En una época en la que el consumo digital hace parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes, una de las enseñanzas más valiosas que pueden transmitir las familias es la educación financiera. Comprender el valor del dinero, aprender a ahorrar y desarrollar hábitos de consumo responsable son herramientas que les permitirán afrontar con mayor criterio los desafíos económicos del futuro.
Este nuevo contexto plantea tanto oportunidades como responsabilidades para las familias. Si bien la tecnología ha democratizado el acceso a productos, servicios y herramientas financieras, también ha reducido las barreras entre el deseo y la compra, haciendo que las decisiones de consumo sean cada vez más rápidas e intuitivas. Por ello, formar a niños y jóvenes en temas como el ahorro, la planificación y la gestión responsable del dinero resulta fundamental para que puedan desenvolverse de manera consciente en la economía digital.
Y es que, según un Reporte de Inclusión Financiera de la Superintendencia Financiera y Banca de las Oportunidades, el 96,3 % de los adultos colombianos cuenta con al menos un producto financiero, mientras que 37,1 millones de personas tienen algún producto de depósito, principalmente cuentas de ahorro. Es decir, el acceso al sistema financiero sigue creciendo, sin embargo, el reto ahora es avanzar hacia un uso más consciente y responsable de estas herramientas.
En este contexto, las familias cumplen un papel fundamental en la formación de hábitos financieros que acompañarán a niños y jóvenes durante toda su vida. Más allá de transmitir patrimonio, tienen la oportunidad de enseñar habilidades esenciales como el ahorro, la planeación y la toma de decisiones responsables, herramientas que les permitirán desenvolverse con mayor confianza en un entorno cada vez más digital.
«En un mundo donde las decisiones de compra se toman cada vez más rápido, la educación financiera debe comenzar desde edades tempranas. La mejor herencia que podemos dejar a las nuevas generaciones no es únicamente económica, sino la capacidad de comprender el valor del dinero, tomar decisiones informadas, ahorrar con propósito y utilizar responsablemente las herramientas financieras que tendrán a su alcance», afirma Maria Clara Hoyos, presidente ejecutiva de Asomicrofinanzas.
Pero ¿qué recomendaciones o hábitos cotidianos deberían tener en cuenta los padres para enseñarle a ahorrar a sus hijos? Hoyos expone:
1. Hacer visible el valor del dinero: La digitalización ha simplificado los pagos, pero también ha hecho menos evidente el esfuerzo que existe detrás de cada compra. Explicar cómo se generan los ingresos familiares, cómo se distribuyen los gastos y la importancia del ahorro para alcanzar una meta ayuda a que los hijos comprendan que los recursos son limitados. De igual manera, es clave enseñarles desde muy pequeños a guardar el 10 % de sus ingresos o de sus gastos mensuales/semanales para, de esta forma, fomentar una cultura de ahorro.
2. Enseñar a diferenciar deseos y necesidades: Las redes sociales y las plataformas digitales exponen constantemente a los jóvenes a nuevas formas de consumo. Aprender a priorizar se convierte entonces en una habilidad esencial. Antes de realizar una compra, los padres pueden promover preguntas sencillas: ¿lo necesito?, ¿puedo esperar?, ¿existe una alternativa más conveniente?
3. Convertir el ahorro en una meta concreta: Los niños suelen comprender mejor el valor del ahorro cuando este tiene un propósito definido. Ahorrar para un libro, una bicicleta, un viaje o un dispositivo tecnológico permite relacionar el esfuerzo con una recompensa tangible y fortalece la capacidad de planificación.
4. Dar ejemplo desde el hogar: Los hábitos financieros se aprenden observando. Cuando los hijos ven a sus padres comparar opciones antes de comprar, planificar gastos, evitar el sobreendeudamiento o destinar recursos al ahorro, reciben lecciones que difícilmente podrían obtener únicamente a través de la teoría.
5. Aprovechar la tecnología como aliada: La respuesta no está en alejar a las nuevas generaciones del mundo digital, sino en enseñarles a utilizarlo de manera responsable. Aplicaciones de ahorro, presupuestos familiares y herramientas de seguimiento de gastos pueden convertirse en aliados para desarrollar disciplina financiera desde edades tempranas.
El desafío es especialmente importante porque los comportamientos financieros adquiridos durante la infancia suelen acompañar a las personas durante gran parte de su vida adulta.
En una época caracterizada por la inmediatez, enseñar a esperar, planificar y ahorrar puede parecer una tarea contracorriente. Sin embargo, es precisamente esa capacidad la que permitirá que las próximas generaciones enfrenten con mayor seguridad un entorno económico cada vez más digitalizado.
Porque, al final, la verdadera herencia no se encuentra únicamente en los bienes que se dejan, sino en las herramientas que se transmiten para administrar las oportunidades del futuro.
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