Hay fenómenos de la naturaleza que uno quisiera recibir con sombrilla, gafas oscuras y paciencia. Pero El Niño no viene precisamente de paseo. Menos lluvias, temperaturas elevadas, riesgo de incendios, presión sobre los embalses y posibles restricciones de agua y energía terminan llevando el fenómeno hasta nuestra propia casa.
Y allí aparece una pregunta sencilla: ¿qué podemos hacer nosotros?
Porque el ahorro de agua y energía no puede ser responsabilidad exclusiva del Gobierno o de las empresas de servicios públicos. También corresponde a quienes vivimos en apartamentos, casas, conjuntos, fincas y, especialmente, a quienes todavía creen que abrir una llave o encender un interruptor no tiene consecuencias porque “para eso pagamos”.
En Colombia buena parte de la generación eléctrica depende de las hidroeléctricas. Cuando disminuye el nivel de los embalses, el sistema debe recurrir con mayor intensidad a las termoeléctricas, que utilizan combustibles como gas y carbón. Es decir, cuando falta agua para producir electricidad, podemos terminar utilizando más combustibles fósiles para mantener encendidas las luces.
Una paradoja bastante incómoda, la primera recomendación es sencilla: consumir menos electricidad. Apagar luces innecesarias, utilizar iluminación LED, desconectar equipos que permanecen en espera y aprovechar la luz natural son pequeñas acciones que, multiplicadas por millones de hogares, dejan de ser pequeñas. También puede usar equipos que funcionan con baterías recargables para tener radio, lámparas de lectura, o su computador portátil como oficina personal.
En tierra fría —como llamamos los colombianos a nuestras ciudades de montaña— conviene revisar especialmente calentadores, duchas eléctricas y otros equipos destinados a combatir el frío.
En tierra caliente y en las zonas costeras, el gran consumidor suele ser el aire acondicionado. Antes de convertirlo en el trabajador más ocupado de la casa, conviene aprovechar ventilación cruzada, cortinas, persianas, sombra, vegetación y ventiladores cuando las condiciones lo permitan y si utilizamos aire acondicionado, tampoco es necesario convertir la sala en una nevera. También puede usar ventiladores personales de baterías recargables.
Colombia tiene sol de sobra. ¿Por qué no aprovecharlo? Los paneles solares pueden ser una alternativa para casas, pequeños comercios y conjuntos residenciales. En viviendas con techo propio puede estudiarse su instalación; en apartamentos, la solución puede ser colectiva para zonas comunes, iluminación, bombas o calentamiento de agua, dependiendo de las condiciones.
Pero hay una regla BiciUrba: antes de producir más energía, aprendamos a desperdiciar menos. No tiene mucho sentido llenar el techo de paneles para continuar gastando electricidad sin necesidad. Y ya pronto llegan las fiestas de fin de año, bueno iluminación LED alimentada con baterías recargables a través de paneles solares.
Al agua, otra oportunidad recogerse el agua que dejamos correr mientras esperamos que salga caliente de la ducha, y aún cuando nos bañamos, con ella se puede para limpiar pisos u otros usos apropiados. También podemos instalar dispositivos ahorradores, reparar fugas y reducir el tiempo bajo la ducha. Y cierre la llave en procesos de lavado de la vajilla, cuando nos lavamos los dientes o cuando nos afeitamos. Y si puede, recoja el agua de la lavadora, sirve para los sanitarios.
La casa también puede defenderse del clima. En tierra caliente, proteger ventanas del sol, ventilar durante las horas más frescas y aprovechar árboles y zonas de sombra puede disminuir el uso de equipos de refrigeración. Plantas al interior también ayudan a mejoran la sensación de frescura.
En tierra fría, aprovechar el sol durante el día, cerrar cortinas al caer la tarde, revisar puertas y ventanas y evitar pérdidas de calor puede reducir el consumo destinado a calentarnos. Y por supuesto, puede abrigarse con ropa que lo mantenga a buena temperatura. En ambos casos, la vivienda puede convertirse en nuestra primera herramienta de adaptación.
Y salgamos a la calle, todo esto nos lleva a la movilidad. Podemos ahorrar agua, apagar bombillos, instalar paneles solares y reutilizar agua, pero si para recorrer tres kilómetros seguimos encendiendo un motor de combustión, dejamos una parte importante de la conversación por fuera.
Automóviles y motocicletas con motores de combustión siguen dependiendo de combustibles derivados del petróleo. La motocicleta puede gastar menos combustible que un automóvil, pero menos petróleo sigue siendo petróleo. La bicicleta tiene una ventaja elemental: no necesita gasolina, diésel ni estación de servicio, necesita piernas, y cuando esas piernas necesitan ayuda, existen las bicicletas eléctricas.
El cambio climático tiene causas globales y la quema de combustibles fósiles es una de las principales. No vamos a detenerlo desde el grifo de la cocina ni con una bicicleta, pero sí podemos reducir nuestra propia huella. El Niño nos recuerda que el agua y la energía no son infinitas. La pregunta es si vamos a esperar a que llegue el racionamiento para aprender a ahorrar, o si podemos convertir el ahorro en una costumbre.
Porque, al final, cuidar el planeta también puede comenzar cerrando una llave, apagando un interruptor…y sacando la bicicleta del bici parqueadero. Ah, y circular en bici también ayuda a disminuir las facturas de servicios cada mes y mejora el balance financiero mensual personal y familiar.
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