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El expresidente que vendía claveles para sobrevivir

Por Gilberto Castillo de la Academia de Historia de Bogotá

Marco Fidel Suàrez, a quién han llamado, siempre, el hijo de la choza y de la lavandera, es, seguramente, el presidente más humilde y de malas que ha tenido Colombia, no solo por su origen sino por su condición de bastardo, su formación autodidacta, sus esfuerzos y afugias económicas incluso como mandatario.

Al llegar a Bogotá desde Antioquia, el primer empleo que obtuvo fue como secretario de un abogado prominente. Al final de la tarde de ese primer día de trabajo, el jurista, después de observar, le dijo: “usted me quiere decir algo, pero no se atreve”. “Si doctor, titubeó, que, por vida suya, me facilite dos reales como adelanto a mi sueldo”. Y ¿por qué no espera al fin de mes para que le llegue el pago abultado? “Porque esta es la hora en que no he desayunado doctor”.

El expresidente Marco Fidel Suárez.

Llena de momentos como este fue la vida de un mandatario modesto y a veces incauto que, al dejar el importante cargo, se dedicó a vender claveles para sobrevivir.

Había nacido en Hato Viejo Antioquia, en 1855, en una choza muy humilde que aún hoy, en el municipio de Bello, conservan como un símbolo.  Su madre fue Rosalía Suárez, mujer de ojos azules, piel blanca y de oficio lavandera, a quien llamaba cariñosamente mi Abejita Dorada, y su padre, José María Barrientos Jaramillo un hacendado prominente. Su primer lápiz lo compró con una moneda que le dio Rosalía para dulces. Aprendió sus primeras letras viendo por una ventana las clases que dictaba una profesora de la escuela, pues no lo dejaban entrar a clase por no tener útiles y a los cuatro años ya leía de corrido.

Cuando había ocupado los más altos cargos de la nación incluido el de presidente, quisieron sus coterráneos bautizar a Hato Viejo como Suárez, en su honor, pero él, con una modestia a prueba de ráfagas de ego, pidió que no lo hicieran “No merezco tanto… a cambio, os pido que lo llamen Bello por su hermosura como pueblo y por sus paisajes verdes y frondosos. Además, llamarlo así, es la forma de rendirle un homenaje a Don Andrés Bello a quien tanto debemos por sus aportes al idioma español y por su código civil tan extraordinariamente concebido”.

El trayecto para llegar a Bogotá fue tan penoso como su vida. Salió de Bello (Hato viejo) Antioquia, con un fiambre que no envidiaría ningún mendigo. Lo hizo montando un caballo tan falto de fuerzas que debía echarlo por delante durante largos trechos para que, en otros, más cortos, lo pudiera cargar.  Cuando ya había obtenido su primer triunfo por ganar un concurso organizado por la Academia Colombiana de la Lengua, -llegó a ser filólogo-, su padre lo buscó para darle el apellido, pero él serenamente le respondió: “en este momento el Suárez de mi Abejita es más conocido que el Barrientos, pero te prometo usarlo para nuestra correspondencia personal”.

Después de muchas luchas y del premio, sus mejores oportunidades se las brindó el presidente Miguel Antonio Caro quien lo impulsó hasta hacerlo Canciller de Colombia. Esta relación de amistad lo llevó a casarse con una prima de Caro, Isabel Orrontioa Borda, emparentada con los también presidentes Carlos y Jorge Holguín. Isabel fallece y lo deja a cargo de sus dos hijos: Gabriel y María Antonia de quien desciende María Teresa Morales, quien habría de ser la esposa de Fernando Gómez Agudelo, fundador de la tv en Colombia bajo el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla y posteriormente propietario de la programadora RTI televisión.

Esta respuesta a su padre es uno de los tantos sarcasmos que se le conocieron. Otro que señalan las crónicas políticas fue la respuesta al líder conservador Laureano Gómez, su acérrimo enemigo, cuando pensando que se había dormido durante un debate en el senado, le dijo sin miramientos: “¿Cuál es la diferencia entre estar dormido y estar durmiendo doctor Suárez?,” “la misma que existe entre estar jodido y estar jodiendo doctor Gómez”,  y continuó con la cabeza inclinada.

Museo Choza Marco Fidel Suárez en Bello, Antioquia.

Uno de sus discípulos de la universidad del Rosario no podrá olvidar su repentismo cuando con aurea graciosa y un tanto majadera le preguntó la diferencia entre certeza y tener fe. “Si usted sabe quién es su señora madre, eso es certeza y si sabe quién es su padre, eso es tener fe joven”. Lo que no pudo evitar, a pesar de estar en el poder, fue que el Puerto de Santa Rosa de Lima de Tocaima, en el Tolima, cumpliera lo que no se pudo en Bello y que un municipio lleve su apellido.

