Por Guillermo Romero Salamanca

–¿Usted qué quiere hacer con este estudio?, le preguntó el periodista y locutor Ley Martin a Jairo Varela, tan pronto llegó a la sala de grabaciones que ese día inauguraba Jairo Varela en la calle quinta con carrera 40 al sur de Santiago de Cali.

–Quiero, dijo el maestro, tener una oportunidad para hacer mi música, traer nuevas agrupaciones y lanzar al mundo todo el talento posible que salga del Chocó, contestó Jairo mientras mostraba orgulloso su estudio, contaba cómo se había demorado casi seis meses en construirlo y se pavoneaba mientras mostraba la consola con más de 48 canales y con la cual se grabarían sus canciones en el futuro.

Jairo no paraba de hablar de su nueva concepción: la sala de grabación. Contaba cómo se había hecho la acústica, el tipo de madera que se había empleado, las telas que se habían importado, las características de los micrófonos y la calidad de la consola. “Esto es lo mejor de Colombia”, dijo.

Estuvieron también Luis Altamiranda, productor y programador de las emisoras Olímpica de Barranquilla y Alberto Suárez, el gran promotor discográfico y director de Olímpica Bogotá. Jairo había reunido esta tarde a lo más excelso de las emisoras del todo el país.

La imagen puede contener: 9 personas, personas de pie y traje

Jairo Varela, Alberto Suárez, Guillermo Romero, Ley Martin, el músico Danny Jiménez, su señora y Luis Altamiranda. Foto arhivo particular.

En ese momento, principios de 1990, Jairo ya era famoso no sólo en Colombia, sino en el mundo entero. Le pedía contrataciones y Álvaro Gómez, su promotor y vendedor, no daba basto a contestar llamadas de Japón, España, Francia, Estados Unidos, África, Ecuador, Perú, México, Venezuela y de muchas partes de Colombia. Álvaro pasaba los mejores momentos de su vida al lado del compositor que hiciera himnos como “Cali pachanguero”, “Del puente para allá” y “Mi Valle del Cauca”.

Unos meses antes, el Grupo Niche –alma y nervio de Jairo—había hecho una apoteósica presentación en el Campo de Marte de Lima. No se puede calcular cuántos miles de personas gozaron con las canciones de la orquesta salsera que comenzó su vida en Chocó y después logró sus primeras grabaciones en Bogotá.

El nuevo estudio estaba a un lado de la discoteca “Cañandonga”, donde los lunes era el epicentro de la salsa de Santiago de Cali. A las diez de la noche, no cabía un salsero más y la rumba avanzaba hasta los albores de la madrugada. Estaba también La Jirafa y Manhattan.

Al frente, pasando la avenida quedaba una panadería y la discoteca La Manzana que fueron epicentro de un ataque terrorista del Cartel de Medellín el 12 de mayo de 1990. Cien quilos de dinamita amoniacal mataron a nueve personas murieron y otras 45 quedaron heridas, según informó la Policía.

Jairo pasaba hasta allí por sus pandebonos, que prefería doraditos. Era común también verle los domingos, en la década de los noventa, caminar por las calles, cuando el viento refrescaba las tardes del barrio San Joaquín donde vivía, llevando a su pequeña hija.

No perdía un segundo para hablar de sus canciones, de sus sueños y de sus viajes. Después se metió en un proyecto que le costó media vida: montar una discoteca en el barrio Cristales, de Santiago de Cali. La aristocracia caleña no le perdonó este atrevimiento y muy pronto se olvidó las letras de sus himnos. Por esta osadía, de la cual fue acusado de ser colaborador del Cartel de Cali, estuvo en dos oportunidades en la Cárcel de Vista Hermosa. Salió libre y no le pudieron comprobar las acusaciones.

Jairo desistió de su empeño de su bailadero.

