Victoria Taylor, dietista de la British Heart Foundation explica cómo influye el horario de las comidas en el peso, el azúcar en sangre y la salud.
La hora a la que hacemos nuestra última comida del día podría tener más importancia de la que pensamos. Aunque todavía no existe una hora exacta que pueda recomendarse para todo el mundo, las investigaciones apuntan a que concentrar la ingesta durante el día y evitar comer a altas horas de la noche podría beneficiar a la salud.
Victoria Taylor, dietista sénior de la British Heart Foundation (BHF), explica que no solo importa cuántas calorías consumimos. El momento en el que ingerimos los alimentos también puede influir en la manera en que el organismo utiliza esa energía y, por tanto, en factores como el peso, el colesterol o los niveles de azúcar en sangre.
El cuerpo no procesa igual los alimentos a todas horas
Los científicos todavía no conocen por completo los mecanismos que explican esta relación. Una de las hipótesis apunta a que el organismo podría gastar más energía en la digestión durante las primeras horas del día. Otras investigaciones señalan las diferencias en la utilización de la energía a lo largo de la jornada y el papel de los ritmos circadianos.
Estos ritmos constituyen el reloj biológico interno que regula numerosos procesos del organismo y están adaptados a un patrón en el que comemos durante el día y dormimos por la noche. Alterar ese ciclo mediante comidas muy tardías podría tener consecuencias metabólicas.
La relación también se ha estudiado en el caso del desayuno. Algunos estudios observacionales han relacionado saltarse esta comida con un mayor riesgo de obesidad y con niveles más elevados de colesterol LDL, conocido como colesterol «malo». Sin embargo, los ensayos clínicos que han comparado directamente desayunar frente a no hacerlo han obtenido resultados más variados.
Por ello, Taylor señala que todavía hacen falta investigaciones más amplias y prolongadas para determinar hasta qué punto el horario de las comidas influye en la salud.
¿Qué ocurre si cenas demasiado tarde?
La situación cambia especialmente cuando trasladamos buena parte de la ingesta a las últimas horas del día. Existen indicios de que comer tarde por la noche puede estar relacionado con un mayor riesgo de obesidad y con una peor regulación de la glucosa.
Una posible explicación está precisamente en el funcionamiento del reloj biológico. Durante la noche, cuando el organismo se prepara para dormir, su metabolismo no funciona exactamente igual que durante el día.
Por eso, más que buscar una hora universal para cenar, la cuestión podría estar en cuándo dejamos de ingerir alimentos respecto al momento en el que nos vamos a dormir.
La importancia de dejar horas sin comer durante la noche
La alimentación con restricción horaria, conocida como TRE por sus siglas en inglés, estudia precisamente esta cuestión: limitar el periodo del día durante el que se consumen alimentos y dejar una ventana más amplia sin comer durante la noche.
Según Taylor, en Reino Unido muchas personas pasan alrededor de 14 horas desde el primer alimento del día hasta el último, lo que deja unas 10 horas de descanso nocturno. Algunos trabajos han relacionado los periodos nocturnos más cortos sin comer con un aumento de peso y alteraciones en los niveles de azúcar en sangre.
Por el contrario, ampliar el intervalo nocturno sin ingerir alimentos podría tener algunos beneficios, como una reducción de la presión arterial y del peso, aunque la evidencia todavía no permite establecer conclusiones definitivas.
El problema es que los estudios sobre alimentación con restricción horaria han utilizado ventanas de alimentación muy diferentes, de entre cuatro y 13 horas. Además, buena parte de las investigaciones se han realizado durante periodos relativamente cortos, por lo que todavía no está claro qué efectos tendría mantener este patrón durante años.
Entonces, ¿a qué hora hay que dejar de comer?
La respuesta de la ciencia, por ahora, no es una hora concreta. No existe una regla que establezca que todo el mundo debe terminar de comer, por ejemplo, a las 20:00 o a las 21:00. Lo que parece más razonable es mantener horarios regulares, concentrar una mayor parte de la alimentación durante las horas diurnas y evitar las comidas habituales a última hora de la noche.
Además, Taylor subraya que no está claro que reducir mucho la ventana de alimentación sea necesariamente mejor para todas las personas. Una estrategia demasiado restrictiva podría resultar difícil de mantener y también interferir con la vida social, la actividad física o incluso favorecer elecciones alimentarias menos saludables.
Por este motivo, los expertos piden prudencia antes de convertir la alimentación con restricción horaria en una recomendación general.
La dieta sigue siendo más importante que el reloj
Aunque el horario de las comidas puede influir en determinados procesos metabólicos, todavía es demasiado pronto para saber exactamente cuánto importa frente a la calidad de la alimentación. La propia Taylor señala que, por ahora, conseguir una dieta sana y equilibrada es más importante que determinar una hora concreta para comer. Mantener cierta regularidad y procurar comer más temprano durante el día, evitando las ingestas habituales a altas horas de la noche, probablemente no sea perjudicial y podría aportar beneficios para la salud.
En definitiva, la pregunta no parece ser tanto «¿a qué hora exacta tengo que dejar de comer?» como «¿cuánto de mi alimentación estoy concentrando durante la noche?». La investigación continúa para determinar cuál es la ventana de alimentación más adecuada y si sus posibles beneficios se mantienen a largo plazo.
Textos y fotos: www.elmundoalinstante.com
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