Por Guillermo Romero Salamanca Grupo @LosPeriodistas
En los años ochenta, el punto de encuentro periodístico era el Hotel Tequendama, el más importante de Colombia.
Al cruzar por el Salón Rojo –famoso por las convenciones, simposios, congresos, bailes y conciertos—siempre había noticia para los periodistas. Era común ver a personalidades como Belisario Betancur, Julio Iglesias, Pelé, Celia Cruz, Luz Marina Zuluaga, Mario Vargas Llosa, Carlos Ardila Lulle…
En el pasillo también estaba el Bar Chispas, donde era el lugar de la bohemia del Jet Set capitalino. Música de piano, luz tenue, alfombra mullida, con gastronomía europea, whisky escocés y agua importada.
Pisos de mármol, paredes de madera, mullidos sillones y hermosas lámparas adornaban el lobby.
En el pasillo estaba el baño masculino, casi al frente de la entrada principal del Salón Rojo.
Un día de febrero de 1982 ingresé al cuarto. Frente al espejo y lavándose las manos estaba un hombre serio, de baja estatura, bien peinado, lo miré y le dije: “¿Le han dicho que se parece a Godínez, el actor de la serie “El Chavo del 8?”.
El hombre secó sus manos, las pasó por su brillante cabellera, acomodó el cuello de su camisa y dijo con acento mexicano: “Yo soy Godínez”.
-¿De verdad?, le pregunté extrañado porque aunque la famosa serie de televisión ocupaba los primeros lugares en el rating colombiano, el elenco no había visitado a Colombia. Yo era un fiel seguidor de las historias de “El Chavo”, “El Chapulín Colado” y antes había visto “Los súper genios de la mesa cuadrada”.
Lo miré una vez más y dije: “Si señor, usted es Godínez”.
Roberto Gómez Bolaños, le propuso a su hermano interpretar al niño que estaba en la fila trasera del salón y que cuando el profesor Jirafales lo llamara, simplemente contestara: “¡Yo por qué!” o “Yo no fui”. Esas eran las líneas de Horacio Gómez Bolaños, el famoso Godínez: sencillas, precisas, sin más texto, pero que les gustaban a los seguidores de la serie.
Uno de los capítulos que más éxito tuvo fue en el que don Ramón fue a estudiar a la escuela y Godínez estaba tan distraído en la clase que se la pasó silbando la canción “Ya vamos llegando a Pénjamo”, del maestro Rubén Méndez del Castillo e inmortalizada por Pedro Infante.
Horacio era también quien hacía los textos para los libros de cuentos de “El Chavo del 8” y “El Chapulín Colorado”.
El origen de la palabra
Godínez es un término despectivo mexicano y se les aplica a los empleados de oficina que cumplen el horario, no se meten con nadie, no proponen una idea y en las reuniones permanecen callados y buscan no sobresalir para que no los tengan en cuenta para nada. Cumplen simplemente con sus labores. Llegan puntuales, se quitan el saco, lo dejan en el perchero y se ponen a trabajar, generalmente frente a computadores, no contestan el teléfono, no hablan casi con nadie y cuando los inquieren, se ponen nerviosos y parecen de mal genio.
De todas formas, el maestro Chespirito le tenía gran cariño y lo llevó a laborar en las series cómicas, que hizo para televisión y le invitó también a participar en películas como “El Chapulín Colorado”, “El Chavo del 8”, “El Chanfle”, “La Chicharra”, “Chespirito”, “El Chanfle 2” y “Don ratón y don ratero”.
La vecindad en Bogotá y Cali
Ya afuera del baño, me presenté ante don Horacio. “Mira, soy periodista de Colprensa, agencia que envía información a trece periódicos regionales y en ese momento, él me soltó “la chiva”. “Estoy acá con el elenco del Chavo del 8, vamos para una fiesta privada en Cali y luego vendremos a una presentación en Bogotá” y claro, le pedí que me ayudara con una entrevista con el famoso personaje mexicano. El accedió y a los pocos minutos estuvieron en el lobby don Roberto, su esposa Florinda Meza, don Rubén Aguirre y Édgar Vivar, conocido como el señor Barriga. Iban para un ensayo en uno de los salones del hotel.
Antes de que aparecieran fui raudo a buscar al fotógrafo Mario Hernández quien cubría una Convención Liberal en el Salón Rojo. Se divirtió tomando fotos con el gran angular para hacer ver más gordo al señor Barriga, e incluso, al otro día le regaló después varias placas para que se llevara de recuerdo.
