La prevención y el seguimiento clínico continuo constituyen las herramientas más efectivas para garantizar un embarazo sin complicaciones. En la medicina materna, la atención médica oportuna no solo permite monitorear el desarrollo del bebé, sino también diagnosticar de manera anticipada patologías que pueden poner en riesgo la vida de la paciente.
«El 31 de agosto se conmemora el Día Internacional de la Obstetricia y la Embarazada, una fecha centrada en visibilizar la labor del obstetra y las necesidades médicas de las gestantes. El cuidado médico continuo busca minimizar la morbimortalidad maternofetal, garantizando una atención integral y optimizando los resultados perinatales. Esto se logra mediante un enfoque de atención humanizada basada en el respeto, la escucha y el acompañamiento biopsicosocial de la mujer y su entorno», explica la Dra. Ilsy Ospino, ginecóloga de la Clínica La Milagrosa
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que una mujer gestante asista a un mínimo de 8 contactos prenatales durante el embarazo, debido a que un seguimiento estrecho reduce de manera directa la mortalidad perinatal. Asimismo, contar con al menos 4 controles incrementa la probabilidad de recibir intervenciones oportunas.
A nivel mundial, el 87 % de las mujeres embarazadas accede a un primer control prenatal; sin embargo, solo cerca del 70 % completa cuatro o más citas. Esta discontinuidad incrementa los riesgos para la salud materna, dado que la mayoría de las complicaciones graves —como trastornos hipertensivos, anemia severa, infecciones y diabetes gestacional— pueden detectarse y tratarse si la paciente asiste de forma regular a sus evaluaciones clínicas.
Esquema de exámenes de rutina y ecografías indispensables
Para realizar un seguimiento riguroso del desarrollo fetal, el protocolo médico establece la realización de, como mínimo, tres ecografías durante la gestación:
Acompañando las ecografías, en cada trimestre se efectúan exámenes de laboratorio de rutina que incluyen hemograma, hemoclasificación, uroanálisis, urocultivo, frotis vaginal, glicemia en ayunas, pruebas de VIH, sífilis, toxoplasma, rubéola, varicela, hepatitis B, gota gruesa y TSH. Adicionalmente, entre la semana 24 y la 28 se efectúa la prueba de tolerancia oral a la glucosa para diagnosticar diabetes gestacional, y entre la semana 35 y la 37 se realiza un cultivo rectovaginal para detectar Estreptococo del grupo B, previniendo infecciones en el recién nacido.
«La adecuada preparación para el parto empodera a la gestante y le permite participar activamente en las decisiones de su proceso. Para lograrlo, es indispensable educar a la población y corregir mitos comunes: la mujer embarazada no debe ‘comer por dos’, sino comer con calidad nutricional; el ejercicio físico moderado no está contraindicado salvo indicación médica; y la cesárea no es automáticamente más segura que un parto vaginal, el cual sigue siendo la primera opción recomendada por sus menores riesgos a corto y largo plazo», afirma la Dra. María Alexandra Peña, médica de la Ruta Materno Perinatal de la Clínica.
Hábitos de salud, nutrición y suplementación requerida
Durante el embarazo, las necesidades nutricionales cambian. La indicación médica establece el uso de micronutrientes específicos: ácido fólico para prevenir defectos del tubo neural en el feto, sulfato ferroso para evitar la anemia materna y calcio para disminuir el riesgo de preeclampsia.
La dieta debe ser balanceada, rica en proteínas, frutas y verduras, baja en grasas saturadas y azúcares refinados, complementada con una hidratación adecuada. Se debe suspender por completo el consumo de alcohol, tabaco y sustancias psicoactivas, al tiempo que se recomienda la actividad física moderada y pautas para la higiene del sueño.
¿Cuándo consultar de emergencia?
El conocimiento de las señales de riesgo permite a la mujer y a su familia actuar a tiempo. Se debe acudir de inmediato a urgencias o al obstetra tratante ante la presencia de:
Preparación y plan de parto
La preparación previa al nacimiento incluye la elaboración del «Plan de Parto», un documento que permite registrar las preferencias de la paciente respecto al manejo del dolor, la compañía en la sala y el desarrollo de la fase expulsiva. En conjunto con la preparación psicoprofiláctica, el equipo de obstetricia trabaja para garantizar la seguridad clínica del binomio madre e hijo dentro de un marco de atención respetuosa e informada.
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