UNA NOCHE DE JOE ARROYO PARA OLVIDAR

Por Guillermo Romero Salamanca

“¡Qué vaina!”, dijo Joe Arroyo esa noche de septiembre de 1998 en Cartagena cuando se bajaba de la tarima después de hacer un show de una hora con temas como “Tania”, “Mary”, “En Barranquilla me quedo”, “El ausente”, “Centurión de la noche”, “No me dejan quererte” y “La guarapera”. 

El mismísimo Víctor “El Guachi” Meléndez, corista de Joe Arroyo y La Rebelión también descendió las escalas extrañado por la actitud de los casi 3 mil asistentes al evento y que no bailaron una sola canción. Se tomó un sorbo de agua y exclamó: “Esto está raro”.

Joe estaba asustado.

Moisés de la Cruz, el promotor e impulsador en ese momento de la champeta, que comenzaba a tomar vuelo como un ritmo novedoso, también se extrañó por la actitud del público y lo aclaró: “Es que acá sólo hay cachacos”.

Joe era en ese momento el artista vendedor de Discos Fuentes. Javier García Muñoz lo vendía en el mundo entero y hasta de regiones distantes del África pedían temas de este ídolo cartagenero. El viejo Isa, cómo le decían a Isaac Villanueva, decía que quien mejor interpretaba sus composiciones era Joe Arroyo, entre ellas, el inmortal “Ausente”.

Joe dominaba el concierto musical de la salsa en Colombia. Cantaba, incluso el tema que Roberto Solano le dio “Los charcos”, una película sobre una muchacha llamada Rosario que va glamurosa y de pronto se viene un tremendo aguacero, resbala y cae”. No se podía dejar a un lado “El cocinero mayor”, “El patillero” y la de siempre, la de los jóvenes bogotanos que desafiaban los alrededores de “El Goce pagano” en la calle 23 para escuchar “No me dejan quererte”, interpretado por Wilson Manyoma.

Joe ya había ido en 1998 a buena parte de América, era reconocido en Estados Unidos, Puerto Rico, Perú, Venezuela, Panamá y en casi todo el país. Era la voz de la salsa en Colombia y, además, imponía un nuevo ritmo “el joesón”.

Pero esa noche fue distinta.

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Foto Sony Music.

El empresario artístico Ángel Torrens tuvo la idea de hacer un “mano a mano” entre dos ídolos y lo tituló el Concierto Costeño y Cachaco. Por un lado, anunció al natal Joe Arroyo y su orquesta La Rebelión y por el otro a Darío Gómez, “el rey del despecho”.

Quien abrió el espectáculo fue Joe y después de unas 8 canciones, el público comenzó a corear “Darío, Darío, Darío”.

Unas semanas atrás, la revista Viernes Cultural había sacado una portada con el ídolo de Cartagena. Jorge Navarrete, el diseñador, tuvo la “genial” idea de ponerle un diente –el de la sonrisa que no tenía el vocalista–, blanquearle los ojos y a punta de Photoshop le quitó las cicatrices que tenía en las mejillas. “Es que este man es muy feo”, dijo cuando dio su explicación sobre la operación que había hecho para la carátula. Quedó raro, la verdad.

Joe subió al rato a la tarima y trató de animar al público boyacense, santandereano y rolo que estaba en el lugar con lo mejor de su catálogo, pero la respuesta fue mínima. Para un artista de su talla, aquello era doloroso. Era una noche para olvidar.

Y lo fue más cuando subió Darío Gómez, “El rey del despecho” y comenzó a cantar: “Cuando te perdí, sentí un dolor, sin ti a mi lado no creí que pudiera sobrevivir” y los asistentes siguieron a todo pulmón: “pero en las noches que pasé tan preocupado por tu amor, vi tu error, me he sobrepuesto ya sin ti aprendí a vivir”.

Y después todos cantaron también “El rey del despecho”, “El caso de dos mujeres” y el sitio casi se levanta cuando llegó “El rey del despecho”.

Joe, desde una equina veía ese espectáculo.

La gente decía que eso le pasaba por haberse ido de Cartagena, pero después Joe tuvo muchas oportunidades para reivindicarse con su pueblo. Pasó de Fuentes a Sony, luego regresó y comenzó a enfermarse, primero con isquemia, tiroides, problemas renales y el 26 de julio del 2011 marchó al cielo de los cantantes.

Se iba el hombre que había tenido millones de noches de aplausos y una triste en Cartagena, su tierra.

 

 

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