UN “FOGONCITO” BOGOTANO LLAMADO LA MERCED

Por Édgard Hozzman y Guillermo Romero Salamanca

Todas las casas que conformaban el barrio La Merced tenían chimenea, pisos, gigantescas escaleras con pasamanos y algunos techos estaban adornados con listones de finas maderas. Con rejas que separaban la calle de sus jardines internos y vestíbulos con percheros y un cuarto para colgar gabardinas y paraguas.

Estaban construidas con ladrillo criollo y adornos en losas de piedra bien cortadas y en las cornisas se veían figuras de flores, rostros o ángeles encima de sus portones gigantescos y desde pequeñas adarves se anunciaban las visitas. Fueron levantadas estas gigantescas casas con las más severas normas Tudor y no se escaparon detalles hasta de sus mismas tejas rojas y exclusivas.

El barrio La Merced era el más elegante de Bogotá y de Colombia en la mitad del siglo XX. Ante la escasez de habitaciones en la Conferencia Panamericana de 1948, por ejemplo, varias de estas casas sirvieron de residencia para los invitados especiales.

El barrio La Merced limita al norte con el Parque Nacional del que lo separa la calle Treinta y seis, al oriente va con la carrera Quinta del Colegio San Bartolomé La Merced y del barrio La Perseverancia, al sur lo limita la calle Treinta y tres del San Martín y al occidente la carrera Séptima lo separa de los barrios Samper y Sagrado Corazón.

Una de las atracciones que tenía el barrio en la mitad del siglo era ver a las quinceañeras cuando esperaban su transporte escolar y la muchachada que subía al San Bartolomé, babeaba al ver a semejantes princesas.

A la  llegada al hall del San Bartolomé, los estudiantes tocaban la base de la virgen de La Merced y se santiguaban tanto de entrada como de salida. Esta efigie fue baleada el 9 de abril de 1948, daño que no se reparó y quedó como mudo testimonio de la violencia que flageló a Bogotá.

El nombre del barrio surgió cuando firmaron las escrituras los representantes de la Compañía de Jesús que buscaron nuevo campo para el colegio San Bartolomé. El 24 de septiembre de 1908 era el día de Nuestra Señora de las Mercedes.

Como dato curioso, es quizá el único barrio bogotano sin iglesia, aunque ahora sí tiene varias funerarias.

En los años 50 y 50, era el barrio de los empresarios, industriales y magnates del país y luego, con el avance de la ciudad se trasladaron más al norte y sus casonas pasaron a ser oficinas de entidades en avance, que también desalojaban el centro de la ciudad.

Esta pequeña meca “hollywoodesca” fue brotando poco a poco de las enormes casonas del muy residencial, bonito y apacible sector de La Merced, en cuya zona de influencia estaban el Colegio que le daba nombre al barrio, en el que estudió Julio Sánchez Cristo; el Parque Nacional,  la Universidad Javeriana, la Clínica de San Ignacio y la Cruz Roja Nacional.

La Merced- Diag. 34

Era la sede de la Mobil en Colombia, de Ecopetrol y también de la Embajada de los Estados Unidos.

Esta especie de distrito bogotano jamás declarado siempre estuvo asociado como por arte de magia a la industria de las comunicaciones. En su limitado territorio había de todo, como en botica: radio, televisión, prensa, publicidad; un poco de política banderiza y hasta una especie de consulado paisa (la Casa de Antioquia) que dirigía Javier “Galileo” Aristizábal, el papá de la actriz y modelo Catalina Aristizábal.

Pegada al Parque Nacional se instaló también la sede de El Colombiano en Bogotá.

Convergieron allí tres programadoras famosas de nuestra televisión desde cuando emitía su señal en blanco y negro: La de doña Alicia del Carpio, la mamá de “Yo y Tú”, con su espléndido elenco de estrellas.

Carlos Muñoz, Franky Linero, Otto Greiffestein, Delfina Guido, Consuelo Luzardo, Carlos Benjumea, Héctor Ulloa, Fernando González “Pacheco”, Hernando Casanova, Luis Fernando Orozco, Alberto Saavedra, Álvaro Ruiz, Judy Henríquez, Pepe Sánchez, Guillermo Sandino se les veía por allí ensayar sus libreros.

Jorge Barón Televisión con su “Show de las estrellas”. Y Promec Televisión, con sus timoneles Jorge Yarce y Humberto Arbeláez, que marcó impronta con series de tanto impacto como “Revivamos nuestra historia” y “Dialogando”, y fue el Cabo Cañaveral de Jota Mario Valencia para su lanzamiento como uno de los principales animadores de la pequeña pantalla.

