UN HIMNO DE 30 AÑOS TITULADO “MI VALLE DEL CAUCA”

Guillermo Romero Salamanca

Quienes van o salen de la Feria de Cali, cuando pasan por los cañadulzales, sienten su olor o pasan por algunos de los municipios de ese mágico departamento tienen la obligación de escuchar “Mi Valle del Cauca” del Grupo Niche.

Más de una lágrima rodará por sus mejillas cuando suben o bajan por la famosa Línea, cuando pasan por el puente de Cartago vía a Medellín, salen o llegan de Popayán y escuchan los compases de esa canción compuesta por el maestro Jairo Varela.

Tendrían que ser muy valientes para no sentir nostalgia por tantos recuerdos de niñez o de juventud. Amores y desamores pasarán por sus mentes. Reuniones y bailes. Sentirán abrazos y besos furtivos al escuchar este hermoso himno.

El connotado periodista y escritor Umberto Valverde le preguntó al maestro Jairo Varela: “¿Mi Valle del Cauca fue una inspiración viniendo en un vuelo desde Bogotá, cuando viste la geografía del Valle?”.

El director y creador del Grupo Niche contestó: “Sí. Uno ve los diferentes municipios del Valle del Cauca y ve un mensaje de unión porque analizamos un departamento donde convivimos diferentes etnias y culturas con influencia de los antioqueños en la parte norte del Valle, lo que es Cartago, Caicedonia y Sevilla. Está la parte pacífica y demás y eso es algo que uno hace y les sirve a los niños para una clase de geografía. Se me ocurrió la idea, agradecido en ese momento con Dios que me dio la oportunidad de conocer y vivir con la gente que uno ama”.

Y Umberto le volvió a interrogar: “¿En qué municipio del Valle –diferente a Cali y Buenaventura- que hayas ido a un concierto has sentido una conmoción con el tema “Mi Valle del Cauca”?

Sin dudarlo, Jairo Varela, le respondió rápidamente:En todos, sobre todo cuando recién salió el tema y fuimos a Guacarí, Bugalagrande, Buga, Cartago. En Buenaventura fue apoteósico. Yo vivo sin palabras para agradecer a la gente que nos ha empujado a la fama, por esa costumbre de ser demasiado humilde no alcanza a imaginar lo que para un vallecaucano es Mi Valle del Cauca o para un caleño el Cali Pachanguero”.

“Mi Valle del Cauca” se grabó en 1988, en medio de una crisis por la cual atravesaba el Grupo luego de la salida de sus integrantes. Jairo llamó entonces a César Monge y le dio la responsabilidad de las voces a Humberto Luis Gómez Rivera, conocido en el mundo de la salsa como Tito Gómez.

El mismo Fernando López Henao, vicepresidente de Codiscos quedó estupefacto cuando escuchó cada uno de los temas. Felicitó a Jairo –con abrazo incluido– cuando llegaron al sexto tema del álbum –que se titularía “Tapando el hueco” y que acompañaría canciones como “Nuestro Sueño”, “Cómo podré disimular”, “Tapando el hueco”, “María Concepción”, “Las mujeres están de moda”, El amor vendrá” y “Brilla el sol”—y era precisamente “Mi Valle del Cauca”.

“Eran, de verdad, ocho verdaderos éxitos. No se sabía cuál sería el objetivo. Todas las emisoras querían en exclusiva el disco. Nos llamaban de Jorge Barón, Julio Sánchez Vanegas, RCN, Caracol para hacer musicales en televisión y decenas de periodistas los querían entrevistar. Fue un hit aquel año para el Grupo Niche y para Codiscos”, reconoce Fernando López Henao.

El álbum contó con las voces del propio Jairo Varela y de Tito Gómez. El bajo lo hicieron Israel López “Cachao” y Johnny Torres; el bongó lo grabó Iván Sierra; las congas estuvieron a cargo del genial Diego Galé; los timbales del magistral Jaime Galé; los trombones los ejecutaron César Monge y Moris Jiménez y la trompeta estuvo a cargo de Luis Aquino.

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Carátula con caricatura del álbum “Tapando el hueco”, presentado por Codiscos.

El maestro Varela mencionó entonces en su himno a Tuluá, Buga, Cartago, Obando, Buenaventura, Palmira, Florida, Amaime –un corregimiento de El Cerrito–, el propio El Cerrito, un pueblo Andaluz –que hace mención a Andalucía–, Pradera, Candelaria, Ginebra, La Paila –corregimiento de Zarzal–, El Dovio, Zarzal, Sevilla, Cachimba –zona rural de Vijes–, Restrepo, Versalles, El Cairo, Guachinte –corregimiento de Jamundí–, El Ceilán, Roldanillo, Bugalagrande, Dagua, La Cumbre, Yotoco, El Salado –vereda de Dagua–, Yumbo, Vijes, Toro, La Unión, La Victoria, Darién, Caicedonia, Anserma, Guacarí, Jamundí y Santiago de Cali.

Al maestro se le olvidó mencionar a El Águila, Bolívar, Argelia, Alcalá, Riofrío, San Pedro, Trujillo y Ulloa, pero de todas formas las cobija cuando dice: Esta es mi tierra bonita, que embriaga mis sueños, con tantos parajes y al desprevenido horizonte, en cualquier momento lo vuelve paisaje. Esta es mi tierra bonita, jardín que brotó de la naturaleza, riendo entre dos cordilleras, que celosas protegen mi tierra preciosa”.

Y después agregó: Y quedó oliendo a café/ Quedó sabiendo a guarapo/Con rico sabor de caña/ El Cauca dejó la montaña/ Dando vida a mi tierra bonita/ Dando nombre a mi tierra preciosa”.

En uno de sus pregones, el maestro utilizó una palabra que no aparece en ningún diccionario: “Coplasmando” al referirse al verdor del Valle del Cauca.

Al preguntarles a varios vallecaucanos sobre el significado de este vocablo no supieron responder.

El profesor y estudioso del idioma castellano, Fernando Ávila Gómez conceptuó al respecto: “co-” significa ‘reunión’, ‘cooperación’ o ‘agregación’, como “copropietario”, “colega”, “compadre”. y plasmar, aquí lo entendería como ‘dibujar’. Pero podría ser una licencia poética en la que se quiere decir “como plasmando” (‘como dibujando’), pero le sobre una sílaba por razones de métrica. Y la elisión da como resultado “coplasmando”.

Es un himno perfecto que permanecerá hasta la eternidad.

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