UN COMEDIANTE DEPRIMIDO LLAMADO ROBIN WILLIAMS

Por Guillermo Romero Salamanca

¡Qué noticia tan triste!: el 23 de marzo de 1996, a las 3 de la mañana, fue asesinado el matrimonio compuesto por Fernando Madonado y Eglantina Covarrubias en Cuernavaca, Estado de Morelos, México. El compositor tenía 79 años y sus vidas fueron cegadas con una pistola calibre 38. Fernando era muy querido en América Latina por las letras de más de cien canciones –casi todas éxito– como “Volver, volver”, ¡Qué va!”, “Amor de la calle”, “Canta vida”, “Voy gritando por la calle”, “Me está doliendo tu ausencia” y “Payaso”.

Un año antes de morir, el gran ídolo de la canción ranchera Javier Solís, grabó en 1965 varias canciones como “Cataclismo”, “Cenizas”, “Cuatro cirios”, “Ese bolero no es mío”, “Como dijo Cristo”, “Se te olvida”, el súper éxito “Se me olvidó tu nombre”, “Se te olvida”, “Todo acabó”, “Tómate una copa”, “Y háblame” y la super canción “Payaso”.

La gente en los años sesenta cantaba y volvía a cantar las canciones del inmortal Javier Solís:

“En Cofre de vulgar hipocresía, Ante la gente oculto mi derrota, Payaso con careta de alegría, Pero tengo por dentro el alma rota. En la pista fatal de mi destino, Una mala mujer cruzó el camino, Soy comparsa que juega con mi vida, Pero siento que mi alma está perdida”.

Y seguía con un tratado de sicología en un verso: “Payaso, Soy un triste payaso, que oculta mi fracaso, Con risas y alegría, Que me llenan de espanto”.

El maestro dejó toda una historia clínica de tantas y tantas personas que fingen ser felices, pero que por dentro llevan toda una tragedia llena de incomprensión, soledad y depresión”.

La película, “Robin William: Come inside my mind”, cuenta la historia de uno del actor Robin Williams y su contribución a la comedia y al cine. Foto HBO.

El actor estadounidense Robin Williams, nacido en Chicago el 21 de julio de 1951, se preocupó en su vida por interpretar magistralmente papeles en los cuales hiciera pensar a los espectadores con sus trabajos llenos de alegría y de bondad. Se le recuerda, por ejemplo, en el “El club de los poetas muertos”, “Jumanji”, “El hombre bicentenario”, “Popeye”, “Papá por siempre” y “Parch Adams”, una historia de un médico que encuentra en la rosa un poder para curar o aliviar enfermedades. Muchos hospitales del mundo copiaron la iniciativa y tienen programas basados en el trabajo de Williams.

Patch Adams es la historia de un doctor que encuentra cómo la risa tiene el poder de curar o aliviar las más terribles enfermedades. La cinta inspiró numerosas iniciativas en hospitales del mundo para brindar sonrisas a niños con enfermedades terminales.

En marzo del 2014, en un estudio realizado por especialistas de la Universidad de Oxford, en Reino Unido y publicado por bbc.com concluyó que “los comediantes son enfermos mentales”.

“Los investigadores –dice la investigación– estudiaron a 523 comediantes (404 hombres y 119 mujeres) de Estados Unidos, Australia y Reino Unido y los compararon con 364 actores -como grupo de control- y con un grupo de 831 personas con trabajos no creativos.

Descubrieron que los comediantes tuvieron puntuaciones significativamente altas en varios tipos de rasgos de personalidad psicótica en comparación con el grupo general; particularmente en las características de personalidad tanto extrovertida como introvertida.

“Lo bueno de ser enfermo mental y comediante es que la gente siempre pensará que es un rasgo que acompaña al humor y que lo que hacemos es siempre un chiste. Es por eso por lo que a los comediantes nunca nos toman en serio, siendo que somos los que más seriamente hablamos en la sociedad”. Comenta el estudio.

Robin William no estaba normal. Había tenido problemas con sus matrimonios, se había refugiado en las drogas y cocaína y vivía con depresión.

Por eso, el 11 de agosto del 2014, el mundo se estremeció con la noticia: Robin Williams, el actor que había hecho reír a millones de personas, se había ahorcado. Al igual que la historia del payaso de Fernando Maldonado, era un triste payaso, que ocultaba su fracaso, con risas y alegrías, pero que lo llenaban de espanto.

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