Por Gabriel Ortiz
Nunca antes Colombia había enfrentado un deterioro tan ruinoso e incomprensible como este que soportamos desde el 7 de agosto de 2022. No existe seguridad, salud, justicia, empleo, educación, gobierno, normatividad, libertad, democracia, paz, plena constitución, ni oriente alguno, que avizore un mínimo rescoldo de salida.
Empezando por un presidente que busca gobernar desde la estratósfera de las redes, las ondeantes banderas del M 19, narcoguerrilla triunfante y la más consentida y agobiante corrupción, mientras y un pueblo sólo imaginado por él, al que no puede ingresar toda la población colombiana. Ni siquiera todos aquellos lo llevaron al poder, porque muchos hoy lo aborrecen y le gritan ¡fuera Petro!
Es a él, a quien se acusa del desbarajuste y la ruina hacia donde conduce a Colombia utilizando como deporte favorito el insulto, la pelea, el “madrazo” a quienes se aparten de sus órdenes, aquí y en el exterior. Nunca ha entendido que las relaciones, si son buenas permiten alcanzar los reales beneficios que los gobernados persiguen para alcanzar vidas amables, productivas, llenas de alegría y beneplácito que hagan grata la existencia.
Solo se dedica al goce, de sus interminables viajes, “jugarretas” a un liderazgo internacional, desapariciones en tierras extrañas, costosas concentraciones en plazas públicas, en las que últimamente se rodea de los más peligrosos asesinos, narcos y antisociales, dizque para alcanzar la esquiva paz total.
Este político que dice gobernarnos considera que puede pasar sobre todo y sobre todos. Traiciona a sus más cercanos amanuenses, después de haberlos exprimido, mientras insulta a Estados Unidos, a Francia y a los otros países europeos.
Exhibe su débil arrogancia frente a propios y foráneos, expresando que no se arrodilla ante nadie y que tiene dientes para mostrar a los grandes, a los que luego se agacha.
En su última carta a Trump, conocida tardíamente, -23 de junio- que nadie le estaba pidiendo, y mucho menos los del hemisferio norte, baja sus humos y debilita sus rodillas y le pone dientes de leche.
Todo parece provenir de su –“destituida”- canciller Laura, que nuevamente lo salva. Ella logró ponerlo en cintura cuando devolvió los aviones con los colombianos deportados por Trump. También bajó el voltaje con el norteamericano y su secretario de Estado Rubio. Sin embargo, el recién llegado a la Casa de Nariño, el tal pastor Alfredo “sed de mandato”, le pidió la renuncia a la canciller, la cual se va dejando sin respaldo moral y prudente a un gobernante que seguirá destruyendo al país, por la ausencia de que está allí, por ausencia del santandereano Rodolfo, quien abandonó la contienda electoral.
La carta que se conoció esta semana, podría bajarle de todo la arrogancia, presunción y soberbia a Petro, para que nuestro país entre a negociar los aranceles y demás temas que pueden mejorar nuestras relaciones comerciales y a lo mejor nos de la certificación.
¿Lo entenderá Petro?
BLANCO: La salud no tiene remedio en Colombia, dice informe de la Contraloría. La administración Petro la destruye y demuestra una vez más su mal gobierno. Y Jaramillo con su nepotismo ahí.
NEGRO: Muchas capturas, muchas declaraciones, pero nada sobre los autores intelectuales del atentado a Miguel Uribe.
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