Por Esteban Jaramillo O.
Imposible desconocer la fuerza inspiradora de Falcao. Ejemplar ha sido su vida deportiva. Se siente su influencia en los medios, en los camerinos, en las concentraciones, en los viajes, los entrenamientos y la competencia.
Lo quieren los aficionados, sus compañeros y lo respetan sus rivales.
Goleador de selección, libre de escándalos, acosado por las lesiones pero invencible en su vocación por el fútbol, para mantenerse activo a pesar de los años y sus rodillas que le obligan a un esfuerzo extremo en su recuperación.
Ama el fútbol, lo siente, por eso no se marcha a vivir la placidez en un lugar paradisíaco, donde la vida hogareña, la que pregona y demuestra, lo espera.
Solo él sabe cuándo “colgará los guayos” con un adiós nostálgico.
Aunque tiene las mismas posibilidades de todos los aspirantes a ocupar una plaza en la selección, su presente debe garantizar un alto rendimiento, porque el combinado nacional no premia historias sino los momentos y, el suyo, en la actualidad, no es prometedor ni auspicioso.
Empeñada la selección en maquillar su vida interna, restándole importancia a los conflictos por los egos, no puede convocar al Tigre solo para sosegar sus aguas turbias o los sinsabores internos.
Convocarlo, bajo ese único pretexto, por el supuesto liderazgo en el vestuario, es una admisión pública de que la vida en en el camerino de Colombia no es sana. Lo que todos niegan.
Falcao debe ir al mundial, no hay la menor duda, si antes del primero de junio, cuando se inscriba la nómina oficial, estará en su mejor forma, activo y con goles.
No solo él aspira, también Dayro, “Cucho” Hernández, Muriel, Rodallega y Morelo, algunos de ellos con menos propaganda y pocos micrófonos a su servicio.
Qué bueno sería que Jhon Jader Durán, mire a Falcao a la distancia y copie su ejemplo.
Falcao también llenó los bolsillos como él, con fama y fortuna. Se codeó entre los grandes goleadores del mundo, distinguido y admirado. Pero no perdió el rumbo de su vida, no fue apabullado por su rebeldía y su inmaduro protagonismo.
La incorporación de Falcao al comando técnico de la selección, parece ser una saludable medida. Bueno sería verlo al lado de Lorenzo. Una idea suya puede darle claridad al rendimiento del equipo, en momentos clave.
¿Quién no recibe un consejo de Falcao, que respalda con su larga, impecable y exitosa vida en el fútbol?
Personas como Falcao no pueden desaparecer del fútbol, no se pueden desaprovechar. Con goles o sin ellos, adentro o afuera de la cancha, su fuerte influencia es indiscutible.
Lo ha demostrado en Millonarios, donde su juego no fluye pero creciente es el amor de sus hinchas.
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