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De León XIII a León XIV

Por Carlos Alfonso Velásquez

De la cuestión obrera del siglo XIX a la inteligencia artificial del XXI, los papas llevan más de cien años analizando, desde la perspectiva que les corresponde, las grandes cuestiones de la modernidad. Lo cierto es que la Iglesia nunca ha renunciado- según la expresión del Papa León XIII- a decir “la palabra que le corresponde” sobre las cuestiones que más afectan a la convivencia humana.

La elección del cardenal Robert F. Prevost como León XIV – primer pontífice nacido en los Estados Unidos- abrió una nueva era en la Iglesia Católica. Además de promover el diálogo entre fe y razón y reafirmar las posiciones tradicionales del Magisterio de la Iglesia sobre la vida y la familia, ha advertido sobre los riesgos de desvincular la libertad de la verdad. Pero el eje vertebrador de este pontificado es la revitalización de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). No por casualidad eligió su nombre: quiere que la Iglesia recupere la iniciativa en las grandes cuestiones sociales del siglo XXI — el trabajo digno ante la inteligencia artificial, la ecología integral, la paz— con la misma audacia que tuvo León XIII cuando publicó Rerum novarum en 1891 sobre la cuestión obrera. Entre esos dos pontificados, la Iglesia católica no ha dejado de pronunciarse, no siempre con éxito, pero sí con constancia. La recién publicada encíclica Magnifica Humanitas sugiere que esa tradición no se detendrá.

Ahora bien, respecto a los pronunciamientos de la Iglesia sobre las cuestiones que atañen no solo a la coexistencia sino especialmente a la convivencia humana, recientemente fue publicado el libro De León XIII a León XIV (Sekotia, 2026) escrito por Onésimo Díaz – investigador de la Universidad de Navarra, (España)- quien partiendo del interrogante ¿qué ha aportado realmente la Iglesia católica al mundo que habitamos? repasa el último siglo y medio de encíclicas desde la perspectiva del magisterio, la acción y la influencia cultural de los papas. Lejos de ofrecer una simple historia de los pontífices, el autor analiza cómo el magisterio y la acción de la Iglesia han intervenido en algunos de los grandes debates de los últimos ciento cincuenta años.

El ensayo está organizado más de forma temática que cronológica. Examina cuestiones como la democracia y los totalitarismos, los derechos humanos, la libertad religiosa, el trabajo, las guerras y los procesos de paz, la secularización, la ecología o el papel de la mujer, sosteniendo que la Iglesia no ha sido un mero espectador de estos procesos históricos, sino un actor moral, cultural e intelectual que ha intentado influir en ellos desde su visión de la persona y del bien común.

Una de las características más originales de la obra es el uso constante de referencias al cine, la literatura y la cultura popular para ilustrar problemas históricos y sociales. Este recurso divulgativo hace que el libro resulte accesible para lectores no especializados y dinamiza una materia que podría parecer excesivamente académica. Aún más, entre sus principales virtudes se destacan la claridad expositiva, la amplitud de temas tratados y el esfuerzo por contextualizar las intervenciones de los distintos pontífices en los debates de cada época, evitando en gran medida el tono apologético y buscando ofrecer elementos para la reflexión histórica, incluyendo cuestiones controvertidas como las relaciones de la Iglesia con los totalitarismos del siglo XX o el debate sobre el papel de Pío XII durante el Holocausto.

En fin, a través de un tono cercano y explicativo, Díaz recorre los grandes debates que han marcado la modernidad: democracia y dictaduras, libertad y derechos humanos, guerras mundiales y procesos de paz, ecología, educación, papel de la mujer, cultura popular y los dilemas sociales que siguen vivos en pleno siglo XXI.

Desde la Rerum novarum hasta las encíclicas recientes, pasando por momentos críticos de la política internacional, el libro invita a ver cómo la Iglesia no ha sido un espectador pasivo, sino un actor que ha acompañado, advertido, dialogado y, en ocasiones, impulsado cambios decisivos. Y muestra cómo esta institución ha intervenido en ellos no como poder político, sino como actor moral, cultural e intelectual, a menudo incómodo, a veces decisivo más nunca irrelevante.

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