Dormimos entre 7 y 8 horas al día. Si lo piensas bien, eso equivale a cerca de una tercera parte de nuestra vida: alrededor de 26 años en el colchón. Es mucho tiempo como para no usarlo bien. En la práctica, hemos convertido nuestra cama en oficina, comedor, sala de cine, e incluso, una extensión del celular. Y ahí empieza el problema. Un estudio publicado en 2025 en Frontiers in Psychiatry lo confirma: el 59% de quienes usan pantallas en la cama tienen riesgo de insomnio. La señal es clara.
Detrás de un buen descanso hay ciencia. Iván Petit, asesor de negocios químicos industriales de BASF Colombia, lo explica así: «Trabajamos de cerca con la industria del descanso para desarrollar materiales que hacen posibles colchones y almohadas más cómodas y durables. Pero el descanso de calidad no depende solo del producto: también de cómo usamos estas tecnologías en nuestro día a día.»
En el marco del Día Mundial del Sueño, la invitación es concreta: necesitamos devolverle a la cama su propósito original. Porque puedes tener el mejor colchón del mercado, pero si tus hábitos no acompañan, tu descanso se verá afectado. Este es el manual de uso del colchón que necesitas, seis cosas que vale la pena dejar de hacer desde hoy:
1. Llevar las pantallas a la almohada: La “luz azul” de las pantallas, que emiten celulares, tabletas y computadores, altera los ritmos naturales del sueño. Es decir, le envía al cerebro el mensaje de que aún es de día. ¿El resultado? Te cuesta más quedarte dormido y tu descanso es superficial.
2. Convertir la cama en tu oficina: Cuando respondes correos o adelantas pendientes en la cama, tu cerebro deja de asociarla exclusivamente con descanso. Y esa asociación es clave. Si el colchón se convierte en oficina, tu cuerpo no entiende cuándo es momento de desconectarse.
3. Ignorar la vida útil de tu colchón: Un colchón no es para toda la vida. Con el tiempo, las espumas internas pierden la capacidad de dar soporte a tu espalda, por lo que es recomendable cambiarlo cada 5 o 7 años, dependiendo el desgaste.
4. Comer en la cama: Además de afectar la higiene del espacio, cenar o picar entre las sábanas puede interferir con la digestión justo antes de dormir. Y cuando el cuerpo está ocupado digiriendo, no descansa igual.
5. No tener horarios fijos para dormir: Acostarte cada día a una hora distinta altera tu reloj interno (el mecanismo natural que regula cuándo tienes sueño y cuándo no). Mantener horarios regulares ayuda a que el cuerpo se prepare, casi de forma automática, para descansar mejor.
6. Dormir en un ambiente demasiado caliente: El exceso de calor dificulta conciliar el sueño. El cuerpo necesita una temperatura adecuada para entrar en modo descanso. Si el cuarto está muy caliente, ese proceso se interrumpe.
Un buen colchón y una buena almohada son la base del descanso. Hoy existen tecnologías, como las suministradas por BASF, que permiten desarrollar espumas más livianas, resistentes e incluso con contenidos reciclados, pensadas para brindar comodidad y durabilidad.
Sin embargo, para aprovechar al máximo las innovaciones que ofrece el mercado, el primer paso lo debes dar tú. El colchón debe volver a ser el lugar predeterminado y exclusivo para descansar. Desconectarse del celular, sacar el trabajo del dormitorio y respetar los horarios puede marcar la diferencia entre una noche más… y una noche realmente reparadora.
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