Por Guillermo Romero Salamanca

Feria de las Flores sin ramilletes, silletas, silleteros, música tropical, chicharrones, bandeja paisa, aguardiente antioqueño, mujeres hermosas y muchos trovadores no existiría.

Uno de los eventos centrales es el Festival de Trova.

Para ser un buen trovador se necesitan pocas cosas: saber de música, tener métrica, poseer un  repentismo –esa cualidad para improvisar sobre cualquier tema–, ser alegre, estar enterado de los temas de actualidad, llevar un humorista dentro, afinadito a la hora de cantar, poseer buena voz, disponer de sombrero aguadeño, poncho, carriel, alpargatas, guitarra o tiple, gozar de buenos riñones porque las jornadas son largas, cargar con fanaticada, sonreír como reina de belleza, pero, sobre todo, tener un buen sobre nombre.

Un trovador sin un buen apodo es como una bandeja paisa sin chicharrón, un ajiaco sin pollo, un aguardiente sin otro o una cerveza sin alcohol.

Si alguien le habla de Jorge Agudelo Madera, por ejemplo, nadie lo conoce, pero si le dicen “mazamorra”, ahí mismo saben de quién se trata.

Pablo Álvarez es “Pablito”, Jonatan González, “la pulga”, Álvaro Gustavo es “El caminante”; Julio Tulio Hernández es “Paso’e reina”; Santiago Hincapié, “El angelito”; Wilson Arias, “guarapo”; Gustavo Aristizábal, “El sardino”; Carlos Cano, “año viejo”; “Pastor Cárdenas, “Gacela”; Leonardo Henao, “Don Tranquilo”; David Hincapié, “Piropo”; Aldemar Jaramillo, “Rastrillo”; Rubén Darío Londoño, “carbón”; Henry Monsalve, “camándula”; Yeison Orosco, “natilla”; César Betancur, “Pucheros” y Germán Daría Carvajal Lopera, “Minisiquí”.

Y la lista llegaría a unos mil que vienen de Antioquia, El Eje Cafetero o el norte del Valle del Cauca.

Un repentista debe saber cómo es que se curan enfermedades, cómo se protege de tres suegras bravas, manejar cascabeles y las 31 paradas de un machete.

Dicen que trovar es facilito: sólo debe aprenderse unos diez mil versos, poseer un extenso léxico, cantar en fondas, cantinas, festivales, encuentros, ferias y ante 200 o diez mil personas.

El público no puede asustarlo, ni el sonido, ni los parlantes, ni las muchachas coquetonas que le miran desde diferentes partes del escenario. En su mente deben estar las rimas de palabras como déficit, Eternit, ajiaco, amoníaco, revólver o paranguatirimicuaro.

Pero debe saber también quién es su contrincante, dónde ha ganado, a quienes ha vencido, cuándo lleva cantando, cómo improvisa dobletiado o con otro ritmo. ¿Es de pronto bien afinado, sabe llevar la trova, qué tan rápido contesta y cómo está actualizado?

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Trovadores gruposdetrovadores.blogspot.com

Trovar se volvió una profesión y se les ve en diferentes encuentros en Antioquia, eje cafetero, Bogotá y en otras localidades del mundo como Miami, Los Ángeles, Nueva York, Chicago, en Madrid o donde haya colombianos que entiendan de esa berriondera que es  la trova.

Cuentan los sabiondos del tema que los primeros trovadores nacieron en Concordia, un municipio del suroeste de Antioquia, por los lados de Betulia, Armenia, Titiribí, Venecia. Salgar y que el gran ídolo era don Salvo Ruiz, que vivió entre 1878 y 1961 y que, desde luego, no había quien le ganara.

Gildardo Montoya, Joaquín Bedoya, Darío Gómez –el rey del despecho—y Octavio Meza también le han jalado al tema de las trovas y algunos dejaron sus rimas en famosas canciones de música montañera y picaresca.

Es posible que, en estos días, para arrancar un duelo entre versos, simplemente le digan: “Trove trove compañero, no me deje con la gana, tengo esta cabeza llena, pa’ trovarle hasta mañana”.

Y con esa ayuda, usted se despache tres horas trovando. Fácil.