En una oportunidad le preguntaron al famoso locutor y presentador de “Salsa con estilo” –el único show que no tiene cover— Jaime Ortiz Alvear, sobre cuál era la canción que más le gustaba del Grupo Niche. Sin dudarlo dijo: “Nuestro sueño” y comenzó a cantar: “Estoy viviendo un sueño, me siento único dueño, del amor. Una mirada bastó, así sucedió, ausentes las palabras, mi cuerpo vibró, cuando su mano tomé, el cielo miré,
el brillo de sus ojos, sus labios besé”.

“Es lo mejor que he escuchado”, decía el magistral locutor, que en paz descanse.

Fernando López Henao era el encargado, por parte de la Vicepresidencia de Codiscos– de negociar con el artista cada una de sus producciones. Fueron 12: desde “Querer es poder” en 1981, pasando por “Prepárate”, Directo desde Nueva York”, “No hay quinto malo”, “Triunfo”, “Me huele a matrimonio”, “Con cuerdas”, “Historia Musical”, “Tapando el hueco”, “Me sabe a Perú”, “Sutil y contundente” y “Cielo de Tambores”.

“Jairo sorprendía con su capacidad de composición. Los temas como “Cali Pachanguero”, “Ana Milé”, “Del Puente para allá”, “Interés, cuánto valés”, “Un caso social”, “Para mi negra un son”, “Como podré disimular”, “Tapando el hueco”, “Las mujeres están de moda”, “Nuestro sueño”, “Mi valle del Cauca”, “El amor vendrá” y “Me sabe a Perú”, quedaron para la historia mundial de la salsa. Siempre que nos veíamos hablaba no sólo de las nuevas canciones, sino de los proyectos que tenía para dos o tres años adelante. Era una agilidad mental impresionante. Un gran ser humano y un escritor sin límites”, comenta ahora Fernando López.

SU PRIMERA GRABACIÓN

El productor discográfico Édgard Hozzman cuenta su experiencia cuando grabó por primera vez Jairo Varela.

“Un día grababa un disco de “Los Rivales” que acababan de imponer “La Cantaleta”. Adolfo Barros era el trombonista, dueño de una cálida y sin igual personalidad, heredo de su padre el talento, interpretaba con gran propiedad el piano, la guitarra y el trombón. Era un músico estructurado leía y escribía música. A los estudios llegó un muchacho callado, con aspecto de provinciano, de tierra caliente al que me presentó Adolfo Barros como un buen compositor. Era Jairo Varela, quien tímidamente tarareó dos temas los que le solicité al ingeniero de sonido José Vergara, “Vergarita” le grabara para escucharlos después de la sesión de producción e instrumentación en la que estábamos.

Cuando los escuché le comenté a Jairo, mamándole gallo, “estos temas los vamos a tener que firmar los dos”. La cara de resignación y frustración me conmovió. Por lo que le di tranquilidad, pidiéndole que firmara los temas para la editorial Fonotón de Discos Philips.

Mezclando los temas de Varela “El negro soy” y “El difícil” me di cuenta de la sensibilidad y talento del novel compositor a quien le ofrecí y prometí tenerlo en cuenta para futuras grabaciones, desafortunadamente cambié de disquera y todo se quedó en proyectos.

Así nació el proyecto del Grupo Niche, la máxima agrupación salsera de Santiago de Cali, del Valle del Cauca y de Colombia. Sus presentaciones en Nueva York, Los Ángeles, España, Venezuela, Panamá, México, Ecuador, Perú y en diferentes Ferias y Fiestas de Colombia son inolvidables.

Fue una noticia difícil de comprender. ¿Cómo era posible que un infarto marchitara a Jairo Varela, el ídolo del Grupo Niche, al hombre de un gran corazón que le compuso al amor y que entregó toda su pasión por el Valle del Cauca?

Las emisoras de Cali y de buena parte de Colombia comenzaron muy temprano ese 8 de agosto de 2012 sendos homenajes con sus entrevistas, sus mejores canciones, sus éxitos en presentaciones y miles de anécdotas.

Justo dos años después la DIAN confiscó su más grande sueño musical: su estudio de grabación. Fue otro infarto en el más allá.