La entrevista, que fue tal vez fue la primera que le hicieron en Colombia, salió en casi todos los diarios de Colprensa. Don Orlando Cadavid, en ese momento director de la agencia, no lo podía creer. Y casi todos en la redacción me decían: “!Chanfle!” y “No contaban con la astucia de Romero”.
Después de las grabaciones del “El Chavo”, Horacio (Godínez) se fue a trabajar con el hijo de don Roberto Gómez a las oficinas que tenían para manejar todo lo relacionado con derechos de autor. Sufrió un accidente que lo dejó con bastón hasta sus últimos días. Estuvo en los preparativos de un homenaje que le haría Televisa a su hermano, pero el 21 de noviembre de 1999 un infarto al corazón lo llevó al más allá.
Después de esa entrevista, publicada el 13 de febrero de 1982, el elenco vino a Colombia para una Caminata de la Solidaridad y fue imposible saludar al monstruo de la actuación y la diversión, quien viajaba en un carro de bomberos y congregó a más de 3 millones de personas en su recorrido por las vías bogotanas.
No sobra decir que al día siguiente le llevé al hotel un paquete con todos los diarios donde salió la nota periodística.
La Entrevista
Dice Roberto Gómez Bolaños: “El Principal problema del mundo es la corrupción”
Roberto Gómez Bolaños, “El Chavo del 8”, afirma que lo único que diferencia al hombre de los animales es el humor.
Gómez Bolaños es uno de los más sobresalientes comediantes latinoamericanos de los últimos tiempos.
Él es libretista, director, coreógrafo, compositor, pero, ante todo, un verdadero actor.
Intérprete de un niño pobre, abandonado, que se refugia en un barril, en el patio de la vecindad, es el “Chavo del 8”, el personaje más famoso de Gómez Bolaños, que siempre le pega al señor Barriga cuando hace su aparición a cobrar la renta en la vecindad.
Es también el hombrecillo vestido de rojo, con una “Ch” en un gran corazón que porta en el pecho, con dos antenitas de vinil en su cabeza, con las cuales puede “detectar la presencia del enemigo”. Con su chipote chillón y su “astucia” ridiculiza a los legendarios campeones de la justicia Batman y Supermán.
“El chapulín colorado” es un héroe torpe, que se cae, que trabaja porque “se aprovechan de su nobleza”.
Es, además, el anciano, vestido con gabardina y bufanda, portador de un talego con el que les pega a quienes le insinúan que es viejo. Es ese médico, “El doctor Chapatín”.
Representa también a un caquito que nunca puede robar y que constantemente es castigado por su cómplice, que le advierte después de sus fallas: “Óigalo, Chómpiras”, la próxima vez le doy con un bate de béisbol”.
Es, igualmente, el loquito “Chaparrón Bonaparte”, que con su amigo “Lucas el licenciado”, hacen los más disparatados episodios.
Interpreta, así mismo, el periodista “Chambón” que trabajó para el diario “La Chicharra”.
Pero su primer personaje fue “chespirito”. Le dio su realidad en honor a su sobrenombre que obtuvo en los estudios de televisión, al principio de su carrera, por su inclinación de escritor de libretos, “El pequeño Shakespeare”.
Luego de su ensayo con el elenco, el mexicano concedió algunos minutos para una entrevista exclusiva con Colprensa. Permitió que viéramos su “pre-espectáculo” antes de presentarlo en Colombia.
ESE MUNDO DE RISAS
Con todos sus personajes, Gómez Bolaños hace desternillar de risa a cualquier persona. Es muy admirado, por su ingenio, por su talento, pero sobre todo por su manera de trabajar.
Cuando convoca a su elenco –Florinda Meza, María Antonieta de las Nuevas, Angelines Fernández, Rubén Aguirre, Édgar Vivar, Raúl Padilla y Horacio Gómez—a una determinada hora para ensayar, a esa hora comienzan a practicar, sin descanso. Repiten los pasos de baile, las letras, rectifican, aclaran las conversaciones y miran los sitios de cambio de micrófonos.
Practican las caídas, los golpes, las risas, los llantos, los gritos, los saltos, todo. Hasta la coordinación de los efectos especiales. Por esta razón su presentación ante el público es casi perfecta.
