Por: Hernán Alejandro Olano García

El famoso filósofo envigadeño Fernando González Ochoa, publicó entre 1936 y 1937 sus reflexiones sobre el izquierdismo en su columna periodística publicada en el Diario Nacional, enfocada, particularmente a apoyar la candidatura presidencial del maestro Darío Echandía contra la del doctor Eduardo Santos Montejo, que era apoyada por “gobiernos despersonalizados y oligárquicos” de centro, calificativo que le caía a las administraciones de Enrique Olaya Herrera y al primer cuatrienio de Alfonso López Pumarejo.

Así, don Fernando González pasa de la diatriba contra Santos, a la loa de Echandía. Al uno lo tachaba de vivir de la orgía de la riqueza material; al otro, de poner a disposición el capital al servicio de la cultura.

Quiso aclarar González que el comunismo no era el régimen imperante en Rusia, sino un vocablo que pertenece a la conciencia y al alma humana, pero, para él, ese “estado de conciencia” muchas veces está desviada y señalaba actos, aún hoy vistos, como los siguientes: “ensuciar la fuente que hallamos cuando íbamos fatigados, y luego de mitigar allí la sed; maltratar animales y árboles que se encuentran en el camino; coger los frutos a golpes o pedradas, dañando el árbol; no darle de beber a la cabalgadura en que vamos, porque es alquilada; escribir groserías en las paredes de edificios públicos; robar cuando nadie lo sabrá; vender la patria, cuando nadie lo sabrá y ejecutar actos buenos, heroicos, cuando lo han de saber”.

Un siglo de Pensamientos de un viejo

Precisamente, quiso aclarar que muchas veces el lenguaje es engañador, porque todos usamos las mismas palabras, pero no contienen lo mismo, contienen aquello para lo cual está preparada la conciencia de cada uno. Para eso, definió tres tipos de conciencia: i) Conciencia bruta. Es aquella que tiene el ser vivo cuando no siente la propiedad sino en virtud de las necesidades orgánicas, instantáneas; satisfecha el hambre cesa la propiedad (el amor); ii) Conciencia pronominal (mío, tuyo). Cuando el hombre se apropia las cosas para un tiempo más o menos largo; divídase en individual, familiar, municipal, nacional, etc.; iii) Conciencia comunista. Es cuando el hombre siente que todo el universo es suyo y es uno; vive el hombre entonces dentro de la ley de causalidad. No hay oposición entre yo y tú, mío y tuyo. El hombre llega a ser hijo de Dios.

El “filósofo de Otraparte” habló de las nociones madres del izquierdismo: i) No tiene vitalidad sino lo que emana del pueblo; de él provienen los héroes y las grandes obras; todo lo que esté desvinculado del pueblo es efímero; ii) Todas las estructuras sociales son creadas y perfeccionadas y funcionan para el cultivo del pueblo, fuente única de la humanidad; iii) El pueblo no es amable sino en cuanto sujeto de la evolución y la cultura; esto, no en sí mismo, sino en su potencialidad; iv) La patria por encima de los partidos, como decía Benjamín Herrera; v) El Estado ejerce autoridad sobre el pueblo en proporción a la ignorancia de éste y con el único fin de que se haga libre mediante el conocimiento.

No dejó muñeco con cabeza en sus comentarios, pues González reconoce que la autoridad es un mal que sufren los ignorantes; que el fin de la evolución humana es la anarquía, estado cima de la conciencia; que somos tan primitivos que el amor está todo en la bolsa estomacal; que el gobierno es método de cultura y el matrimonio, modo de crear hombres; que izquierdista es el universo que vive en el sentimiento de que el hombre no es obra acabada sino una promesa; que todas las energías y recursos deben dedicarse al cultivo de la persona en la universidad; que no hay libertad legítima sino cuando ésta se dirige a honrar la humanidad y a perfeccionar su suerte; que la propiedad es la facultad ilimitada de usar, gozar y abusar de las cosas poseídas; que sin la biblioteca, la vida de cada hombre estaría limitada por sus días; que el hombre es inmortal, porque su energía reencarna en sus hijos, mediante el libro; que la humanidad es solidaria porque el hombre es maestro; que la filosofía es la ordenación de los datos científicos para indicar el grado de evolución de la conciencia humana; y, que sólo en estas tierras paludosas pueden aparecer humanidades que usen de las artimañas del gusano, que se enrosca para que no lo pisen!

Llama la atención en esas columnas de González una pregunta, que, transcurridos casi noventa años, cobra actualidad: “los niños que están en las escuelas; los jóvenes que están en los colegios y universidades; los hombres todos que habitan en Colombia, ¿en qué medio moral crecen y viven? ¿Qué educación ejemplar, que es la más influyente, están recibiendo? ¿Cómo reclamarles, entonces, si traicionan a la patria, a la madre y al espíritu?”.

Una de las respuestas a esta pregunta, que daba González, era: “Hay que instigar a la investigación, a la experimentación, a la documentación personal; incitar a las excursiones a pie con objeto científico; formar herbarios, coleccionar piedras y animales…”. Muy actual, teniendo en cuenta que los logros en investigación de las nuevas generaciones son gracias a un espíritu inquieto, como el de la científica caleña Diana Trujillo, ingeniera del proyecto Perseverance de la NASA, donde también trabajó Jorge Moreno Montoya, un ingeniero mecánico de la Universidad Industrial de Santander – UIS, líder del laboratorio de propulsión (Jet Propulsion Laboratory) de esa Agencia Espacial.

Vale la pena, volver de vez en cuando, sobre lo escrito por filósofos de la talla de Rafael Gutiérrez Girardot, Fernando González Ochoa y Nicolás Gómez Dávila, último para quien “el amor al pueblo es vocación de aristócrata. El demócrata no lo ama sino en período electoral”.

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