De China llegó un virus cargado de…

Por Luis Felipe Salamanca

De China ha llegado un virus

cargado de crisis y desazón,

de encierro y de soledad;

¡el bicho reveló nuestras miserias!

Estábamos tan acostumbrados

a ignorarnos entre nosotros,

a eludir gestos y llamadas,

mucho más abrazos y plácemes.

Vivíamos mirándonos en el espejo

de nuestra excluyente egolatría,

y poco y nada reparábamos

en ningún pobre ni en quien llora.

Si salíamos de nuestra concha

era para desvelar secretos,

arrasar con la fama del uno

y acabar con la honra del otro.

Aficionados a llenar estadios

y a gritar goles a todo pulmón,

no se la rebajábamos al rival

a quien mirábamos sin aprecio.

El amor lo redujimos a la pareja,

hasta donde nos podía alcanzar,

y poco del cariño entre hermanos

de ese que nos hablaba Dios.

¿Qué dramatizo? ¡Puede ser!

¿Que exagero? ¡Está bien!

¿Pero cómo no sincerarnos

ahora que el virus llegó?

Ahora que no podemos salir,

estando presos sin sentencia,

cuando no podemos negarnos

ni justificar nuestra ausencia.

El confinamiento nos destapa,

muestra lo bueno y lo malo,

nuestros verdaderos valores,

también los vicios y mentiras.

El reto lo tenemos a la vista:

hacer de esta gran crisis

la mejor oportunidad

de volver a ser hermanos.

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