El té es una bebida de China que se convirtió en la gran favorita de Gran Bretaña y que posteriormente también amaron los estadounidenses. Tanto así, que fue en Estados Unidos donde se inventaron las bolsitas de té a principios del siglo XX, según la Asociación de Infusiones y Tés del Reino Unido.

Las bolsitas son un invento que vino a facilitar la vida de los amantes del té. Para algunos, beber té es un arte que tiene “reglas”, pues hay cosas que se deben y otras que no se deben hacer al preparar la bebida. Una de las cosas más importantes es no apretar o exprimir las bolsitas de té después de que se hayan empapado, pero esto va más allá de ser una regla de etiqueta, hay una razón científica.

La historia del té: algunas teteras de plata viejas en una bandeja

Antioxidantes

Las hojas de Camellia sinensis tienen un alto contenido en polifenoles. Estos son productos químicos vegetales que le dan a los tés su sabor y aroma distintivos y pueden tener propiedades que promueven la salud, según la Escuela de Salud Pública de Harvard.

Los polifenoles actúan como antioxidantes que controlan los efectos dañinos de los radicales libres en el cuerpo y son antiinflamatorios.

Entre estos polifenoles se encuentran los taninos, que también tienen presencia en el café, el chocolate y el vino.

Té amargo

El líquido que queda atrapado dentro de la bolsita de té tiene niveles aún más altos de ácido tánico que el que puede salir de la bolsa por sí solo. Al apretar la bolsita de se liberan estos ácidos tánicos y provocan que el té sea más amargo, más ácido y seco, explica Finest English Tea.

Otra razón para no apretar la bolsita es que se puede romper dejando caer las hojas sueltas en el té. Con ello, además de amarga, la bebida será turbia y poco agradable.

Así que, si quieres un té equilibrado, evita exprimir la bolsita.

Para llevar

Si tomas el té como una fuente de antioxidantes y eres de los que les gusta agregar leche a la bebida, quizá debas pensar dos veces antes de hacerlo.

Algunas investigaciones sugieren que la proteína y posiblemente la grasa de la leche pueden reducir la capacidad antioxidante del té.

Los flavonoides se “desactivan” cuando se unen a las proteínas. La leche desnatada reduce significativamente la capacidad antioxidante del té; las leches con alto contenido de grasa también reducen la capacidad antioxidante del té, pero en menor grado.

Textos y fotos: elmundoalinstante.com

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