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Esclavo del fútbol

Por Esteban Jaramillo Osorio

No sé si vivo en la gloria eterna o si enfrento una cadena perpetua. Son días y noches en los estadios, frente al televisor, pegado a la radio, sumergido en el mundo digital, con ansiedad, curiosidad y expectativa.

Esa pasión me convirtió en juez y testigo: Monitoreó transmisiones, visito portales, periódicos, revistas y le sigo la pista a los periodistas: los noticiosos, los confiables, los informados. Me topo tantas veces con los mentirosos, los especulativos y los escandalosos. Los que hacen del ruido su negocio.

Distingo a los expertos que enseñan con conocimiento y a los empresarios de jugadores disfrazados de periodistas.

A los futbolistas que compiten con categoría, a los diferentes, a los que juegan para el público, para el espectáculo, para los triunfos y, por qué no, para sus bolsillos.
 
A los cracks genuinos, a los talentosos y a los inflados por la mercadotecnia. A los dueños de gambetas, a los reyes de las discotecas. A los irrespetuosos, los irreverentes y los que quieren devorar a los árbitros con insultos.

Todo lo que hoy veo… Ya lo vi, y lo viví.

Transmití, con sentimentales registros, goles salidos de la nada, chispazos, casuales como tantas veces en el fútbol y otros fabricados con la armonía de la técnica.

Presencie remontadas magistrales, clásicos memorables, futbolistas prodigiosos, triunfos y títulos inolvidables; grandes decepciones, tragedias y muerte.
 
Soy esclavo del fútbol.

Disfruto las polémicas de esquina. Esas discusiones que le dan sentido a los días. Qué sería del fútbol y la vida sin ellas. Las del café caliente, la gaseosa burbujeante, con ojos encendidos, mentes despiertas y lenguas activas.

Allí vive el fútbol genuino, el de las preguntas indiscretas, el de las emociones del pueblo. Con tantas verdades sin alardes de conocimientos, porque “aquellos que se ufanan de saber de fútbol, ni de fútbol saben”.

En ellas se discute con frases hechas en los potreros y en las canchas de barrio, se crucifica a los entrenadores, revolotean las broncas contra los futbolistas y los dirigentes, se fantasea con resultados hipotéticos y se venera a los ídolos.

Soy esclavo del fútbol. Encadenado a sus encantos y a sus decepciones. A las salidas en falso, los escándalos, las manipulaciones, al juego en las canchas y los escritorios.

Al creciente protagonismo de las mujeres en las tribunas, bellas, apasionadas, con brillo en las canchas como los mejores futbolistas.

Qué lindo es todo esto. El placer de ser esclavo del fútbol.

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