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Alarma en Colombia: ¿Quién podrá salvarnos?

Por Esteban Jaramillo Osorio

No hay besos a la cámara ni estrepitosas celebraciones. Tampoco hay respuestas. Ni en el juego, ni en la actitud, ni en las palabras.
Colombia hoy es un equipo manso, sin carácter, sin rebeldía, sin conexión con la gente. Se diluyen las esperanzas, al mismo ritmo que se apaga su fútbol.
Ante Francia, la rendición fue prematura e inquietante. El rival jugó con equipo alterno, de laboratorio, con el lujo de guardar en el banco de relevos, cientos de millones en talento puro: Mbappé, Olise y Ekitike. Cuando entraron palpitó la goleada.

Francia habla un idioma en el fútbol que Colombia olvidó. El del balón. Con técnica, oficio, ritmo y estrategia. Todo lo que escasea en el equipo nacional.

Para Colombia, los dos últimos partidos, incluido el de Croacia, no fueron los esperados baños de calidad. Fueron realidad. No hay evolución, ni consolidación. Tampoco la anunciada renovación desde que empezó este proceso.
No hay dinámica, ni automatismos, porque poco se trabaja. Aferrado a las individualidades como Díaz cuando está enchufado y Montero quien responde pese a los goles recibidos.

Corre o trota, pero piensa poco. No construye. Muchas piernas, sin ideas creativas para atacar, con contragolpes sin soluciones frente a la portería.

Lejos de los estándares de un mundial, Colombia no tiene un juego continuo y combinado, sus toques son inofensivos, lateral es la circulación con la pelota, sin asumir riesgos.

Algunos de sus jugadores pesan por su pasado, pero no por su presente. James, Mojica, Muñoz y Ríos están en horas críticas.

Es el juego imperfecto de Colombia, sin el espíritu competitivo que antes lo sostenía, expuesto al azar, a las contingencias y a la tiranía de los resultados.
No impone diferencias conceptuales, numéricas, posicionales, cualitativas, dinámicas o socio afectivas.

No hay plan B. Tampoco plan A. No hay patrón de juego definido, ni repliegue con presión intensa y coordinada. La defensa no se ordena, se amontona. Sufre en el fútbol aéreo.

La reacción final, con los relevos y el descuento, en el reciente partido, fue un espejismo. Ya Francia estaba relajada y pensaba en otra cosa.

Llega la hora del esfuerzo extra. De dar más de lo que se tiene. De tomar conciencia de la envergadura del reto de estar en una cita cumbre del balón.

Sin lamentaciones, con tolerancia cero a los errores, con ajustes en los fallos y decisión en las correcciones. La hora de los juicios constructivos, de las advertencias. De encontrar el mejor equipo y el mejor rendimiento sin pensar en roscas y en amigos.

Para evitar un derrumbe ruidoso o una tragedia futbolera. 

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