Por Guillermo Romero Salamanca

Arthur Stanley Jefferson nació en un pueblo perdido de Inglaterra, reemplazaba a Charles Chaplin en algunas obras, se hizo famoso en el mundo por hacer un papel de tonto, era un excelente mímico, ganó dos Óscar de la Academia, se casó cinco veces y murió con diabetes, en una silla de ruedas y con cáncer en el paladar.

Prorrumpió en el universo el 16 de junio de 1890 en una vereda de Lancashire, en el Reinado Unido, llamada Ulverston, conocida por ser la cuna del famoso cómico que hizo de flaco, al lado del gordo Oliver Hardy.

Stanley se golpeaba, recibía los puñetazos, hacía lo inverosímil y Oliver era quien lo dirigía, le mandaba a los trabajos difíciles y al final lo comparaba con un chorlito, una ave zancuda, de pico corto y recto, patas delgadas y negras y con una cabeza pequeña.

Había nacido en un circo, estudió poco, pero le agradaba la actuación y se enroló en una escuela que lo unió a Charles Chaplin, los dos viajaron a Estados Unidos y realizaron algunos trabajos, pero tuvieron ciertas divergencias y entonces Stanley determinó regresar a Inglaterra.

Estuvo solo unos meses y retornó a Los Ángeles a buscar una segunda oportunidad. Escribía libretos, hacía pequeños papeles teatrales hasta que un día conoció a Oliver. Fue un amor laboral a primera vista.

Sus actuaciones llenaron las salas de cine y eran aplaudidos a rabiar. Protagonizaron 23 películas y unos 72 cortos y mediometrajes.

Los dos compaginaron.  Sus historias llenas de golpes, traiciones, trompicones y muchos pasteles hicieron que las quijadas de millones de seguidores del séptimo arte se movieran millones de veces y que los aplausos fueran el denominador común después de cada estreno.

La cinta “La batalla del siglo” muestra una descomunal pelea. En una esquina está “La Tormenta Calahan”, un mal encarado peleador y en la otra “el hueso humano”, personificado por Stanley. Desde luego que Oliver es el entrenador y le da las indicaciones muy sencillas: si pierden ganan 100 dólares y si llegan a vencer sólo recibirán 5 dólares.

Cuando se inicia el primer round Calahan descubre que tiene suelto el guante, mientras tanto Oliver le pide a Stanley que aproveche esa oportunidad y use su gancho de izquierda,  pero el boxeador está entretenido en otros asuntos y por una situación fortuita golpea a su contrincante. El árbitro cuenta varias veces para dar un ganador, pero no puede. Para el segundo round se recupera Calahan y vence.

Salen a la calle, pasan por una pastelería donde un mensajero tropieza con una cáscara de banano y comienza así una verdadera guerra de pasteles en los cuales quedan comprometidos el dueño del almacén, el policía, la agraciada dama, el dentista, el cliente…Según el libro Guinnes Records se repartieron 10 mil pasteles en tres minutos.

Estas historias hacían reír al público de 1929.

En cinco oportunidades contrajo matrimonio. Primero con Lois Nelson con quien tuvo dos hijos, luego con Virginia Ruth Rogers, después con la cantante Vera Ivenova Shuvalova, más tarde regresó con Virginia 5 años y por último lo acompañó hasta el día de su muerte, el 23 de febrero de 1965, Ida Kitaeva.

El peor día de su vida fue el 7 de agosto de 1957. Ese día falleció Oliver, de un derrame cerebral su amigazo, con cual hasta fueron voluntarios de los Servicios Especiales del Ejército para levantar el ánimo a los soldados que enfrentaban a Hitler en la Segunda Guerra Mundial.

Por recomendación médica, no fue al funeral de su amigo.

En 1960 la Academia le entregó un Óscar Honorífico por su contribución al cine cómico.

Tenía 72 años cuando perdió un ojo, la diabetes le invadió y en una silla de ruedas veía sus películas una y otra vez.

Era el flaco genio que se hizo famoso por dejarse golpear. El mundo no sabrá cómo pagarle tanta alegría. Debe estar en el cielo dándose nubazos con sus amigos. Gran hombre que llenó de risas al cine.