 Su enemistad con el gran líder conservador Laureano Gómez, su copartidario, fue permanente y sin tregua. Una razón precisa para que se diera no existe, los dos eran furibundos conservadores, “godos al punto de orinar azul de metileno” como decía mi abuelo liberal, y además católicos con misa y comunión a las seis de la mañana todos los días. Amigos cercanos de los dos llegaron a decir que todo empezó cuando Marco Fidel fue a decir a Simón Hurtado que no permitiera que su hija María se casara con un tipo como Laureano.

El matrimonio se realizó, pero Laureano, magistral orador y vengativo, no olvidó la afrenta, y la credencial como representante a la Cámara, gracias al apoyo de Suárez, la utilizó para adelantar en contra el apacible presidente varios debates y una campaña de desprestigio feroz hasta hacerlo renunciar por ser indigno de ocupar el cargo.

La acusación utilizada por Laureano se basó en haber solicitado un préstamo al Banco Mercantil Americano empeñando su sueldo de Presidente de la República por un año para poder repatriar el cuerpo de su hijo Gabriel que murió en Nueva York por culpa de la epidemia Spanis Influenza que afectó a medio mundo.

No fue un mal mandatario, pero al decir de sus contemporáneos, sí un presidente ingenuo y con desaciertos: el más grave, cuando quiso, con todo el esmero del caso, celebrar el centenario de la Batalla de Boyacá y para que los soldados lucieran espléndidos ordenó fabricar mil uniformes. Hasta aquí todo estaba bien, lo malo fue que contrató la hechura con una empresa extranjera que además tenía relaciones comerciales con el Gobierno. La protesta de los sastres bogotanos no se hizo esperar y rodearon el palacio presidencial ubicándose en sitios estratégicos.

El Batallón Guardia Presidencial, al mando del general Pedro Cicar, vino a protegerlo, pero por su culiprontismo de mando y el dedo quisquilloso de los soldados, hizo que disparan sin dar tiempo a que se supiera que el decreto derogando la compra ya estaba expedido. De nada sirvió que el mismo presidente subiera a uno de los balcones a dar la noticia, pues su voz aflautada y débil, fue ahogada por el estruendo de los tiros, resultado: más de veinte muertos y quince heridos.

En Barranquilla, un plantel lleva su nombre.

Otro motivo para debates intensos y encendidos fue su política de mirar al norte, hacia Estados Unidos, por esta razón impulsó y fue amigo de la firma del tratado Urrutia-Thompson permitiendo la independencia de Panamá que beneficiaría a los gringos que buscaban construirlo y adueñarse de esa zona. Obviamente Laureano Gómez estaba al frente de la Cámara de Representantes para seguir ejerciendo su venganza sobre el apacible mandatario. La confrontación estaba en su máximo nivel.  Algunos transeúntes afirman, -y esto sí hace parte de la mitología popular-, que los dos se encontraron sobre el mismo andén. Laureano muy erguido le dijo que no le cedía el paso a un hp. Suárez haciéndose a un lado y señalándole el camino le dijo ¡“yo sí”!   

Durante su mandato debió lidiar la spanis influenza, la misma que había matado a su hijo en Nueva York y que produjo innumerables muertes, entre ellas la de su esposa y su madre, produciendo una crisis sanitaria y política por aparecer de sorpresa y a la fragilidad del sistema de salud existente. Como apenas terminaba la Primera Guerra Mundial, la fuerza de los bolcheviques entró en el país con toda su furia, y en diciembre de 1919,   se habían  realizado más de quinientas manifestaciones las cuales fueron hábilmente manejadas por su ministro de hacienda o del tesoro, entonces, Esteban Jaramillo.

Bajo su mandato se creó el impuesto a la renta, se construyeron las bases del acueducto de Bogotá y se trazó el alcantarillado, así como normas de vida más higiénicas. Se dio comienzo a la aviación en el país con la fundación de la empresa Scadta, hoy Avianca, la segunda en el mundo y la primera en Sudamérica. Se modernizaron las comunicaciones con una mejor implementación del teléfono, se fomentó el desarrollo del transporte ferroviario y fluvial y se creó la hoy devaluada Orden Cruz de Boyacá entregada por el Senado de la República y recibida por muchos saca micas.  A pesar de sus dificultades económicas mientras trabajaba en la siembra y venta de sus claveles solía decirle a sus cercanos: recuerde que es mejor llegar a ser, que haber nacido siendo. Su salida del gobierno no fue una renuncia en sí, solamente una licencia no remunerada, en la que fue reemplazado por su pariente y familiar de su esposa el general Jorge Holguín Jaramillo.

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