Promec sirvió de maravillosa matriz para el nacimiento, en 1981, de Colprensa, en la pequeña cuesta de la diagonal 34 No. 5-63, en el mismísimo barrio. Allí emergió  la primera gran agencia nacional de noticias del país, constituida por los más importantes diarios regionales o de provincia, como suelen llamar desdeñosamente  a la comarca algunos empingorotados periodistas oriundos de Bogotá.  En la estructuración del equipo de reporteros actuaron los colegas Orlando Cadavid y Ángel Romero, por encargo del director general Yarce Maya. Con un rol compuesto por periodistas como César Vallejo, Arturo Jaimes, José Ramón Núñez, José Vicente Arizmendi, Giraldo Gaitán, Ayda Luz Herrera y Guillermo Romero Salamanca.

La Merced-Hontanar

La cuota radial en La Merced estuvo a cargo de RCN que por entonces tenía tres emisoras en la metrópoli capitalina: Nueva Granada, la matriz de la cadena, que en los 70 y tantos fue vendida al industrial santandereano Carlos Ardila por un grupo de empresarios antioqueños. Las o estaciones eran La Voz de la Sabana y Radio Mundial.

Cuatro paisas pasaron, en su orden, por la dirección nacional de noticias de Radio Cadena: Alberto Acosta, Fabio Rincón, Alberto Giraldo y Orlando Cadavid. Fueron sus locutores Fabio Becerra, Heliodoro Otero, Constantino Arias, Carlos Ruiz Pacheco y Narciso de la Hoz. Manejaba la parte deportiva Alberto Piedrahita. Dirigía y realizaba El Corcho el genial humorista Humberto Martínez. Las aventuras de Montecristo llegaban por FM desde La Voz de Medellín.  La cadena de las 3 consonantes lio bártulos a la Torre Sonora, del Barrio Teusaquillo cuando entró en saludable etapa de crecimiento.

A pocas cuadras también funcionaba la cadena Coral de la familia Espinosa, que tenía como eje a Radio Juventud y administraba unas seis emisoras en AM en el país.

También hizo parte del acogedor vecindario mercedeño, donde empezaba la pequeña cuesta de la 34, Propaganda Sancho, la prestigiosa marca que creó e hizo famosa, en Manizales, don Arturo Arango Uribe, y que su hijo Álvaro convirtió en una de las firmas publicitarias más importantes de Colombia.  Diagonal a la casona de Colprensa estaba la firma “Holguín y Asociados”, que manejaba importantes pautas nacionales.  A dos o tres casas funcionaba “Consigna”, la revista turbayista que dirigían los ex ministros Carlos Lemos y Jorge Mario Eastman.

Armando Plata Camacho tenía su oficina de comunicaciones, justo al frente de la agencia. Estaban unas casas arriba, las oficinas de Roberto Echeverry, empresario artístico, quien fue el primero en traer a Paco de Lucia y Joan Manuel Serrat. Tiempo después se montó por allí también la casa del Valle del Cauca.

La merced- Casa estilo Tudor

La calle 34 era el eje del barrio. Comenzaba en la Avenida Caracas y comenzaba con la presencia del Teatro Teusaquillo donde se exhibieron películas de historia como Los Doce al Patíbulo y Los 10 Mandamientos.

Al frente estaba La Casa Mendoza, que en los años ochenta, servía una gigantesca bandeja paisa y el dueño les fiaba a periodistas y locutores sus pedidos alimenticios o cuando iban allí a libar.

De ingrata recordación, el 17 de junio de 1986, por la avenida quinta, a las siete de la mañana, una grúa embistió en un ataque terrorista contra el carro que llevaba al entonces Ministro de Gobierno Jaime Castro, quien concedía una entrevista al periodista Antonio José Caballero. Después del choque, que por milésimas de segundos, no ocasionaron la muerte de los ocupantes, guerrilleros del M-19 balearon el vehículo y asesinaron a un escolta.

Años atrás se recuerda también las extrañas circunstancias como fue asesinado, cerca de allí, el popular boxeador “Mamatoco”.

La Merced es uno de los emblemáticos barrios de la clase empresarial de Bogotá. Gracias a las normas de conservación de estas propiedades, las construcciones se niegan a darle el paso a las grandes edificaciones.

 

 

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