Colombia se ha convertido en el tercer país de América Latina en materia de ciberataques, según informes recientes de FortiGuard Labs. Los ataques semanales ascienden a más de tres mil y han generado pérdidas millonarias.
No es un panorama nuevo. La transformación digital sigue avanzando al mismo tiempo que la ciberdelincuencia, una lucha a la que las empresas llevan enfrentándose desde hace décadas, a veces en desventaja, ya que los ataques parecen avanzar más rápido que las defensas. El método usual ha sido detectar las vulnerabilidades, categorizarlas y ocuparse de las más críticas.
Eso ya no es una opción en estos momentos. La Inteligencia Artificial está reduciendo drásticamente el tiempo que transcurre entre el hallazgo de un fallo y su explotación por parte de actores maliciosos. Ya no es viable solo acumular alertas sin hacer reparaciones inmediatas, a menos que se quiera poner en peligro la continuidad de las operaciones.
De acuerdo con un reciente artículo publicado por EPAM, empresa líder en transformación digital e inteligencia artificial con presencia en Colombia, la IA actual tiene la capacidad de mapear y conectar múltiples vulnerabilidades menores en cuestión de minutos para crear rutas de ataque complejas y de alto impacto, reduciendo a solo días u horas una respuesta defensiva que antes podía tardar meses.
“La ciberseguridad no es solo una cuestión de tecnologías de la información, sino también una cuestión estratégica para la empresa, ya que afecta directamente a las operaciones y a los resultados financieros”, explica Fernando Silvestre, Managing Director de EPAM Colombia. “No sirve de nada identificar fallas si la reparación se tarda semanas o meses. Un ciberataque sofisticado puede paralizar los sistemas centrales en tiempo récord, interrumpiendo servicios y disparando pérdidas económicas”.
Esta desconexión operativa entre la velocidad de detección y la capacidad de reparación está elevando los costos de infraestructura y de auditoría en las grandes organizaciones. Si para verificar y aplicar parches de seguridad todavía se depende de procesos manuales y fragmentados, el gasto en recursos será excesivo analizando alertas en lugar de eliminarlas de raíz.
El análisis de EPAM explica que la ciberresiliencia debe abordarse como un reto de ingeniería de principio a fin. Para evitar que los ciberataques provoquen pérdidas económicas, las empresas necesitan flujos de trabajo automatizados capaces de corregir las vulnerabilidades y proteger los sistemas directamente dentro del ciclo de vida del desarrollo.
“El verdadero Retorno de Inversión (ROI) en la era de la IA se manifiesta en la velocidad de recuperación de la empresa ante una amenaza”, detalla Fernando Silvestre. “Remediar un ataque en menos de 24 horas, por ejemplo, va a significar una salvaguarda de los recursos de la empresa en toda su cadena productiva, sin dejar de lado la reputación, que se pone en juego cuando hay una falla importante”.
A medida que las regulaciones regionales se vuelven más estrictas respecto a la responsabilidad por brechas de datos, las empresas deben reestructurar sus hojas de ruta de protección digital. La meta es reparar las fallas a la misma velocidad con la que la tecnología las descubre.
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