Por Esteban Jaramillo Osorio
*Los relevos que asoman*
“Cuando naces para el martillo del cielo te caen los clavos.”
Néiser Villarreal puso freno con sus goles a las turbulencias que le perseguían. Se consagra en el mundial como lo hizo en Venezuela en el Suramericano.
Su rebeldía y sus conflictos con Millonarios, tuvieron una justificación, inducida por su empresario. Quiso su libertad de acción en el mercado y la logró. Diferente a Jhon Jader Durán, rebelde sin causa, rehén de su patanería.
Punta de lanza en el trabajo del equipo de Colombia, que tuvo la madurez para sortear las dificultades del partido ante España, rival que nunca lo tuvo fuera de combate. Impactantes fueron su olfato, su precisión al definir y su oportunismo.
Su triplete lo convirtió en el eje de un espectacular partido, disfrutado y sufrido de principio a fin, con eléctrico trámite y resultado incierto, para eliminar a España, que le permitió a Colombia clasificar a semifinales y rotularse como uno de los favoritos.
El lance fue un manjar por todas las emociones que produjo. Un festín para los sentidos. Lo jugó Colombia con extrema aplicación, vértigo y técnica en los pasos al ataque, superioridad en los duelos y profundidad en sus pases. Con ofensiva dinámica, imponencia física, velocidad y reacción.
Las cualidades en el juego, desbordaron los elogios y justificaron el triunfo. Uno de los más importantes de la historia en la categoría, que exhibió otros jugadores con clase como Jordan Barrera un exquisito que apunta a ser el sucesor de James Rodríguez, González un mediocampista de ida y vuelta y los centrales García (ausente esta vez), y Mosquera, con solidez en sus acciones.
ANTE MÉXICO
Los pases magistrales, típicos del fantástico James, tan sutiles, tan suyos, con influencia en tres de los cuatro goles, tan precisos, tan deliciosos y el cañonazo de Lerma, sin dejar caer la pelota cuando le pegó con el alma, que ningún mexicano vio, pagaron el boleto.
Colombia, la de Lorenzo, aplastó a los aztecas, los dejó en rines. Rivales, esta vez, de pacotilla. Los debilitó y erosionó a medida que pasaron los minutos, ante la afición colombiana eufórica y la tribuna mexicana, desconcertada.
Estupendas fueron las maniobras de gol, con efectos anímicos entre los aficionados, que empiezan a cultivar el sueño del mundial.
Luis Díaz, el socio ideal del talentoso «10», reafirmó como siempre sus cualidades de futbolista serio y efectivo, en el equipo alternativo que enseñó el entrenador, moldeando la nómina que irá a la próxima cita orbital.
Fue un día inolvidable, con encanto, en el que Colombia rompió las redes siete veces con talento y ambición. Algo infrecuente. Goles desde el juego y desde las genialidades que hicieron real, el tantas veces imaginario mundo de las victorias.
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