Por Mauricio Salgado
Durante décadas, los gobiernos intentaron dirigir la economía como quien maneja una máquina: si había recesión, bajaban las tasas y aumentaban el gasto; si aparecía inflación, hacían lo contrario.
Pero las crisis petroleras de los años setenta demostraron que la economía no era una máquina obediente. Podían coexistir inflación, desempleo y estancamiento. Las palancas tradicionales ya no producían los resultados esperados.
Robert E. Hall y Michael Woodford, ganadores del Premio de Economía 2026, ayudaron a comprender por qué: detrás de las grandes cifras económicas existen millones de personas y empresas que interpretan lo que ocurre, imaginan lo que puede suceder y toman decisiones.
Su aporte puede comprenderse recorriendo los niveles del modelo del libro Armonía Estratégica.
DO — Reacción
Aparece una crisis: sube el petróleo, aumenta la inflación, cae el consumo o crece el desempleo.
La reacción inmediata de un gobierno puede ser bajar las tasas, aumentar el gasto o entregar subsidios. Sin embargo, actuar con rapidez no garantiza actuar correctamente.
La primera enseñanza es sencilla: ante una crisis económica, como ante una dificultad empresarial o personal, reaccionar no es suficiente.
RE — Análisis
En este nivel observamos los datos:
¿Cuánto está aumentando la inflación?
¿Está disminuyendo el consumo?
¿Cuántas personas están desempleadas?
¿Está cayendo la producción?
Los antiguos modelos podían analizar estas variables generales, pero seguía faltando algo fundamental: comprender por qué las personas estaban tomando determinadas decisiones.
MI — Comprensión
Hall ayudó a entender que las familias no consumen pensando solamente en el ingreso que reciben hoy.
Si una persona teme perder su empleo, puede reducir sus gastos, aunque su salario no haya cambiado. Si espera mejores ingresos, puede comprar, invertir o endeudarse.
Woodford mostró algo semejante en las empresas. Los precios no cambian automáticamente. Hay contratos, incertidumbre, costos y temor a perder clientes. Cada organización interpreta la situación antes de actuar.
La economía comienza a comprenderse cuando dejamos de mirar únicamente las cifras y observamos a las personas que las producen.
FA — Contexto
Una inflación causada por exceso de consumo no es igual a una inflación provocada por una guerra, una crisis energética o la interrupción de las cadenas de abastecimiento.
Por eso, la misma medida no sirve en todas las circunstancias.
Subir las tasas puede reducir el consumo, pero no produce petróleo, no desbloquea un puerto ni reconstruye una carretera. Una decisión puede ser técnicamente correcta y, al mismo tiempo, insuficiente porque no considera el contexto completo.
SOL — Proyección
Aquí aparece uno de los grandes aportes de los nuevos modelos: las personas toman decisiones según lo que esperan del futuro.
Una familia pregunta:
“¿Conservaré mi trabajo?”
Una empresa piensa:
“¿Seguirán aumentando mis costos?”
Un inversionista se pregunta:
“¿Qué hará el Banco Central con las tasas?”
El futuro esperado comienza a modificar el presente. Si todos creen que los precios subirán, pueden adelantar compras, solicitar aumentos salariales o incrementar precios. La expectativa de inflación termina alimentando la inflación.
LA — Decisión y validación
El gobierno y el banco central deben decidir cuándo actuar, con qué intensidad y durante cuánto tiempo.
Pero también deben validar permanentemente los resultados:
¿La inflación está cediendo?
¿El empleo está siendo afectado?
¿Las empresas creen en la política anunciada?
¿La medida está resolviendo el problema o creando uno nuevo?
Una buena decisión no termina cuando se anuncia. Necesita seguimiento, aprendizaje y corrección.
SI — Alineación
La política económica funciona mejor cuando existe coherencia entre lo que hacen el gobierno, el banco central, las instituciones y las empresas.
Si un banco central intenta contener la inflación mientras el gobierno aumenta desordenadamente el gasto, la ciudadanía recibe señales contradictorias.
También debe existir alineación entre lo que una institución dice y lo que hace. La credibilidad se construye con consistencia.
Por eso Hall y Woodford demostraron que la comunicación no es un adorno: forma parte de la política económica.
DO mayor — Armonía
La armonía no significa que desaparezcan las crisis. Significa que las distintas decisiones ayudan a reducir sus daños sin crear desequilibrios mayores.
Una economía alcanza mayor armonía cuando logra integrar:
estabilidad de precios;
crecimiento;
empleo;
confianza;
sostenibilidad fiscal;
expectativas creíbles.
No se trata de mover una sola palanca. Se trata de comprender cómo se relacionan todas las partes.
El aprendizaje que trasciende la economía
El Nobel de 2026 nos deja una enseñanza aplicable a las empresas, las familias y las decisiones personales:
Las personas no reaccionan únicamente ante lo que hacemos. También reaccionan ante lo que creen que haremos.
Un gerente no dirige solamente con sus decisiones, sino con la confianza que genera. Un gobierno no controla la inflación únicamente al modificar una tasa, sino al conseguir que sus anuncios sean creíbles. Una persona no construye su futuro solamente con lo que posee hoy, sino con las expectativas que orientan sus decisiones.
Ese es también el propósito de Armonía Estratégica: pasar de la reacción inmediata a una comprensión más amplia, proyectar las consecuencias, validar las decisiones y alinear a quienes deben convertirlas en realidad.
Hall y Woodford ayudaron a mirar debajo del capó de la economía. Armonía Estratégica nos ayuda a ordenar lo que encontramos allí.
Si estas interesado en profundizar cómo el modelo de Armonía Estratégica se puede aplicar a tu empresa o emprendimiento comunícate al WA 57+3208447516 o salgado.mg@gmail.com
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