas, en la noche hace mucho frio y en el día, el calor es insoportable, además, no hay ventilación.

En Los Olivos, encontró apoyo con varias ayudas, pero el joven necesitaba un trabajo. El gerente de Los Olivos, Gerardo Mora Navas, lo vinculó a la parte administrativa en mantenimiento.

“Ha sido una bendición, el trabajo porque ya puedo enfrentar mis gastos y cuidar mi bebé, dice Camilo, con mucha satisfacción. Los Olivos es una familia muy grande y me tratan muy bien, son muy humanos y solidarios”.

Ahora esperan que puedan comprar una casita con la ayuda de varias fundaciones que los han apoyado. Buscan un lote para cumplir su sueño.

*Camilo nombre ficticio por solicitud del entrevistado.

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