La culebrilla es un sarpullido doloroso, manifestado con inflamación y aparición de lesiones de tipo herpético, es decir, llagas o úlceras. La erupción se limita generalmente a una sola área, a menos que no se trate, en cuyo caso puede extenderse. Este brote suele durar aproximadamente cuatro semanas y es más común de lo que se piensa.
Según el médico gastroenterólogo adscrito a Colsanitas, Héctor Hugo Otálora, la culebrilla o herpes zóster, se produce debido al virus varicella-zóster, que pertenece a la familia de los virus del herpes y también causante de la varicela. Después de padecer varicela, el virus permanece en el cuerpo y, aunque puede estar inactivo durante muchos años, a medida que uno envejece, puede reactivarse y provocar la culebrilla.
La mayoría de las personas experimenta culebrilla solo una vez, pero existe la posibilidad de recurrencia. Según el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento, a partir de los cincuenta años, los adultos deben considerar hablar con su médico acerca de la vacuna contra la culebrilla para reducir el riesgo de padecerla.
Síntomas
Los síntomas comunes de la culebrilla incluyen erupción cutánea, fiebre, fatiga, dolor de cabeza y hormigueo, generalmente en la cara o la cintura. En casos graves, pueden desarrollarse infecciones sanguíneas, de articulaciones o en huesos. Si no se trata, la culebrilla puede tener consecuencias graves, como ceguera, neumonía, sordera o inflamación cerebral.
El único desencadenante de esta enfermedad es el herpes zóster, el cual afecta a las células del sistema nervioso periférico y se localiza en las células neurales, alterando la inmunología del paciente. Según Otálora, “si se detecta una alteración en el sistema inmunológico, es importante investigar si existe alguna enfermedad que haya debilitado las defensas. También es esencial buscar signos de desarrollo de tumores en el estómago, colon u otras partes del cuerpo”. El diagnóstico temprano es crucial ya que, aunque el síntoma principal es un constante ardor, este puede indicar problemas más graves.
Propagación
Una persona con culebrilla puede transmitir el virus de la varicela-zóster a otras personas. Aquellas que nunca han tenido varicela o no han sido vacunadas contra ella pueden infectarse con el virus de alguien que tenga culebrilla. Esto puede ocurrir a través del contacto directo con el líquido de las ampollas de la erupción o al inhalar partículas virales liberadas por las ampollas. En caso de infección, estas personas desarrollarán varicela, no culebrilla, pero podrían experimentar culebrilla en el futuro.
Para evitar la propagación del virus, se deben cubrir las áreas afectadas por la culebrilla. Es de destacar que las personas con esta enfermedad no contagian el virus antes de que aparezcan las ampollas o después de que el sarpullido se haya convertido en costras.
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