Para escribir un libreto de una hora, se demora una semana. Los ensayos pueden durar tres días y se tardan otro tanto grabando en el estudio. Roberto Gómez Bolaños quiere que sus capítulos sean perfectos. Y lo logra. “A veces, comenta María Antonieta de las Nieves –“La Chilindrina”—nos demoramos tres horas para grabar un minuto. Porque el actor no cayó bien, porque la torta no untó perfectamente al personaje o porque el agua no salpicó lo suficiente…en fin, por muchas razones”.
La mera presencia de Gómez Bolaños produce cierta hilaridad. Su manera torcida de caminar. Su forma de sentarse, de hablar y de fruncir el ceño.
“PURA CAUSAL LA CH”
Antes de comenzar el diálogo, Gómez Bolaños se quita las gafas con marco dorado, las toma con su mano izquierda.
Se sienta, levanta un pie, lo coloca sobre el otro y comienza a moverlo de arriba abajo.
–Sus personajes y los objetos usados en los programas llevan la letra “ch”: Chapulín, Chómpiras, Chespirito, Chaparrón, Chavo, Chipote chillón, Chicharra, Chilindrina…
–Lo de la letra fue puro causal –explica—pero hice para identificar mis espacios y porque esa letra les da fuerza a los diálogos.
–¿Piensa escribir libros?
–Sííí. Tengo dos empezados. Uno sobre la vida del “Chavo del 8” y el otro, que es un ensayo, sobre el humorismo. No puedo dar la fecha de lanzamiento todavía.
–¿Qué es lo que no ha podido hacer todavía?
–Hummm…desterrar la violencia.
“NO SIEMPRE PIERDO”
En la mayoría de los casos, los personajes que interpreta Gómez Bolaños, pierden.
“No siempre salgo perdiendo. Ahí está el doctor Chapatín que es un viejito muy fregado. A mí me gusta ser como él, que no es tímido, que no le teme a nada. Cuando sea anciano trataré de ser como él”, comenta.
Mientras Mario Hernández, el fotógrafo de Colprensa hace una y mil peripecias para lograr mejores tomas del personaje, Gómez Bolaños lo contempla y comenta que en el mundo hace falta humor. “Si los problemas se tomaran con un sentido humorístico, las cosas serían distintas”.
–¿Cuál considera que es el principal problema del mundo?
No vacila en responder:
–“La corrupción. Se encuentra en todas partes. Cuando se escucha a la gente que dice todos los días: “Ojalá encuentre hoy uno más tinto que yo”, creo que ahí comienzan todos los líos…”.
Extiende su mano derecha, como tratando de dictar cátedra sobre los problemas que inundan al mundo actual y continúa: “Medio mundo quiere sacar provecho del otro medio, de aumentar la violencia, el odio…”
–¿Usted qué hace con todo el dinero que gana?
–“Bueno, mi problema es que nunca he sabido cobrar. Siempre que hablo con empresarios, conversamos sobre el espectáculo, el elenco, pero nunca de dinero. Yo no tengo sino un carrito, un apartamentico muy modesto. Y si tuviera plata y pudiera comprar fincas y mansiones, yates y aviones y todas esas cosas… ¿a qué hora las disfrutaría?”.
De lo que más se siente orgulloso es de poder ofrecer el espectáculo como a él le da la realisima gana. “Yo soy mi propia censura. No tengo que mostrar los programas antes de presentarlos. Creo que lo estoy haciendo bien”, manifiesta.
“POS RENUNCIAR”
Antes de contestar cada pregunta, frunce su arrugado ceño varias veces.
–¿Qué le gustaría que le pusieran en su tumba como epitafio?
–Esto: Roberto Gómez Bolaños. Debajo: Un hombre bueno, que intentó no hacerles daño a sus semejantes”.
–¿Cuál ha sido su día más triste?
–Cuando se murió un niño de tres años, hijo de mi hermano, hace como quince años y me dio tristeza de no poder hacer nada”.
Las principales críticas que le han hecho, consisten en decir que crea personajes –como el de la película “El Chanfle”—demasiado honrados. “A mí me dicen que esas personas no pueden existir”.
Roberto Gómez Bolaños tiene una gran virtud: la sencillez. Aunque es muy tímido, se extiende en sus respuestas. No se indispone de tener que firmar y firmar cientos de autógrafos. Sonríe a los extraños y permite el diálogo a todas las personas.
Sus mayores aspiraciones son las de tratar de solucionar los problemas de los seres humanos por medio de la risa, de lograr un mundo más alegre, de ver sonreír a quienes están en dificultades.
Ese es Roberto Gómez Bolaños, “El Chavo del 8”.
–Si lo nombraran presidente, ¿qué sería lo primero que haría?
–Poss renunciar.
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