Por Gabriel Ortiz
Al presidente Petro todo le llega tarde, lo anima, o estimula. Es su costumbre desde tiempos inmemoriales. Las cero horas que restan, las dedica a preparar últimos “regalos” para este pobre pueblo.
Cuando solo le quedan meses en el cargo, lo acosan sus adicciones y tantas cosas más que ha utilizado para martirizar a buena parte de los 50 millones que esperan ese 7-8-26 para su liberación.
El desastre económico en que deja a Colombia, lo ha precipitado a escudriñar por todas partes el dinero que aún falta para comprar votos que le garanticen seguir el poder, o “montar” a Cepeda para continuar el holocausto en que nos encontramos.
La alharaca que ha utilizado para atormentar a los ricos y mantener tarima para ganar adeptos entre los pobres, se le ha desgastado y quiere reconquistarla con los avalúos catastrales, pero se le fue el hueso al pozo.
El dinero que quiso saquear a las familias agrícolas pobres, humildes y desamparadas para comprar votos, se le esfumó con las protestas de este pueblo valiente.
Los menesterosos que creyeron en Petro como su redentor, han sentido la daga de un gobernante que no tiene inconveniente alguno en darles el mismo tratamiento que aplica a los ricos que él explota.
Al igual que hizo durante los “estallidos sociales”, cuando atropellaron y asesinaron humildes policías en los CAI, esta vez sin esa violencia, estos pobres campesinos salieron a protestar, por los exagerados impuestos que aplicaron a sus pequeñas parcelas. Petro calificó de ricos y explotadores a este pueblo que hoy protesta, pero antes lo respaldaba.
Y fue más allá, para amenazar, como cualquier dictador de república bananera con destituir a los alcaldes y gobernadores que no presionaran al pueblo que estaba protestando por la expropiación de sus parcelas.
Como todo le llega tarde desconocía, que en Colombia estos funcionarios son elegidos por el pueblo, el mismo que votó por él, sin sospechar a donde nos conduciría con medidas como el fatal incremento del 23.7% al salario mínimo que ha producido una de las mayores inflaciones que se recuerden y más de 90.000 desempleados.
Hoy en Colombia la depresión e insolvencia se posa sobre todas las actividades. La mortandad de compatriotas se ha generalizado con la gestión de Petro y Jaramillo en los servicios de salud. Los educadores que le aportaron 500 millones de pesos a la campaña carecen de salubridad. Las colas de pacientes son interminables. La politiquería y el populismo, no alcanzarán a esconder la pésima gestión de Petro y sus ministriles y corchetes.
BLANCO: La complacencia de los gobernadores reunidos con los candidatos a la presidencia en la Universidad de la Sabana. Cepeda, ni asistió, ni leyó sus propuestas de gobierno.
NEGRO: La excelente reportera de Caracol: Luisa Fernández Soto entrevistó a una familia en Cartagena, que denunció la situación de los pobres en este gobierno: no conecta la nevera, por el costo de la luz y por carecer alimentos para usarla.
También puede leer:
Tras un año al aire consolidándose como uno de los espacios de conversación y debate…
Bogotá será escenario de una historia que cambió el rumbo de la tecnología global. El…
Las motocicletas lideran la movilidad en Colombia. Hoy superan el 60% del parque automotor, según…
La gente se está dando cuenta de cómo escribe Chat GPT y están cansándose de…
*El Mundo* *Pakistán ratificó su rol de mediador entre Estados Unidos e Irán: “No nos…
Todos los niños merecen la oportunidad no solo de crecer, sino de crecer bien. Sin…